Nicoya, Nosara, Sámara

La lucha de refugios en Nosara por salvar a los animales electrocutados

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En la que solía ser la cocina de Brenda Bombard hay una palangana repleta de mangos, tres pizarras acrílicas con tareas, horarios y responsables. En la sala, una decena de adornos de animales acompañan a la urraca Robin, que nos mira quieta desde su jaula.

Desde 1999, esta estadounidense y su esposo Randy le abrieron las puertas de su casa a animales heridos y a gente dispuesta a salvarlos. Viven en un apartamento en la misma propiedad en la que tienen el Refugio de Vida Silvestre de Nosara.

Brenda recuerda cuando llegó al pueblo en 1998.

Oímos tanto sobre lo increíble que era Costa Rica que se nos hizo fácil tomar la decisión de mudarnos. No había mucho cuando llegamos, todo era muy escaso, unas cuantas casas y una pequeña pulpería”.

En el patio hay unos 70 animales enjaulados que rescataron desde Sámara hasta Marbella. La gran mayoría son monos congos electrocutados.

 

Algunos podrán reinsertarse en el bosque en unos años, otros vivirán allí el resto de sus vidas. Aunque la idea es sanarlos para liberarlos, varios no sobrevivirían solos, como los monos que fueron utilizados en hoteles para entretener a los huéspedes, loras domesticadas, un pizote que quedó ciego tras un atropello o Robin, que no logra mantener la estabilidad por un problema en las patas.

Lo que Brenda había oído de Costa Rica es lo que el país le sigue vendiendo al mundo: que somos un país ecológico repleto de rincones paradisíacos. Pero hay una realidad paralela: el desarrollo urbanístico —en parte desencadenado por ese turismo que buscamos ferozmente— le roba y le fragmenta cada vez más el hábitat a los animales y les receta cables eléctricos que los deja calcinados en instantes.

Según la municipalidad, este es el distrito de Nicoya que más crecimiento urbanístico reporta en los últimos años. En el primer semestre de este año, el gobierno local recibió solicitudes de construcción por 15.700 metros cuadrados (m2), mientras en Sámara fueron 10.167 m2 y en Nicoya 7.584 m2.

En Nosara, hay otro refugio (Santuario Sibu) fundado por Vicki Coan. La veterinaria del santuario, Irena Villalobos, cree que el desarrollo sin control desencadena una masacre.

Lo que estamos perdiendo en animales es una cantidad exorbitante”.

Según los registros del refugio de Nosara, han atendido a casi 300 animales electrocutados desde el 2017 hasta junio de este año, pero a nivel país, nadie tiene cifras precisas de la cantidad de animales que mueren de esta forma. De hecho, los únicos registros son los que hacen los centros de rescate y algunas empresas electrificadoras que contabilizan las averías causadas luego de la descarga.

El veterinario del refugio, Francisco Sánchez, calcula que un 70% de los animales electrocutados mueren en el momento y, de los que rescatan, solo un 30% logran sobrevivir.

La mayoría de monos infantes quedaron huérfanos. Andaban colgando de sus madres cuando ellas recibieron la descarga más fuerte y a ellos igualmente los lastimó. Foto: César Arroyo Castro.

Hacerse cargo

En un espacio enrejado, 17 monos infantes andan lento en el suelo y entre algunas ramas, cuerdas y mesas. Como acaban de comer, tienen la energía calmada.

Sentada en un sillón cubierto por una sábana rosada, una muchacha sostiene dos de ellos. Durante las 24 horas del día, varias personas se turnan para vigilarlos, darles de comer y cuidarlos. Los trabajadores y voluntarios los llaman a cada uno por su nombre.

Estos monos están en la primera de cinco etapas que tiene el refugio. Los choques eléctricos suelen aniquilar a las madres en instantes y los infantes que cargan en sus espaldas también reciben descargas. Aquí deben enseñarles a los pequeños las habilidades que en principio estaban destinados a aprender en libertad. También les ayudan a formar la manada con la que serán liberados al bosque en unos cuatro o cinco años.

Los recintos tienen hojas, palos de bambú, cuerdas y otros elementos que los hagan acostumbrarse al bosque. En palabras del veterinario, se trata de enriquecimiento ambiental.

Buscamos hacer lo más parecido al bosque aquí adentro. No quiero que ande en el piso entonces le ponemos cosas arriba. Les enseñamos cómo colgar y cómo buscar su propia comida”, explica.

La última etapa es el recinto de preliberación. Lo hacen en San Juanillo de Santa Cruz, porque aquí no tienen espacio suficiente. “Ahí se acostumbran a la humedad, a la temperatura, a los sonidos y a otros animales”, cuenta el veterinario.

Los refugios subsisten con financiamiento internacional, con donaciones y con montos que recaudan a través de visitas guiadas, pero sin ayuda del Estado, que según la ley de protección al medio ambiente (de 1995) debería garantizar un hábitat adecuado para la fauna silvestre.

Sin embargo, tienen claro que rehabilitar monos no es la solución para el bosque. Por eso, han realizaron una campaña llamada “Stop the shocks” (Detengamos las electrocuciones) para sensibilizar a sus seguidores en redes sociales y recaudar fondos para comprar kits de materiales aislantes de la corriente. El ICE es un aliado en la colocación de los kits y de pasos de fauna. Según el veterinario, en cuatro años han instalado unos 30 pasos entre Garza y Santa Marta de Nosara.

El Minae publicó el año pasado una guía para reducir la electrocución de animales. Desde entonces, las compañías se volvieron más proactivas.

“Este es un tema que va en dos vías: hay una pérdida de biodiversidad, que es terrible, pero también las empresas tienen pérdidas cuando hay averías”, dice la directora del Refugio de Ostional, Yeimy Cedeño.

El grupo que construyó la guía retomó reuniones hace cuatro meses. “Queremos hacer una hoja de ruta para establecer prioridades, por ejemplo, conocer el número claro de cuántos animales se están electrocutando a nivel nacional”, explicó la bióloga del Minae Shirley Ramírez, quien coordina el grupo.

En el recinto de los infantes siempre hay un cuidador o cuidadora vigilando su comportamiento para saber qué habilidades deben fortalecer. Foto: César Arroyo Castro

Un esfuerzo local

Mientras todo Nicoya sigue creciendo sin un plan regulador, la muni prepara un plan de amortiguamiento temporal para controlar las construcciones en los cinco kilómetros de Nosara que colindan con el refugio de Ostional.

Brenda Bombard y su equipo hicieron sugerencias a la municipalidad para que incluyera reglas que obliguen a los dueños de construcciones a financiar el material aislante para los cables eléctricos. Sin embargo, según el ingeniero municipal Josué Ruiz, esas reglas no caben en el plan temporal.

En esto no tenemos facultades para regular el trabajo de las electrificadoras”, explicó.

Eso sí, Ruiz asegura que lo podrán hacer en el plan regulador, siempre y cuando haya documentación suficiente por parte del Minae y de los refugios para justificar estas medidas.

La lucha por salvar a los animales no termina para estos centros de rescate. Ahora el refugio está tramitando los permisos del Minae y Senasa para moverse a San Juanillo, 17 kilómetros al norte en el cantón de Santa Cruz, porque según valoraciones del veterinario, las construcciones dificultan la recuperación de los animales para volver a hábitat natural.

“El turismo viene aquí por la naturaleza, vienen a ver los animales, la playa, el bosque, ¿pero qué va a pasar [si no se previene la electrocución]? que en el bosque de Costa Rica no va a quedar nada”, se queja Sánchez. 

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