General, Salud

El primer trago siempre cuenta

Cuando alguien dice la palabra alcohólico, lo primero que nos viene a la cabeza es la imagen de un borracho que no puede caminar, que está tirado en el suelo o que hace el ridículo en cualquier fiesta.

Sin embargo, la persona es alcohólica desde que se tomó una copa, una cerveza o un trago; ya sea una vez al día o una vez al año. El alcoholismo se refiere a la conducta de consumir licor no se refiere a la adicción propiamente dicha, si tomo la decisión de consumir estaré siempre en riesgo de desarrollar la adicción.

El alcohol es una droga y, por lo tanto, puede llegar a ser adictiva. Seré adicto al licor cuando el consumo del mismo no me permita desarrollarme normalmente en el trabajo, con la familia, en mi vida personal. Si mi alcoholismo interfiere en las demás actividades yo habré desarrollado adicción.

Al mismo tiempo, considerarnos como  “tomadores sociales” tiene una consecuencia nefasta en la mente de la población, ya que se llega a lo que podemos denominar como: conciencia adormecida.  Esta es la forma de pensar que “a mí no me sucede, yo no soy alcohólico, son los demás que se pasan de tragos, no yo”,  logrando de cierta manera un tipo de auto manipulación y auto permisividad al consumo y eso incluye al grupo de personas que consumen licor ocasionalmente, aunque no les provoque problemas en su vida personal, laboral o familiar. Siempre estarán expuestos al riesgo de desarrollar adicción ya sea por decisión propia o por influencia del grupo.

Socioculturalmente hablando se aprende a ser inconsciente con respecto al consumo del licor, ya que desde la primera copa la sociedad me podría ayudar a entender que soy alcohólico y que estoy colocándome en una situación que me vulnera en comparación con aquellos que no consumen o que dejaron de consumir. Contrariamente el grupo social da otro mensaje, frases como: “hay que aprender a tomar”, “ese se pasó de tragos, no sabe tomar”, o bien “ese es alcohólico, yo no lo soy porque no tomé hasta caer”, cada una de ellas transmite un mensaje muy alejado de la prevención o el riesgo de consumir la primer copa y de desarrollar adicción. Por ello, es importante que repasemos y tengamos en cuenta los siguientes conceptos para concientizar más:

1. Seré  alcohólico a partir de consumir una copa ya que ejecuta la acción de consumir licor y está en riesgo de desarrollar la adicción.

2. Seré abstemio o no alcohólico cuando nunca he consumido licor.

3. Seré alcohólico en recuperación cuando después de haber consumido por algún tiempo luego decidí no hacerlo más.

Se tiende a pensar que la familia de la persona que toma no tiene que ver o tiene que ver muy poco con el consumo. No es así, las familias que tienen uno o varios miembros que consumen licor pueden clasificarse de la siguiente manera:

La familia cómplice: esta sostiene la conducta del consumo muchas veces tornándose el acto de beber parte normal de la rutina familiar en fiestas, celebraciones o fines de semana.

La familia víctima: un miembro de la familia toma, por lo general la cabeza de hogar, y constantemente afectan el equilibrio emocional familiar.

La familia codependiente: acá todos los miembros están pendientes de quien toma licor, constantemente se preocupan por él o ella, llamando, hablándole, llorando.

La familia ausente: para el alcohólico es la familia que no sabe, se han dado casos de alcohólicos o alcohólicas quienes sus familiares no sabían que tomaban, mucho menos que necesitaban ayuda al respecto.

Muchas veces este desconocimiento obedece a dos causas principales, primero, falta de comunicación, o segundo, excesiva confianza de que el hijo  está bien ya que “ha sido responsable, tiene su profesión o trabajo y nunca ha dado problemas”.

De las familias vistas anteriormente, ningún modelo es mejor que el otro.  Todas tienen en común el riesgo en el que colocan a sus integrantes, muchos de ellos los menores de edad que mediante la observación pueden aprender, máxime si la conducta del consumo se combina con violencia verbal o física. También, la única diferencia que comparten este tipo de familias es la forma en cómo responden los miembros del núcleo familiar a la conducta del  consumo del licor.

El consumir licor, desde la primer copa nos coloca en riesgo, es importante que tengamos esto presente.  El solo hecho de aceptarlo es un avance, no se trata de discriminar a aquellos quienes consumen o satanizar la conducta, ya que todos tenemos derecho a tomar decisiones.

Yo decido ser alcohólico o no serlo, al final se trata de tenerlo consciente para prevenir la adicción y muy importante promulgar el auto control, estemos alerta, si consumimos estemos vigilantes de si nuestra acción está afectando mis demás relaciones y qué ejemplo de conducta de consumo doy, es decir, cuando tomo ¿cómo me porto?, ¿qué hago, qué digo? ya que siempre me observarán los demás y sobre todo los más pequeños, los niños y niñas estarán aprendiendo de mí.

 

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