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Editorial: ¿Por qué pagamos dos veces por obras comunales?

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El día a día y las presiones de la casa, los hijos, el trabajo y la vida en general, nos convierten en ciudadanos olvidadizos. Quizás olvidar no es el verbo indicado, porque a veces ni siquiera nos damos cuenta de lo que pasa en nuestras comunidades, e ignorarnos que hasta podemos llegar a pagar el doble en una inversión pública.

El próximo mes de febrero el Mercado Nicoa, conocido antes como Mercado de las Guayabitas, cumplirá un año de inaugurado. En aquel momento la Municipalidad de Nicoya invirtió ¢73 millones en dicha obra, de los cuales ahí hay dinero suyo y mío.

Pero a un mes de cumplir su año de inauguración, el inmueble ya presenta daños graves. Los aguaceros de los meses pasados se trajeron abajo gran parte del cielo raso y ya hay puertas en mal estado, entonces ahora hay que invertir más plata para repararlo.

Esa plata de más que hay que volver a pagar, la pagamos todos, pues la pagamos cuando pagamos los impuestos municipales como el de la renta o cuando al tener un negocio propio se pagan patentes comerciales, de licores y otras cosas que le pagamos a la muni.

Los impuestos son necesarios, pues sin duda, las municipalidades tienen una gran cantidad de compromisos con las comunidades que deben solucionar y solo lo pueden hacer con recursos, y también generar espacios como el Mercado Nicoa que alberga a más de 50 productores, quienes son importantes para el desarrollo del cantón.

Pagar impuestos no duele, lo que duele es ver cómo se mal gasta la plata y luego el pueblo tiene que pagar el doble.

Esta situación  no solo pasa en Nicoya, también lo vimos este mes de agosto en Santa Cruz, cuando el Mercado Central a menos de un año de haberse remodelado tenía desprendimientos de tablillas en el cielo raso, que crearon huecos enormes. En ese caso, los santacruceños invirtieron ¢18 millones en la remodelación, que se esfumaron con el viento que desarmó el techo.

Tampoco se trata de solo señalar a las Municipalidades, pues desgraciadamente publicamos otro caso similar en febrero en donde La Voz de Guanacaste constató que la  gran mayoría de las láminas, principalmente las que están colocadas sobre los pasillos que comunican a los pabellones de la Escuela Leonidas Briceño, que se encontraban  reventadas y  descolocadas con la amenaza de caer al pasadizo, también a un año de haberse construido.

El acostumbrarse a pagar doble no debe convertirse en un mal hábito. Las iniciativas por proyectos comunales y las necesidades de los pueblos son inmensas como para malgastar el dinero. Guanacaste no merece que se desperdicie lo que tanto cuesta tener.

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