Turismo

Descubriendo Playa Naranjo, una de las últimas playas desiertas de Guanacaste

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El bosque tropical seco del Parque Nacional Santa Rosa tiene una vena empedrada que lo atraviesa hasta llegar a Playa Naranjo, una de las últimas playas de la provincia en las que se puede girar 360 grados sin encontrar ni un rastro de construcciones o edificios.

En la entrada que lleva al camino, un rótulo de madera tienta a los choferes aventureros y también a los incrédulos, advirtiendo que quien baje por allí con su carro, lo hace bajo su propio riesgo. “Ahí adentro no hay ni señal. Si se quedan botados, tienen que esperar a que pase alguien que les ayude”, suelen decir también los guardaparques en la entrada al sitio.

La primera vez que estuvimos allí, pensamos que quizás no era tan grave: “De todas formas este carro aguanta”. Una vez recorrido el primer tercio del camino, se nos acabó la tentación y la incredulidad; el camino es como un río seco o un volcán sin actividad, lleno de piedras y cráteres.

Vista panorámica de Playa Naranjo.

 

La segunda vez fuimos con un experimentado conductor de caminos en condiciones irregulares, dueño un 4Runner modelo 97 al que le gusta jugar de parque de diversiones.

Dentro de él rebotamos durante una hora (con otros choferes menos experimentados puede ser más tiempo) hasta llegar a este pequeño pedazo de paraíso escondido en el que los venados andan por ahí caminando libremente.

El solitario

“Los venados están acostumbrados a los turistas”, nos dice el guardaparques Minor Barrantes, recostado sobre una hamaca.

Los venados son amigos de los pájaros y los turistas en el Parque Nacional Santa Rosa.

 

Esta es una de las pocas ocasiones en que logramos verlo descansando. Minor vive y trabaja solo durante 15 días aquí, en una cabaña que fue reconstruida por voluntarios, él y otros guardaparques. Después de dos semanas de trabajo, descansa diez días en su casa y vuelve a retomar la rutina.

Él mismo se encarga de controlar el ingreso de los visitantes según la cantidad de agua disponible, hacer guardias nocturnas para regular el ruido, enfrentarse a los cazadores, encender el bombeo y monitorear el nivel del agua, vigilar que no hagan fogatas y hasta cobrar el ingreso al campamento, que es de 3.000 colones por persona por noche para nacionales y $19 para extranjeros.

Minor es un “soyla” entregado y encantado con su misión como guardaparques y eso se nota cuando se le ve conversando con los visitantes en confianza, como un amigo de años. “Yo disfruto esto. Adentro de una oficina me volvería loco”.

El desierto

Ser una playa desierta con una peña gigante incrustada en el mar a la que le llaman “Bruja” es bastante sexi. Hoy, segundo sábado de febrero, esta combinación irresistible atrajo a más de 70 personas, muchas de ellas surfistas en espera de unas olas que nunca aparecieron.

Aunque no es época de anidada, descubrimos una tortuga lora en su camino hacia el mar durante la madrugada.

 

Aunque el campamento tiene espacio para más personas, hoy el nivel del agua llegó a su límite más bajo así que Minor llama a sus compañeros para que detengan el tránsito hacia la playa.

El agua lo define todo. En época seca se agota más rápido pero es el periodo del año más recomendable para bajar, porque el camino es un poco más accesible. De setiembre a diciembre, que son los meses más lluviosos, el trecho suele estar deshabilitado y hasta es peligroso entrar.

Quizás por ello estar acá, sentados en las arenas pálidas de esta playa sin edificaciones ni carreteras, se siente como un pequeño triunfo.

De hecho, es un triunfo de la conservación. En los años 60, Naranjo todavía era parte de las Haciendas Santa Rosa, dedicadas a la extracción de sal, de madera y tenencia de ganado. Allí vivían unas 40 familias que se reubicaron fuera de los límites del área de conservación, según explica el sitio web del Área de Conservación Guanacaste.

De hecho, la única edificación en la playa es la casa de los guardaparques y es una de las antiguas viviendas de estas familias.

Ahora, esta mezcla de manglares con esteros, bosque seco, tres senderos, playa, cocodrilos, jaguares, mapaches y venados es un ejemplo vivo de lo que puede suceder cuando la naturaleza desplazada retoma su lugar en el mundo.

Datos útiles:

  • Transporte público: el bus pasa a 18 km de Playa Naranjo. Si va a ir en bus, tendrá que caminar.
  • Hay tres senderos para caminar.
  • No tiene agua potable, solo para bañarse.
  • Lleve su comida. No hay pulperías ni supermercados cerca.
  • Hay muy poca señal celular.
  • Lleve gas o carbón para cocinar, no puede hacer fogatas.
  • No hay luz eléctrica en el área de camping.
  • Siempre hay un guardaparques en el sitio.

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