Regional, Nicoya

Adolfo Sáenz: el corresponsal que carga la Cruz de Oro

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Entre las 8 a.m. y 9 a.m. aparece en la Cruz Roja, no hay día que no vaya. Lo primero que hace es preguntar qué pasó en la noche anterior para generar un reporte a la oficina de prensa de la institución. Eso es una de las cosas que hizo hoy, al igual que lo hace desde 46 años atrás.

Adolfo Sáenz no es un tipo cualquiera para la Cruz Roja, por el contrario, es un hombre que merece respeto y así se lo ha hecho saber la institución; e el 2008 recibió el máximo galardón que otorga la entidad a sus asociados: la Cruz de Oro. Además de Sáenz, solo otros dos costarricenses tienen esta distinción en todo el país.

Con orgullo recuerda haber luchado por la construcción de la Cruz Roja en Nicoya, y por eso, la Ciudad Colonial se lo agradece, tan así, que la Municipalidad lo nombró como el mariscal del Festival de la Luz Nicoya Brilla.

Ariana Crespo - Para Adolfo Sáenz, la Cruz de Oro es el reconocimiento más importante de toda su carrera como voluntario.

De otra tierra

No es de acá, don Adolfo nació allá, en Cartago, justamente un 15 de mayo de 1940. Pero se siente más que guanacasteco, pues son más de 30 años los que tiene de vivir en Nicoya, junto su esposa Flori, quien sí es nicoyana.

En su provincia hizo el colegio. Llegó hasta tercer año para salir a trabajar, cosa que nunca le tuvo miedo. Laboró primero en un depósito de madera, luego en una fábrica de helados y en los años 60 entró a la Caja Costarricense del Seguro Social, sitio en el que se le abrieron las oportunidades con el paso de los años.

“Comencé a trabajar en aseo en la Caja y después pasé a auxiliar de enfermería, sin título, y ya después llegué a ser técnico de radiología. Yo en la Caja me fue pa’ arriba, hasta que me pensioné”, contó Sáenz.

Corría la administración del expresidente Daniel Oduber y en 1975 se inauguró el Hospital La Anexión de Nicoya. En aquel momento, Sáenz trabajaba como técnico para el hospital de Turrialba; sin embargo, pidió el traslado para venirse con su esposa, quien curiosamente la conoció en San José siendo nicoyana.

Se vino con sus tres hijos mayores y el menor nació en Guanacaste, quienes ahora le han dado la fortuna a “papito Adolfo” de ser abuelo de cuatro nietos y siete nietas.

Paralelo a su carrera en la Caja, siempre tuvo la chispita por la emoción de las aventuras, es por eso que el 1 de enero de 1970 comenzó a colaborar como voluntario en La Cruz Roja, lugar que considera como su mayor escuela.

“Me gustaba el servicio comunitario. Yo era socorrista voluntario,  aprendí primeros auxilios, de todo. Yo estuve en inundaciones grandes, en las avalanchas del Atlántico en el año 70. Estuve en el accidente de la Fuerza Aérea Nicaragüense en el volcán Turrialba. Es que en la Cruz Roja entre más servicios haga, más se prepara uno”, comentó Sáenz, quien actualmente tiene el cargo de capitán.

Buscando la foto periodística

Sáenz, además de tener atracción por el trabajo comunitario, tenía otro pasatiempo: la fotografía. Desde siempre le gustó, por eso decidió estudiar por correspondencia en la escuela argentina Modern School. Ahí aprendió los conceptos básicos de fotografía y revelado, que luego los implementaba en el cuarto oscuro de radiología.

Ariana Crespo - El corresponsal Adolfo Sáenz sostiene tres de sus herramientas de trabajo más preciadas: a la izquierda una cámara compacta digital que usa hoy en día. En su mano derecha una cámara análoga mecánica y colgando en su cuello una de 35mm con cuatro lentes.

Con 75 años de edad, Sáenz no para. No hay reunión o actividad cultural en la que don Aldolfo no ande con su pequeña Canon de bolsillo disparando fotos, no solo por gusto, sino porque también es parte de su trabajo.

Desde febrero de 1994 es corresponsal del diario La Extra, además de ser el vocero de la Cruz Roja de Nicoya y trabajar en prensa institucional de la entidad.

El ser comunicador es tan importante, porque ante la sociedad uno es don señor. Donde yo vaya, me acomodan”.

Pero la vida de Saénz no solo es  tomar fotos lindas. Hay un par de imágenes oscuras que guarda con tristeza. Por algunos años y por “tonterías de juventud” el alcohol se convirtió en un vicio que lo atrapó, hasta que una tuberculosis renal casi le cuesta la vida.  En ese momento tomó la decisión de cambiar y se unió al programa de Alcohólicos Anónimos, que le ha permitido tener más de 30 años  de no tomar ni fumar.

Hoy su salud está como la de un chiquillo de 15 años, que le permite andar para arriba y para abajo, con una agenda llena de compromisos.

«Muchas personas se pensionan y se quedan en la casa sin hacer nada, vegetando, ahí es donde vienen los problemas. Yo me pensiono y agarro mi camarita y a las 8:30 me voy y ando por todas partes. Algo sale siempre. El periodismo está en la calle«.

Por ahora, Sáenz se preocupa de tener listo su traje oficial de cruzrojista, para lucir sus mejores galas en el Festival Nicoya Brilla 2015, en el cual él será uno de los protagonistas retratados por una foto periodística para la eternidad.

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