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Editorial: El refugio que nació torcido

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Cuando un proyecto nace torcido, es difícil enderezarlo. Cuando en 1983 se decretó la creación del Refugio Nacional de Vida Silvestre Ostional, no se tuvo en cuenta que habían familias viviendo dentro de él desde mucho tiempo atrás, ni tampoco se contempló que habían pobladores que tenían lotes con títulos; fue allí que el proyecto nació torcido.

No hay duda que se debía -y todavía se debe- proteger a las tortugas marinas que llegan al Refugio Ostional. Éste es uno de los pocos lugares en el mundo al que las tortugas lora arriban en cantidades masivas para poner huevos, y es fundamental para la vida del océano en general y para las tortugas en particular, a las que hay que asegurar su ciclo biológico.

Sin embargo, el gobierno de ese momento se olvidó de tomar en cuenta un punto sumamente importante: la gente que había nacido y se había criado ahí. Muchos de ellos tenían permisos de concesión de las alcaldías que regulaban los 200 metros de la zona marítima terrestre, otros simplemente se instalaron y armaron sus casitas. Nadie se imaginó que eventualmente estarían dentro de una zona protegida. Pero así fue.

El tiempo pasó, la gente que estaba dentro del Refugio desde antes de su creación se quedó allí. Otros más, muchos más, llegaron después y el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae)— entidad con autoridad para regular las actividades dentro de los refugios nacionales— manejó la situación permitiendo la permanencia de las personas que estaban ahí, y la verdad, no siendo muy proactivos en evitar que más personas llegaran también al refugio, se instalaran y construyeran sus hogares.

Parecía que todo estaba bajo control, al menos para los habitantes del refugio que durante todos esos años buscaron una manera de convivir con su situación. La comunidad de Ostional se organizó junto Minae y la Universidad de Costa Rica (UCR) para comprender mejor cómo es la relación entre las tortugas y los pobladores, y de qué manera se pueden ayudar entre si. Se hicieron estudios científicos que demostraron que sí es posible la interacción positiva entre ambas especies. Hoy en día Ostional recibe hasta 250.000 tortugas en tres días de arribada y la comunidad puede explotar una parte de los huevos que se perderían de todas maneras.

Pero en el 2009, la situación cambió a raíz de un pronunciamiento de la Sala Constitucional. Por primera vez se aclaró  que el refugio es efectivamente Estatal, que no deben haber concesiones, permisos ni construcciones. Pero también se especificó que no se debe echar a nadie del refugio hasta que no se apruebe una nueva ley en la Asamblea Legislativa, donde se regule de manera legal la permanencia de las personas en el refugio.

Han pasado 6 años desde ese pronunciamiento y no hemos visto esa ley de la que habló la Sala Cuarta.  Lo que sí hemos visto ha sido una moratoria decretada en el 2010 para evitar los desalojos mientras se resolvía la situación de Ostional, pero la moratoria expiró en septiembre del 2014 sin lograr avances. También vimos pasar el proyecto de ley de Territorios Costeros Comunitarios, pero fue rechazada para Ostional por la misma Sala Cuarta, por no considerar esa zona como Refugio.

Sin embargo, este mes de noviembre nos encontramos con un giro brusco de acontecimientos: vimos de cerca lo que significa esta falta de acción por parte de la Asamblea Legislativa para los habitantes de Ostional. El Ministerio de Justicia resolvió aplicar la ley con mano dura: para aquel que construya o repare un edificio dentro del Refugio Ostional habrá demolición y prisión.

Y entre este remolino de decretos y proyectos, de cumplimiento e inacción de las leyes, surge un joven proyecto de ley que busca que el Refugio sea de uso Mixto y no sólo Estatal.

No discutiremos aquí si el proyecto es bueno o malo, porque necesitaríamos de otro editorial para analizarlo, pero lo que sí podemos decir es que, de ser aprobado ese proyecto en segundo debate— algo que probablemente no sucederá en el corto plazo si tenemos en cuenta el “tortuguismo” que caracteriza a la Asamblea Legislativa—, los habitantes del Refugio Ostional dejarán de ver cómo sus casas se deterioran sin poder arreglarlas.

Señores diputados: la falta de acción tiene consecuencias que se salen del papel y toman la cara de familias enteras que están a la espera. Es hora de dejar de dar vueltas e ir directo a lo que se necesita. Trabajen juntos el nuevo proyecto de ley, inviten a las fuerzas vivas de Ostional, Pelada y Guiones a participar, y sobre todo, ordenen con claridad la situación del Refugio de Vida Silvestre Ostional.

 

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