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Cultivo de caña crece en Guanacaste pero beneficia a menos productores

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Oscar Fernández es un guanacasteco que produce caña desde hace 30 años en unas 46 hectáreas de terreno en Filadelfia. “Soy un afortunado”, dice él, pues tiene su propia maquinaria y los bancos le han dado crédito para seguir produciendo.

A diferencia de muchos de sus colegas, él no ha tenido que ceder a las presiones económicas y tecnológicas que los alejan de la producción de caña.

En la provincia, los productores de caña más pequeños van desapareciendo conforme otros más grandes van ganando terreno: solo entre el año 1973 y el 2014, la provincia perdió 20 productores, en promedio, cada año.

Sin embargo, la siembra del producto creció de forma ininterrumpida desde por lo menos los años 50´s. En los últimos 60 años, la caña pasó de abarcar unas 1.323 hectáreas de terreno guanacasteco a más de 35.700 en el 2014.

Según los especialistas consultados, esto se debe a la incorporación de la tecnología en los procesos de siembra y recolección, así como la creación de iniciativas y políticas por parte del Estado que han favorecido a unos pocos dentro del sector.

Como consecuencia, los productores que sobreviven se apoderan de cada vez más tierra. Mientras en 1950 cada productor tenía en promedio unas 1,2 hectáreas; para el 2014 el promedio de tenencia por persona era de 48 hectáreas.

Así se desprende de un análisis realizado por La Voz de Guanacaste con base en datos de los censos agrícolas de los últimos 40 años y varios estudios de la Universidad de Costa Rica.

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“Nosotros los productores lo vemos así: los ingenios están acaparando las tierras, se dejan las mejores, las de mejores condiciones, entonces el pequeño productor queda en manos de los ingenios y le va mal”, dijo Óscar Fernández.

Tecnología: un bien y un mal

Guanacaste hoy es la mayor zona productora del país: si la extensión cubierta fueran canchas de fútbol, la caña consumiría más de 50.000 canchas juntas. Pero eso no siempre ha sido así: esa hegemonía se ha tejido de forma paulatina.

La “migración” de la caña del Valle Central —región donde predominaba más el cultivo en 1973— a la provincia del Pacífico Norte se explica en primer lugar por los suelos planos y por las condiciones climáticas favorables para el cultivo.

Pareciera mentira, pero en aquella época la provincia tenía mayor disponibilidad de riego que el Valle Central, pues el agua venía del río Tempisque y del Distrito de Riego Arenal Tempisque.

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Estas condiciones permitieron una aplicación de mejores prácticas agrícolas, una mayor innovación y uso de la tecnología, explicó el director Ejecutivo y de Comercialización de la Liga Agrícola Industrial de la Caña de Azúcar (LAICA), Edgar Herrera.

La caña no solo se expandió por la provincia, sino que su producción se intensificó: la tecnificación en los procesos  permitió sacarle más provecho a los espacios sembrados.

Pero esa tecnología solo fue una aliada de los grandes productores y no de los pequeños.

“Un productor pequeño no puede mantener económicamente las grandes máquinas. La mecanización del cultivo baja los costos y mejora el rendimiento, pero a grandes volúmenes. En menor escala los costos se vuelven muy altos y se recoge muy poco”, explicó el investigador de la UCR, Nelson Arroyo.

Al mismo tiempo, políticas estatales hechas a la medida de las grandes corporaciones azucareras de Guanacaste, terminó de completar el panorama en detrimento de los más pequeños.

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Así lo propone una investigación desarrollada por el Instituto de Investigación de Ciencias Económicas de la UCR, que explica cómo históricamente un número reducido de fincas de tamaño grande y muy grande se fueron organizando como empresas integradas verticalmente, produciendo caña e industrializándola en ingenios.

“Este nivel de integración dio ventajas económicas a dichas empresas, al controlar todas las fases de producción”, cita el documento. Eso fue justamente lo que pasó con ingenios de gran tamaño como El Viejo, Taboga y CATSA.

Jorge Marchena, profesor e investigador de la universidad explicó, además, cómo estas grandes corporaciones lograron acceder a créditos diferenciados, en algunos casos, por mantener relaciones políticas con los políticos de cabecera de ese entonces (años de 1970).

“Es claro que Taboga se fundó con el apoyo del Estado. En este caso, es muy posible que las familias Sánchez y Arias contaran con suficiente influencia como miembros de las élites heredianas, como para conseguir el favor estatal y obtener créditos subsidiados”, se lee en la investigación “El nacimiento de las corporaciones azucareras en Guanacaste 1890-1970”, realizada por Marchena.

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