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La escuela que abrió a las mujeres la millonaria industria de pesca deportiva

Como parte de la formación, los grupos de mujeres realizan prácticas en embarcaciones para aplicar técnicas de pesca y trabajo a bordo. Foto: Roberto Cruz
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Léonie Barry tira con fuerza la línea de pesca que otra mujer en la embarcación tiene sujeta. Gira sus manos y jala mientras su pelo largo y en cola bailotea en su espalda con cada tirón.  Pronto, el enorme pez que están pescando estará en sus manos. Es una escena cotidiana en las redes sociales de Léonie, que hoy se codea en torneos internacionales de pesca deportiva gracias al talento que nació en Guanacaste, y que le abrió las puertas al mar

“Love to see a girl leading! 🔥🔥 [¡Me encanta ver a una chica liderando!]”, le comenta alguien en otro video. 

El comentario parece ser cualquiera, pero resume justamente lo que hace algunos años parecía impensable para mujeres como ella: desempeñarse en una industria donde casi siempre los hombres llevaban el timón

La pesca turística y deportiva —en Costa Rica y en el mundo— ha sido históricamente un territorio masculino. Pero desde el 2019, la Escuela para Náuticas –un programa que nació entre El Coco y Flamingo, en Guanacaste– desafía la masculinización del sector en el país. 

Después de un trabajo como marinera en Los Sueños, en Herradura, Léonie logró embarcarse en un trabajo internacional en Estados Unidos. “Desde ahí he estado viajando, y no he parado de viajar. Han sido grandes oportunidades”.Foto: Roberto Cruz

Del improviso a la consolidación

La Escuela surgió gracias a una idea de Jokselin López, una joven pescadora y lideresa comunitaria en la costa de Guanacaste. 

“Vi la necesidad que hay a nivel de locación y cómo nos hacían falta chicas a bordo. Simplemente dije ‘manos a la obra’, llamé a Fecop y todos los contactos empezaron a salir y a desarrollarse”, relata López en un video que documentó la Federación Costarricense de Pesca (Fecop), organización sin fines de lucro que promueve la pesca deportiva y turística sostenible a través de la ciencia y la educación, y que ha liderado esta iniciativa. 

El objetivo de Jokselin López era erradicar la desigualdad estructural que obliga a las mujeres en la provincia a aceptar trabajos mal pagados, mientras alcanzaban a demostrar que el servicio femenino en la pesca deportiva aporta un valor agregado en atención al cliente, explicó a La Voz. 

No había una metodología consolidada ni grandes financiamientos, pero sí tenían claridad de que el objetivo era enseñar a mujeres costeras habilidades de pesca deportiva y turística, y abrirles oportunidades laborales ahí. 

“Ellas son mujeres de mar, lo que pasa es que la vida nunca les dio la opción, y ellas nunca vieron que había un un espacio dentro de este subsector”, cree Damián Martínez, director de Conservación y Políticas Públicas de Fecop, quien además asegura que en un muestreo que habían hecho precisamente en el país, de unas 1.200 embarcaciones, solo encontraron una mujer involucrada en el campo

Las clases de las primeras generaciones se organizaron con apoyo de embarcaciones prestadas, voluntariado local, pescadores dispuestos a compartir su conocimiento y otras personas del sector que creyeron que valía la pena intentarlo. 

En Costa Rica, la participación de las mujeres en sectores marino-costeros sigue profundamente invisibilizada. Quedan al márgen de un sector que genera entre $500 y $520 millones anuales para Costa Rica y atrae visitantes que gastan en promedio más de $7.500 durante sus viajes, según datos incorporados en la Guía de buenas prácticas para la pesca turística y deportiva en Costa Rica, documento publicado en el 2023 entre Fecop y la Fundación Marviva. 

Además, un diagnóstico reciente sobre género y recursos marinos en el Pacífico señala que incluso las estadísticas oficiales tienen enormes vacíos para dimensionar cuántas mujeres trabajan realmente en pesca y turismo

Muchas participan en actividades de prepesca (como preparar alimentos para las tripulaciones, limpiar y ordenar equipos) y postpesca (filetear, vender producto, cocinar), pero su trabajo rara vez aparece reconocido en licencias, censos o políticas públicas.

Nudos, pasión y barreras

Las dos primeras generaciones de la Escuela para Náuticas ocurrieron en Guanacaste, ambas entre Flamingo y El Coco. El programa de estudio se ha ido robusteciendo poco a poco con capacitaciones sobre nudos básicos, uso de equipo, técnicas de lanzamiento, mantenimiento de embarcaciones.

Es una formación práctica de aproximadamente tres meses –aunque la duración puede variar dependiendo de los grupos– impartidas de forma horizontal por capitanes, marineros, pescadores y otras personas vinculadas al sector, quienes  actualmente reciben un reconocimiento económico simbólico por su tiempo. 

Más que un horario fijo, la formación se organiza por horas de capacitación y experiencia en el mar, con clases una o dos veces por semana y prácticas en botes. En cada generación, Feco´selecciona unas 15 mujeres quienes deben poder trasladarse a las clases por cuenta propia. 

Según Henry Marín, director de Estrategia y Proyectos en Fecop, de ambos grupos varias mujeres lograron insertarse laboralmente en embarcaciones turísticas y de pesca deportiva. Entre ellas Léonie Barry, de 22 años y vecina de Brasilito, que tras salir del colegio empezó a trabajar en catamaranes y aprendió “lo básico del mar”, cuenta. 

En la Marina Flamingo veía pescadores y me preguntaba ‘¿cómo será?’”, hasta que amigos y conocidos le empezaron a enseñar. “Se me cruzó en el camino la Escuela Náutica Femenina, me ayudó a empezar y ahí empecé a tener más contactos”, relata. 

Barry formó parte de las primeras generaciones de mujeres que pusieron a prueba una idea que entonces apenas comenzaba a tomar forma. En esos primeros años, la escuela operaba sin mecanismos claros de seguimiento para medir cuánto lograban aprender las estudiantes o cómo aplicaban esos conocimientos, explica Marín.

Todavía hoy el programa carece de documentación detallada sobre la situación laboral de sus graduadas y sobre cómo la formación ha impactado sus oportunidades de empleo e ingresos económicos. 

Además, según Yokselin López, la ideadora del proyecto, se desvinculó de la escuela luego de trabajar como voluntaria y expresar su necesidad y deseo de tener una remuneración. 

Yo trabajé mucho tiempo de gratis, como una voluntaria de una súper idea que posiblemente a más de uno le aumentó el salario […] Cuando yo empecé a pensar que yo ocupaba lucrar, que yo necesitaba un salario… ahí fue donde se arrebató».

Lo que sí parece claro es el creciente interés de muchas mujeres por integrarse al sector. En las publicaciones de la escuela en redes sociales es frecuente encontrar comentarios de mujeres preguntando cómo participar o expresando su deseo de formar parte del programa.

Tras realizar dos generaciones en Guanacaste, con 15 estudiantes cada una, pero menos graduadas por deserción, la escuela se trasladó a Quepos

Allí, Josabeth González –una exalumna– ahora es instructora de las nuevas estudiantes en sus primeras salidas al mar. 

La expansión, sin embargo, no ha llegado todavía al Caribe costarricense. Según Martínez, las diferencias en infraestructura y en las dinámicas de pesca de las comunidades donde no existe una marina obligan a adaptar cuidadosamente el currículo y la metodología de enseñanza.

Josabeth González (extremo izquierdo) fue estudiante de la Escuela para Náuticas y después se convirtió en instructora. En la foto se acompaña de estudiantes de febrero del 2025 en Quepos.Foto: Fecop

Fondos de la Unión Europea permitieron crear manuales pedagógicos y herramientas de seguimiento para formalizar el curso.

Más adelante, la cooperación alemana, a través de la Sociedad Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ), ayudó a incorporar módulos de igualdad de género y prevención de violencia desde el inicio del programa. 

Todavía hoy navegan la resistencia de hombres del sector, que cuestionaban por qué existía un programa exclusivamente para mujeres.

En parte, por eso, el proyecto cambió de nombre. Inicialmente se llamaba Escuela Náutica Femenina, y ahora se nombra Escuela para Náuticas. El objetivo de la Fecop es apostar a futuro abrir también una Escuela para Náuticos

Algunas masculinidades tenían un resentimiento de por qué solo para ellas. Hay personas que todavía no entienden en las costas que estas mujeres no estaban en igualdad de condiciones con ellos», relata Martínez, el director de conservación. 

Cerrar brechas como tarea colectiva

Mientras la iniciativa madura, persiste una dificultad y es la fragilidad de sostenerlo.

“Si Fecop deja de patrocinar hoy, el proyecto se cae […] hemos pensado en tratar de con algún mecanismo financiero que podamos estar financiando y que ya tenga como un pequeño staff y que pueda salir solo”, explica Damián Martínez. 

Cerca del 80% de su financiamiento proviene del presupuesto de Fecop, precisa Martínez. El resto proviene de alianzas, cooperación y apoyos puntuales, pero no existe todavía una política pública robusta que garantice sostenibilidad, ni una alianza con entes del gobierno como contrapartes del esfuerzo, que combate desigualdades sociales y de género. 

Eso significa que buena parte de una transformación social que impacta a estas comunidades costeras sigue dependiendo de financiamiento privado y cooperación internacional. “No hemos sabido identificar bien las contrapartidas”, reitera: “Y si Fecopdeja de patrocinar, se cae”. 

Quienes impulsan la escuela dicen que han intentado que instituciones públicas como el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) asuman parte de la formación técnica básica obligatoria para embarcarse legalmente y para recibir un título que realmente esté acreditado, porque el que Fecop les brinda es simbólico. Pero los esfuerzos no han rendido fruto.

Aun así, el proyecto sigue en marcha con la intención de que las mujeres tengan nuevas oportunidades en las costas. Actualmente avanzan con la organización para arrancar con una nueva generación en Paquera, distrito peninsular de Puntarenas

Con cada mujer que el programa forma —o incluso con aquellas que simplemente se atreven a imaginarse ahí después de verlas— el cambio empieza a hacerse más visible en los muelles y embarcaciones del país. 

Incluso Jokselin López, quien impulsó las primeras generaciones del proyecto en Guanacaste, sueña con volver a desarrollar una iniciativa propia vinculada al mar y al empoderamiento de mujeres.

Yo pienso que en algún momento voy a cumplir el sueño de tener no una escuela tan así, tan grande, pero sí pienso hacer un camping”, dice.

Aunque siguen siendo minoría, enfrentan resistencia y dependen de proyectos financieramente frágiles, cada mujer que se incorpora a una tripulación transforma poco a poco el paisaje de las costas. El mar, lentamente, deja de ser un territorio reservado solo para hombres.

Este reportaje se realizó con una beca del Fondo para el Periodismo de Soluciones en Latinoamérica, una iniciativa de El Colectivo 506. La beca fue posible gracias a una donación de la Federación Costarricense de Pesca (FECOP) para apoyar al periodismo de soluciones con independencia editorial sobre temas de pesca comunitaria. La FECOP apoya el proyecto en el marco de su proyecto «Pesca Participativa», en alianza con la Embajada de los estados Unidos de América en Costa Rica. 

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