Regional, Nicoya

El pequeño veterano al que todos llaman Gasparín

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Es bien pequeño, tiene barba larga y canosa, carga un palo de madera, casi nunca saluda y tiene cara de gruñón. Una descripción perfecta para un personaje que podría dar miedo y ser temido por los niños; sin embargo, como una cebolla que hay que abrir capa por capa para llegar al fondo, Gasparín esconde la figura de un abuelo simpático, coleccionista de mil historias y refranes.

Aunque nunca ha sido una estrella del rock, ni una celebridad de la televisión, Gasparín es uno de los hombres más conocidos en Nicoya por su singular fisionomía, su labor en la Municipalidad y por andar la seca y la meca en las calles de la Ciudad Colonial.

La pregunta de rigor con este personaje nicoyano es ¿por qué le dicen Gasparín?

“Hubo una novela que no me acuerdo. Gasparín le decían a un cuñado mío, por chiquitillo. Y de un momento, Gasparín, Gasparín, y me decían así, por un carajo que salía en la novela. Aquí nadie me conoce por mi nombre, solo por Gasparín”.

Desde el principio

Su nombre de pila es Justo Gómez Gómez y el próximo 3 de abril cumplirá 80 años de edad– aunque pide ayuda a su hermano Willmer para que le recuerde el dato.  Es nicoyano y formó parte de una familia de 15 hermanos, de los que ahora solo quedan tres.

“El viento dejó solo a tres. Yo tuve que dejarme la barba para que la muerte me viera feo y me dejara”, dice Gómez entre risas.

Quizás su memoria falla en algunos pasajes de su vida, pero en otros puede ser más exacta que la hora del Big Ben. Tan es así, que minutos antes de la 3 p. m. – hora pactada para la entrevista. ya se encontraba sentado y con sombrero puesto, afuera de la casa de su sobrino, a la par de Bobos Burger, en el Centro de Nicoya. Aunque todos piensan que vive ahí, solo llega por su “bocadito”.

“La vida de nosotros fue dura, no fue jamón. No fue como esos que andan ahora con patineta pa’ arriba y pa’ abajo. Nunca anduvimos de vagos”, dice Gasparín, al empezar a hablar de su vida.

Nunca se casó, pero mujeres no faltaron. Gasparín es padre de tres hijos. Uno de ellos murió a las 18 años por una embolia. “Eso me dolió mucho. El carajito estaba jodido de la jupa y fue muy duro su muerte”.

Su hija mayor, Ellen Sandino Gómez, supera los 40 años y ya le ha dado dos nietas y dos bisnietos. El menor de Gasparín (Yandel Gómez) irá a segundo grado este año y es uno de sus consentidos, pese a que su nacimiento estuvo rodeado de escándalos y problemas legales, porque su madre era menor de edad; sin embargo, salió librado de aquel lío y asegura que cada quince días le entrega su pensión.

De joven trabajó en tareas de campo,  recogiendo café, cortando milpa y leña y cualquier otro fruto que hubiera de temporada. También, por ahí de sus veinte, administró una cantina en Puntarenas, que se llamó la Cueva del Coral.

De ir y venir probando suerte en los empleos, un día le ofrecieron la oportunidad de hacer un trabajo por cuatro días en la Municipalidad de Nicoya, topando con la suerte de que eso días se extendieron por más de 30 años, en donde laboró como cañero, barrendero, guarda y llegó a pensionarse.

“Yo era como un cusuco, me metía debajo de las cañerías. Me metía con las aguas negras y en algunas me tenía que ir de panza, arrastrándome para limpiar todo eso. Una vez agarré un virus que casi me muero, pero por mi tamaño siempre me buscaban a mí”.

En una de sus tantas aventuras, estaba poniendo una bombeta y le explotó en mal momento, lo que le ocasionó perder su ojo izquierdo, y es por eso que hoy es de color blanco. “Al final me pusieron un ojo de gato”, bromea Gasparín.

El Gasparín jubilado

Desde hace más de 15 años, Gómez goza de su jubilación; no obstante, nunca pasa sentando en su casa, ni mucho menos “de vago”. En Nicoya, es común que en los funerales Gasparín haga las de oficial de tránsito y organizando el flujo vehicular y el parqueo. Además, si se trata de una familia pobre, Gómez es el primero en arrancar la recolecta para ayudar a los afectados.

“A mí todo el mundo me hace caso. Es que yo uso un pito, entonces yo hago ‘flip, flip’ y a todo los ordeno; es que yo tengo tiempo de trabajar en eso…”, asegura Gasparín, con propiedad en el tema.

Sin duda, una de sus grandes batallas diarias es mantener limpio el parque de Nicoya y vigilar que nadie salte o se pare encima de los poyos, a tal grado que no hay chiquillo de Nicoya que no haya salido regañado por Gasparín.

“Cuando yo era guarda municipal, no había ni un solo poyo quebrado. Es que como yo le digo a la gente, los poyos son para sentarse, no como ahora que andan esas patinetas brinque que brinque”.

Además, Gasparín dice que le quedó la maña de barrendero, por lo que es normal topárselo recogiendo basura y recolectando envases, pues es un acumulador de objetos. En su casa, ubicada a la par del río que colinda con la cevichera Mi Casa, en Nicoya centro, hay un sinfín de desechos plásticos que ha ido recogiendo. Lo simpático es que la arquitectura de su humilde casa es similar a la del hobbit del Señor de los anillos, pues está adecuada a su tamaño– para pasar su portón uno debe agacharse.

Tan famoso ha sido, que el músico nicoyano Elman Orozco escribió una canción en su honor; sin embargo, a Gasparín no le hace del todo gracia, pues la letra dice que se quedó niño y que parece un muñeco de portal.

Coincidir en Nicoya con Gasparín puede tener dos vías: salir regañado o escuchar muchas aventuras e historias que nadie sabe si son reales, pero de que lo divertirán, no hay la menor duda. 

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