Regional, Cultura

Caciques y princesas de la historia guanacasteca

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El 25 de julio de 1824 es una fecha clave no solo para Guanacaste, sino para Costa Rica. Hace 193 años, el partido de Nicoya se anexó a nuestro país y, más que una porción de tierra, Guanacaste ha significado para Costa Rica un universo de historia, y tradiciones.

En este especial enmarcado en la Anexión, rescatamos algunos personajes chorotegas que han permanecido en el imaginario guanacasteco por cientos de años. Su influencia fue tan profunda que sus nombres perduran en cantones, distritos y poblados de la provincia: Nicoya, Nandayure, Curime y Nosara.

La Voz de Guanacaste consultó a historiadores, arqueólogos, lingüistas y folcloristas en busca de veracidad histórica; sin embargo, el consenso general entre los especialistas es que gran parte de la información sobre estos personajes proviene de la tradición oral y tiene un carácter fantástico.

Si bien existen referencias de caciques guanacastecos, como Nicoya, en los escritos de conquistadores españoles como Gil González Dávila, mucha de la construcción de estos personajes ha sido producto de la ficción.

El escritor costumbrista Carlos Arauz, oriundo de Nicoya, accedió a colaborar en este proyecto. Arauz aprovechaba sus giras de trabajo como ingeniero agrónomo para conocer sobre la cultura, el lenguaje y las tradiciones de su tierra. Ha escrito libros como Cosas de Guanacaste, Bombas y retahílas, Dichos y refranes guanacastecos, Comidas y bebidas guanacastecas, Cornizuelo y Güiscoyol.

Lo que encontrará aquí se basa principalmente en lo que se cuenta y se ha contado de generación en generación y no pretende tener rigurosidad histórica, sino ilustrar esas leyendas inspiradas en la fortaleza de un pueblo indígena que defendió a toda costa su soberanía frente al dominio español.

Nandayure

La princesa Nandayure era la heredera de una poderosa estirpe indígena. Su nombre está constituido por “nanda” (arroyo) y “yuri” (culebra, flor o pájaro), de modo que Nandayure significa “arroyo de la culebra, de la flor o del pájaro.

Dueña de una hermosura incomparable, Nandayure cautivó a Nicoyán (Nicoa), el último heredero y el  líde

r supremo de la Gran Nación Chorotega. Ambos iniciaron un apasionado romance pero Nicoyán se había enamorado de la mujer prohibida: el padre de Nandayure también era un poderoso cacique con el que tenía rivalidad. Para perjudicar a Nicoyán, se convirtió en aliado de un grupo de forasteros que venían de tierras lejanas a invadir a los chorotegas. Así, decidió ofrecer a su hija Nandayure como esposa a uno de los conquistadores españoles, don Fernán. Una vez que estos llegaron a tierra firme, se libró una sangrienta batalla y Nicoyán hundió su lanza en el pecho de don Fernán, hiriéndolo de muerte.

Luego de la feroz pelea, los chorotegas fueron vencidos por los europeos y Nicoyán, moribundo, se arrastró hasta una poza para beber agua. Allí, encontró también el cuerpo muerto de su amada Nandayure.

Juntos vivieron su amor y juntos encontraron la muerte trágicamente. Se cuenta que la princesa vigila y protege al cantón que lleva su nombre desde los 1.018 metros de altura del Cerro Azul, el más alto de la península de Nicoya.

Cacique Nicoya (Nicoyán o Nicoa)

Fue el último gran gobernante de la estirpe chorotega. El Cacique Nicoya era descendiente de los primeros chorotegas que llegaron a lo que hoy es Guanacaste y que conquistaron todos los pueblos que habitaban esa región, entre ellos a los corobicíes, de tradición suramericana. Era amo y señor de todos los pueblos chorotegas.

A su llegada en 1522, los conquistadores españoles encabezados por el capitán Gil González Dávila pudieron constatar la supremacía de Nicoya sobre otros caciques y su nombre perdura hoy en el cantón segundo de Guanacaste, un golfo y una península.

Con respecto al origen de su nombre, tradicionalmente se le atribuyen raíces de la lengua náhuatl, la que hablaban los aztecas, y su significado es “camino de los guerreros” o “maíz a un lado y otro”. Sin embargo, otros investigadores sostienen que es chorotega.

Nosara y Curime

Una de las playas más hermosas del pacífico norte costarricense recuerda a la bella  princesa Nosara. Cuenta una leyenda que Nosara, la hija del poderoso cacique Nicoa, estaba enamorada del joven Curime, hijo de un alto gobernante que vivía en un poblado cerca de Nicoya.

Nacaome, un feroz guerrero que vivía en la isla de Chira y gran rival de los chorotegas, estaba enamorado de Nosara, pero el cacique Nicoa no lo aceptaba. Para colmo, la princesa tampoco correspondía a su amor.

Durante una de las Fiestas del Sol (una de las más grandes celebraciones de este pueblo) se acordó realizar la ceremonia de unión entre la princesa Nosara y el joven Curime. Después del ritual que unió los destinos de Curime y Nosara y cuando el sol se estaba ocultando en el horizonte, de repente y sin aviso alguno apareció Nacaome con su gran ejército.

El despechado Nacaome tomó desprevenido al pueblo nicoyano que estaba reunido en la plaza mayor y muchos fueron víctimas de las lanzas y las flechas de sus guerreros. En medio de la escaramuza, los recién casados Curime y Nosara huyeron para resguardar sus vidas.

Nacaome no se dio por vencido y encabezó una persecución despiadada contra los enamorados, quienes lograron escabullirse varias veces de los guerreros que los seguían. Finalmente, los sorprendió en la playa que hoy lleva el nombre de la princesa. Jurándose amor eterno, los enamorados solo pudieron fundirse en un abrazo, ya que las certeras flechas de sus perseguidores atravesaron sin piedad los corazones de aquellos jóvenes amantes.

Otras versiones sugieren que antes de huir de su pueblo, Nosara logró recoger unas tinajas que contenían el jugoso tesoro de su padre y las escondió en la playa que la vio morir. Desde entonces, su alma se pasea por la playa al resguardo de un tesoro que nunca apareció, pero que se traduce en las maravillas escénicas del lugar.

¿Quiénes eran los chorotegas?

Este grupo cultural procedente del sur de Mesoamérica llegó y se instaló en  Guanacaste entre el 800 y el 1.350 d.C. El término Mesoamérica se refiere a la gran región cultural correspondiente a la mitad meridional de México, los territorios de Guatemala, El Salvador y Belice, así como el occidente de Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

En este período se produjo una gran inestabilidad política que obligó a varios grupos que ocupaban el sur de México (como chorotegas y nicaraos) a desplazarse hacia lo que hoy es Guanacaste”, explicó la arqueóloga Virginia Novoa del Museo del Jade.

La arqueóloga detalló que los chorotegas presentan diferencias culturales con los grupos originarios de la zona: “por su lengua, sus formas de enterramiento, el uso de iconografía, de dioses mesoamericanos en las vasijas de cerámica policroma” (de color).

Los chorotegas –también conocidos como mangues– no fueron los primeros pobladores de la actual Guanacaste, pero eran el grupo dominante a la llegada de los españoles, en 1522. La expedición estaba al mando de Gil González Dávila, quien participó también en la conquista de Nicaragua y Honduras.

Los chorotegas conformaban una sociedad estratificada, es decir, organizada en diferentes estratos. El nivel más alto de la jerarquía lo ocupaba el cacique y su élite mientras que el resto de la población cumplía funciones especializadas: chamanes (líderes espirituales), artesanos, guerreros etc.

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