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Conociendo a los jóvenes permaculturistas de Nicoya

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Dejarse llevar por la naturaleza y adaptarse para convivir con ella es la consigna de un grupo de jóvenes en la Esperanza Norte de Nicoya, quienes han implementado un sistema de permacultura y biodinámica.

Los hermanos Esteban y Felipe Víquez junto con Joel Vega, jóvenes de 20 a 23 años, llegaron desde Puntarenas y San Carlos para desarrollar un proyecto agrícola basado en los procesos naturales de producción. El padre de Vega había comprado una finca de 30 hectáreas en la Esperanza hace 10 años, y hace 2 años y medio decidieron que sería el sitio ideal para el proyecto.

Aunque no han estudiado la materia, han aprendido haciéndolo. “Nuestro aprendizaje ha sido viendo a otros como lo hacen… Estuvimos en Argentina y ahí compartimos experiencias”, dijo Vega. “Es algo práctico”.

La permacultura es un sistema de producción sostenible que toma en consideración la convivencia armónica entre las plantas, el hombre y los demás seres vivos, integrándolos al paisaje, ahorrando materiales y produciendo menos desechos, a la vez que se conservan los recursos naturales. Su creador, el australiano Bill Mollison, desarrolló la teoría de la permacultura – que es una contracción entre las palabras cultura y permanente- durante la década del 70.

En América Latina, se practica en Uruguay, Argentina y Chile pero en Costa Rica es una práctica incipiente, pues aunque se ha introducido la metodología en hoteles en la Península de Osa, Puerto Viejo y Guanacaste, la permacultura no se ha desarrollado a gran escala debido al factor económico, pues significa producir a mediano y largo plazo.

Estos jóvenes han desafiado las circunstancias y emprendieron el proyecto que implica algo más que permacultura y biodinámica; para ellos es una forma de vida creando una amistad con el ambiente. “El propósito de nosotros es introducir a los seres humanos al dinamismo de la naturaleza, que es sabia y no se equivoca”, asegura Vega.

Los tres se consideran “los jardineros del Edén”. Vega explicó, “La tierra es el Jardín del Edén, la naturaleza nos devuelve la vida y de los hombres depende dejarla vivir”.

¿Qué producen?

Cultivan toda clase de plantas: ornamentales, medicinales y para alimentos. Según Vega, la idea es crear un banco de semillas criollas y orgánicas para proveer a la región.

En este momento están produciendo yuca y camote con los que pretenden producir harinas, y algunas plantas como la sábila, con la que fabrican cremas y champús.

También producen carne vacuna, de oveja, y gallinas, además de leche de vaca y cabra. Crearon una granja de 2.800 metros cuadrados, cercada con maya para que las gallinas se desplacen libremente y se alimenten de insectos como complemento del maíz y hojas de chicasquil. La misión de las gallinas es la de actuar como “insecticidas” naturales además de producir huevos. Los jóvenes también producen miel silvestre en gigantescas colmenas, que pueden llegar a producir hasta 100 kilos de miel en carpetas.

Alineados con los astros y el suelo

La técnica que utilizan se basa estableciendo una relación entre los diferentes componentes biológicos del ambiente: “Nosotros nos guiamos por un calendario que nos pone en contacto con los astros, la luna y las constelaciones”, explicó Vega, “y eso tiene una influencia respecto del agua, fuego, tierra, y plantas”.

Así existen días especiales para cada tipo de plantas. Por ejemplo, si la producción está en la raíz, el calendario indica cuando el sistema planetario está inclinado hacia la raíz, o al tallo o a la flor y así sucesivamente. “El uso del calendario nos da total seguridad”, indicó Vega.

Otro de los aspectos que ellos toman en cuenta es que el suelo no pierda fertilidad. Para ello facilitan la sucesión natural y crean abonos biológicos y orgánicos con los mismos materiales de desecho y excremento de res y gallinas, a través de biofermento, el Biol, composta de lombriz y composta de estiércol.

Para evitar la erosión, utilizan curvas de nivel, de modo que el agua no arrastre los nutrientes.

En cuanto al control de plagas, ellos crean sus propios insecticidas. Por ejemplo para controlar la chincha del frijol hacen un compuesto de hojas de tabaco, chile picante y ajo.

Para controlar las temperaturas utilizan en el verano un sistema a la sombra y en el invierno a campo libre.

Poseen un biodigestor que produce gas natural para uso propio, y están preparando un sistema para producir energía hídrica con el caudal de las aguas del rio que pasa por la propiedad, a través de turbinas y un tanque de distribución. Con los excedentes de agua, crearán una pecera de tilapias, con el fin de producir fertilizantes que serán utilizados en las plantaciones de cereales como maíz y arroz.

Están haciendo preparativos para crear un mercado en playa Garza de Nosara, que esperan abrir en el mes de noviembre, para ofrecer sus productos al turismo de la zona.

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