Turismo

Cuando la playa, la paz y la pureza se unen en un mismo pueblo llamado Corozalito

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No fue ninguna agencia de publicidad ni ningún consultor de marketing el que creó el eslogan de Corozalito: Pueblo, Playa, Paz y Pureza. Ese descriptivo de las cuatro P nace de sus pobladores, quienes describen de la mejor forma a ese místico sitio que tiene una armonía que en pocos lugares de Costa Rica se percibe.

Corozalito está ubicado entre la playa Punta Islita y Playa Bejuco y  alberga una belleza virgen, de la que muy pocos ticos y extranjeros conocen de ella. Su diseño urbanístico es igual a la de mayoría de pueblos de este país: una iglesia– que parece sacada de la pradera de Heidi una plaza y varias viviendas alrededor de ella.

Unas 140 personas viven en el pueblo y la mayoría se dedican al turismo, trabajando en otras playas vecinas como Islita, en donde hay mayor cantidad de hoteles y empleo.

Para ir a la playa, desde el centro del pueblito, se debe pasar por una pequeña calle bordeada de vegetación y en el final de su camino, se vislumbra un árbol solitario. Desde esa escena fotográfica, hay una garantía de que la playa tiene un paisaje estupendo. La playa de Corozalito está rodeada de palmeras y mesas de madera, el agua de mar es limpia y se puede ver la Bandera Azul Ecológica ondeando en una de las entradas lo que significa que cumple con altísimos estándares de calidad.

Para mantener estos altos parámetros, Juan Gabriel Viales, vicepresidente de la Asociación de Vecinos de Corozalito, asegura que casi todos los domingos se reúne la comunidad, para trabajar en la limpieza.

“Los domingos involucramos a todo el pueblo, hasta los niños. Hacemos una comidita, compartimos y nos ponemos a limpiar la playa. También estamos haciendo mesas, para que los turistas tengan donde sentarse y disfrutar de esta playa”, explicó Viales.

Las olas de Corozalito también son buenas para el surf y con el plus de que la playa es tan privada, que los surfos no corren el riesgo de chocar unos con otros en el mar. Tal es el caso de Alejandro Quirós, vecino de San Carlos, quien aprovecha sus fines de semana para escaparse en este paraíso.

“Me encanta surfear en esta playa porque no hay gente. Las olas no son muy bravas, pero sí tienen sus olas fuertes. Hay días que las olas no están tan buenas, pero hay días que si usted las logra, son realmente increíbles”, comentó Quirós, quien descansaba en una hamaca luego de la sesión matutina.

Como parte de su belleza natural, durante los meses de julio a diciembre Corozalito tiene arribos de tortugas loras y negras, las cuales son salvaguardadas por vecinos de la comunidad y voluntarios de la organización Pretoma, que se dividen los días de la semana para vigilar que no se roben los huevos.

Pero no solo atrae la belleza natural y el surf, sino también los lazos sociales dentro de esta comunidad. A raíz de la visión del pueblo de fortalecer el turismo rural, en el que todos los vecinos se desempeñan en diferentes servicios, se fundó desde hace unos años el proyecto Bosque Mar, que reúne a artistas locales de la comunidad. Según Leticia Vázquez, integrante de Bosque Mar, la idea es generar piezas de arte originales con materiales reciclables, jícaras, residuos del mar, entre otras cosas.

“Lo que queremos hacer es darle valor a lo propio y retomar nuestra identidad. Aquí tratamos de no estar copiando nada y hacemos piezas originales. Estamos tratando de cambiar la mentalidad– ya no somos simples artesanos, somos artistas”, dijo Vázquez.

La comunidad vive su día a día siempre unida, sea para mejorar su pueblo o para recibir al turista como también cuando la certera presencia de la muerte ronda el pueblo. Corozalito está tan amalgamada que cuando uno de sus miembros fallece, la dinámica diaria se quiebra por completo. En mi visita, presencié un funeral en el que todos los vecinos pusieron dinero de su parte para que los familiares no tuvieran que verse en necesidades económicas con los gastos.

Regresamos a Nicoya con ganas de volver de Corozalito. Queríamos conocer mejor a su gente, escuchar sus historias, beber café en la playa al amanecer, cenar con extraños que se sentían amigos de siempre. 

¿Quiere visitarlo?
Para llegar: Corozalito cuenta con una pista de aterrizaje en la que llegan todos los días vuelos de Nature Air a las 10 a.m. y 2 p.m. Vía terrestre puede llegar desde Sámara, pasando por Punta Islita, pero sólo en el verano cuando los ríos están bajos. Si quiere ir en época de lluvia debe bajar por Nandayure y caer a Playa Bejuco, para así llegar a Corozalito.

¿Dónde comer? Soda Yorleny recibe grupos turísticos y prepara desayunos y almuerzos con la maravilla del sabor a leña.  Para reservaciones, puede llamar al 2655-6247 ó  8871-1615. También hay pulperías y un supermercado.

¿Dónde hospedarse? Además de que la playa tiene una plazoleta que funciona como zona de camping gratuita, usted también puede hospedarse en las Cabinas Corozalito, que cuenta con piscina y sala de juegos. Estas tienen cabinas de seis y de ocho personas a un recio de $20. Para reservaciones, puede llamar al 2655- 8025. Para familias más grandes están las cabinas Cocomar, con espacios para diez personas, las cuales tienen un precio de ¢50.000 (temporada alta) y se pueden reservar al número 8804-4909.

Guía local: Juan Gabriel Viales al 8804-4909.

 

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