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Balo Gómez: “Con Los de la Bajura, la gente empezó a pagar por un show de folclor”

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En el centro de Santa Cruz hay un pequeño estudio profesional de grabación con una  recepción color naranja y unos sillones verdes que aparentan los años setenta: el lugar tiene un profundo olor a cigarro que transporta a las noches bohemias de aquellos años.

La pared principal es muestra de que aquí se gestó un legado. De ella cuelgan premios de la Asociación de Compositores y Autores Musicales (ACAM) a la izquierda y, en el centro, publicaciones de diarios nacionales enmarcadas.

En este lugar y desde 1999, el músico y compositor guanacasteco Eduardo “Balo” Gómez  ha producido más de 25 discos para su agrupación, Los de la Bajura. Desde ese estudio —que lleva su nombre— logró que sus composiciones cruzaran las fronteras y que llegaran a países como Guatemala, México y Francia.

A pesar de que la grabación de sus obras es digital, Balo conserva los casetes y las cintas magnéticas en los que Los de la Bajura grabaron sus primeras canciones.

Con una seguridad y convicción envidiable, el santacruceño afirma que su música cambió y renovó al folclor costarricense y logró un concepto entre música y humor, con el que los costarricenses aprendieron a pagar por su show.

“A partir de Los de la Bajura es que en Costa Rica la gente empieza a cobrar por un show, antes nadie pensaba en cobrar. Los de la Bajura sembraron un mojón”, dice.

Detrás de su computadora Mac puede pasar hasta horas haciendo arreglos o creando música para alguno de sus shows para Los de la Bajura, agrupación con la que es capaz de llenar bares, parques o hasta teatros, como en julio del año pasado, que abarrotaron el Teatro Popular Melico Salazar en un recital conjunto con la Orquesta Filarmónica.

Mucho de eso se debe a su chispa, a su humor. Es pícaro, pero no chabacano. Tiene una gracia innata para contar historias e improvisar en el camino.  Uno podría pensar que esa comicidad es 24 horas, pero debajo del escenario es “un carajo muy relajado”.

En ocasiones puede ser serio y a veces hasta reservado con su vida. Tiene la voz gruesa, grave. Admite que el cigarro lo ha hecho más ronco, pero no lo ha dejado. Fuma Derbie Suave y aprovecha cualquier espacio de la entrevista para ir a fumarse un blanco y es justo en esos momentos en los que se le nota más cómodo para soltar una carcajada.

Santacruceño de cepa

El folclor en las venas de Balo no es por casualidad. Nació en 1966 en la ciudad de Santa Cruz, Guanacaste (conocida como la ciudad folclórica) y desde pequeño disfrutó el sonido de cada marimba y de cada frase de las retahílas que corrían por las calles del pueblo.

Ninguno en su familia fue músico. Su papá era comerciante y su madre maestra, pero desde los 10 años decidió estudiar guitarra en la Etapa Básica de la Universidad de Costa Rica. También pasó por la marimba, el piano y clases de composición.

La música siempre fue su pasión, pero eso no bastaba para sus papás. Al salir del colegio estudió administración de empresas con énfasis en mercadeo. Aunque nunca la ejerció, a la postre fue lo que le ayudó a visionar la música como un negocio.

El folclor era su género favorito, pero sabía que a la gente le aburría, así que quiso hacerlo más dinámico. “Y ¿qué mejor forma de divertir a la gente que con el humor?”. Fue así como en 1989 empezó a ensayar con sus amigos músicos con el nombre de Los de la Bajura.

El grupo fue tomando solidez y popularidad con los años. Balo, quien además de ser el director musical es el vocalista del conjunto, comenzó a contar algunas historias antes de cada canción, que al final siempre eran divertidas. El resto de la banda lo siguió en los cuentos y hasta comenzaron a musicalizarlos, dando forma a lo que hoy se conoce  como “quintólogos” (un monólogo entre cinco personas).

“Siempre fui un tipo bueno para hacer humor, pero sobretodo para contar historias. Yo no cuento chistes, yo cuento historias. Yo cuento cuentos de ciencia ficción”, dice el santacruceño.

Chircó, el otro lado de Balo

En la vida de Balo no todo es música. Desde chiquitillo le ayudaba a su papá en las labores de la finca y fue algo a lo que le tomó gusto. Ahora tiene una finca en Chircó de Santa Cruz a la que le dedica gran parte de sus mañanas. “Aquí siempre hay algo que hacer”.

No le tiene miedo al trabajo ni a la sobrevivencia. Desde que se separó de su esposa hace 15 años siempre se la ha jugado solo y hace de todo en la casa. A veces tiene la visita de sus hijos Pamela de 26 años y Eduardo Andrés de 22, pero por lo general vive solo con su amigo Ricardo, quien trabaja en la finca.

En la finca no hay guitarras, pues ahí Balo prefiere escuchar el sonido del campo, pero siempre anda cantando o silbando. “Decía mi tata que el que silba y canta su pena espanta, y decía mi abuela que algo esconde en su alma quien no silba o no canta”.

En su pueblo con todos se habla y a todo el mundo le sacas las risas, pero su franqueza no es bien vista para muchos. No tiene pelos en la lengua, así que a más de uno le ha soltado “las  verdades”, sin mucho tapujos.

No le gustan las series ni mucho menos las novelas, pues son muy largas, pero de vez en cuando sí disfruta de una buena película desde su cama. Tampoco es aficionado  al fútbol. Es liguista, pero “no pierde el tiempo viendo un clásico”. Los únicos partidos que no deja de ver son los de la Sele.

Lo que sí disfruta es escuchar música de a quienes admira como Juan Luis Guerra o la salsa dura que hacían las Estrellas de Fannia. Ahora, las escucha desde su computadora y no en acetato como cuando tenía 18 años y era dj del Diría Disco Club, en donde tenía al alcance de la música del momento.

Balo y sus cuentos

El trabajo de Balo no para. Todavía sigue produciendo música para Los de la Bajura y para su otra agrupación, La Orquesta Peseteao, pero ahora dejará sus historias en un libro de cuentos.

“Tallas criollas” es el nombre del libro que Balo publicará a finales de este año y que quiere que sean historias de la tradición guanacasteca. La tallas son todas aquellas historias que tradicionalmente se han compartido de manera oral y que están llenas de ficción.

También, no descarta asumir un reto como Ministro de Cultura, como dice él que le ofreció el excandidato a la presidencia Johnny Araya en las elecciones pasadas, aunque meterse de lleno en la política no es algo que le interese.

Por ahora, sigue trabajando en la producción de la Semana Cultural Santa Cruz donde tiene a cargo la coordinación de los espectáculos de más cien artistas.

En su teléfono lleva su nueva canción: “¿Qué te importa?”. Mientras la escucha, suelta una risilla sin dejar de ver la pantalla, como aprobando su propia composición. Desde esa imagen compruebo cómo disfruta lo que ha venido haciendo por más de 20 años y cómo lo seguirá haciendo por mucho tiempo más. Sin duda, la vida de Balo Gómez es un capítulo del folclor costarricense.

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