Nicoya

Crónica de la Anexión: el que grita más fuerte, ¿gana?

El presidente Carlos Alvarado baja del podio y a su paso salen los vicepresidentes Marvin Rodríguez y Epsy Campbell para abrazarlo. Son las 2 p. m. en el parque Recaredo Briceño que explota en aplausos. La primera dama, Claudia Dobles, le da un beso. Todo su equipo de trabajo da un paso al frente, y con él al centro de una media luna, se abrazan por la cintura, sonríen y saludan al público. La escena no se repetía con tanta pasión, tal vez, desde que Alvarado estaba en campaña. 

Así termina el segundo discurso de Carlos Alvarado como Presidente un 25 julio. 

Pero la algarabía no es gratis. Hace tan solo unos minutos, cuando estaba empezando su discurso, a Alvarado no le llovían los aplausos, sino los abucheos.  “Fuera, fuera presidente”, gritaban algunos sindicalistas a los pies de la tarima del parque.

“Me siento muy orgulloso de un país que logra poner en funcionamiento la planta geotérmica más moderna de la región”, decía Alvarado con la voz apagada por un micrófono descompuesto.  

Con la señal desesperada de su equipo a los técnicos para que subieran el volumen al máximo, el presidente también subió el tono, y continuó diciendo que se sentía orgulloso del trabajo “de un equipo que ha garantizado más de 14 inversiones de más de $400 millones para y por la provincia de Guanacaste”. 

La primera dama miró discretamente hacia un lado y hacia el otro y se levantó aplaudiendo ante la euforia incipiente de su marido. De repente, los aplausos del Ejecutivo se escucharon cada vez más y los abucheos de los sindicatos cada vez menos. El “fuera presidente” quedó sepultado.

Y entonces, como en una competencia de quién tiene más seguidores, Alvarado disparó con todo: “¡A los que nos detienen no los vamos a dejar que nos detengan! ¡Que viva la Anexión, que viva Guanacaste, y que viva, que viva, que viva Costa Rica!”. No hizo falta más volumen. Ya eran suficientes los gritos con que el Presidente emitía las frases y los ademanes con los que parecía martillarlas. 

En la tarima, el equipo se miraba con ojos de “esto lo ganamos”. Inmediatamente inició la banda municipal de Nicoya y la mayoría de presentes en el parque asumieron que el acto había llegado a su fin. Era el punto final perfecto para una lucha de gritos y poderes, como una metáfora a escala de la Costa Rica de los últimos dos años. 

Los manifestantes, en su mayoría del APSE, tomaron las calles de Nicoya desde las 8 a. m.

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En Nicoya teníamos varios años de no ver protestas con chiflidos y abucheos un 25 de julio, pero el parque poblado de sindicalistas desde muy temprano en la mañana auguraba un escenario muy distinto para hoy. 

La jornada del Ejecutivo empezó a las 8 a. m. en Coopenae, con la entonación habitual de himnos y motivaciones. Sofía Angulo, una estudiante de noveno año del Liceo de La Esperanza de Nicoya, le contagió la energía a muchos con sus reclamos al gobierno, fundamentados en datos y hechos que mostraban el rezago de la reconstrucción de escuelas luego del terremoto de Sámara en el 2012 y el mal estado de las calles en toda la bajura.

Después vinieron los discursos de diputados y jerarcas. Welmer Ramos, del Partido Acción Ciudadana (PAC) habló con vehemencia sobre sus esfuerzos para mejorar las condiciones de endeudamiento de los ticos; Luis Antonio Aiza le reclamó a Carlos Alvarado que el PAC no hubiese apoyado el plan fiscal del Gobierno de Laura Chinchilla, hace casi diez años; la presidenta ejecutiva del Servicio Nacional de Riego, Agua y Avenamiento (Senara), Patricia Quirós, prometió que el proyecto Paacume continuaría, pese a estar detenido en la Sala Constitucional (por un recurso de inconstitucionalidad que presentaron dos finqueros representados por el exdiputado Otto Guevara). “Tenemos 12 profesionales que están trabajando en las recomendaciones que nos hizo Setena”, dijo la jerarca en medio de los primeros aplausos espontáneos de la mañana. 

Todo parecía puesto en su lugar. A media mañana, Carlos Alvarado recibió un pequeño quijongo y le prometió a la profesora de música Karol Cabalceta que tomaría clases en el 2022. Todos se rieron suavecito. Otros habitantes del podio mencionaron a la Iglesia de San Blas y al Mercado Regional Chorotega como dos de los grandes logros de este gobierno (y de hecho, prometidos en los discursos del año pasado).

Como cada año, al consejo de gobierno lo siguió una conferencia de prensa en la que el Presidente, ahora sí, empezó a encender las turbinas, cuando los periodistas insistieron en preguntarle sobre la salida de Rodolfo Piza como Ministro de la Presidencia y otros temas nacionales. 

Estamos impulsando 2.000 muchachos para que tengan bilingüismo acá en Guanacaste y me preguntan que si apoyo baños neutros o no, o que si la ideología de género arriba o abajo. Es como una realidad bizarra”, reclamaba el mandatario, mientras afuera también se encendía de a pocos la euforia de los huelguistas de la Asociación de Profesores de la Segunda Enseñanza (APSE). 

Entre los discursos, las actividades culturales apaciguaron los ánimos de jerarcas y asistentes.

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Una vez en el parque, los jerarcas se acomodaron en la mesa. A un extremo, Marco Antonio Jiménez, alcalde de Nicoya. Al otro, Luis Antonio Aiza, diputado por Guanacaste. Las dos fuerzas del Partido Liberación Nacional en el cantón tienen en medio a la coordinadora de la región Chorotega y primera dama Claudia Dobles, al Presidente Carlos Alvarado y al presidente del concejo de Nicoya Saúl Cárdenas. 

En las filas de atrás se sentaron ministros y jerarcas. A alguno le ganó el sueño y cerró los ojos pese a todo el esfuerzo por no quedarse dormidos en medio del sopor de medio día. En la tarima hubo bailes típicos, retahílas, reconocimientos culturales y varios discursos de políticos. 

También hubo abucheos para Luis Antonio Aiza durante su discurso. En cambio, el alcalde de Nicoya, Marco Jiménez, recogió aplausos y ovaciones de los manifestantes. “Los educadores costarricenses son el ejército de paz que tiene Costa Rica”, decía, y lo sentenciaba con el puño cerrado. “Vengo a decirles que me quito el sombrero frente a ustedes y que respeto la lucha que han dado en favor del pueblo de Costa Rica”, agregaba mientras alzaba con los brazos los aplausos y gritos de aprobación de los sindicatos. 

Pasó más de una hora hasta que Alvarado se subió al podio. 

“Fuera presidente”, gritaban algunos que se ubicaron junto a los manifestantes de la APSE, mientras Alvarado enlistaba los proyectos inaugurados durante su gira por Guanacaste. 

“¿Por qué se manifiestan?”, le preguntamos a algunos participantes de la APSE. 

“Está de más cualquier comentario que haga. Estas manifestaciones le darán la respuesta”, dijo uno, mientras sostenía un cartel con la leyenda: “Si en algún momento eduqué un abogado, un médico u otro ladrón que esté en la política. Le pido un millón de disculpas a mi país”.

El líder sindical, Adic Alvarado, dijo que las protestas del sindicato tenían que ver con proyectos de ley como la declaratoria de la educación como servicio esencial, el del salario único y el de la educación dual. 

“El Partido Acción Ciudadana tiene al menos nueve diputados en la asamblea. Si hubiese voluntad política por parte del Ejecutivo, aunque no son los que hacen la ley, podría a través del jefe de fracción que tiene ahí redireccionar los proyectos o archivarlos”.

Cerca de él, dos mujeres del público discutían acaloradamente desde los dos bandos. Una defendía al gobierno y la otra a los sindicatos. 

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El gabinete de Carlos Alvarado se levantó a abrazarlo luego de su discurso.

A las 2 p. m., a Alvarado se le hace difícil salir de la tarima. Da un paso y se encuentra un  abrazo, da otro paso y se topa con un apretón de manos. No importa que el discurso se le quedara a medias o que no haya logrado hablar de las típicas promesas que hacen los mandatarios para la provincia, año con año. El Ejecutivo celebra como si todo hubiese sido planeado así. 

Ya en la acera, la Fuerza Pública le abre el paso con barricadas de metal. De un lado, dos señoras le dicen: “Un saludo presidente”, y le extienden la mano. Del otro, unos cuantos manifestantes le gritan “¡traidor!”, como una metáfora a escala de la polarización que sufre el país desde las elecciones en el 2018. 

Antes de subir al carro que lo sacaría del calor del pueblo y de la gente, un periodista le pregunta por qué se emocionó tanto durante el discurso: “Creo que es que todavía no he almorzado, entonces tenía un poquillo de hambrilla”.

 

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