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Gina Acevedo: agente de cambio en la cultura Guanacasteca

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Una yunta de bueyes es empujada a las voces de un boyero solitario, quien avanza lento pero a paso firme entre los polvazales del camino del arreo.

De piel curtida por el sol y caites desgastados, el hombre asume afanado la tarea de llevar de Cañas al Puerto de Bebedero la carga de azúcar, café, hielo, maíz, tucas de madera, y el guaro que viene como con 20 candados para que llegue completo.    

Estas son algunas de las escenas que perduran imborrables en la memoria de la cañera Georgina “Gina” Acevedo Acevedo, galardonada con el premio nacional de Cultura en el 2012 y que por décadas se ha labrado un historial como promotora y forjadora de la identidad y el rescate de las tradiciones que hacen grande a Guanacaste.

 

 

Mientras hablamos, percibo su pasión por la docencia y la necesidad de transmitir sus conocimientos, los cuales se entrelazan con la sabiduría y la cordialidad de las abuelas.

A doña Gina no le gustan las entrevistas ni los reconocimientos donde hay grandes multitudes y, cada vez que eso pasa, se hace acompañar de algunos de sus amigos del Comité de Cultura de Cañas.  

De hecho, para que aceptara nuestra entrevista nos dijo que lo haría únicamente en la compañía de algún miembro del Comité. Fue así como llegamos a su casa ubicada en el centro de Cañas y en compañía del ingeniero Álvaro Mesén Rojas. Empezamos a conversar sobre las épocas en que  el puerto de Bebedero era una de las principales rutas de acceso a la provincia.  

Fue hasta 1952 que el atracadero estuvo activo y las lanchas que hacían el servicio de cabotaje se retiraron. Desde entonces, aquellas viejas rutas de comercio y de viajes fueron quedando en desuso.  

Por su labor como gestora cultural, Acevedo guarda más de una decena de reconocimientos en una de las paredes de su casa.

En 1978 Acevedo y Mesén coincidieron en la comisión de cultura de la municipalidad de Cañas con el objetivo de celebrar el centenario del cantón.Fue entonces cuando se fundaron  las bases del actual Comité de Cultura de Cañas, que quedó establecido en 1981.

Desde esta agrupación, Acevedo ha articulado esfuerzos para gestar exposiciones de libros, clases de bailes típicos y marimba, así como reivindicar la labor de los arrieros, sabaneros y cocineras del cantón, organizar cabalgatas y el popular desfile del boyero que tiene lugar cada segundo domingo de marzo.

“En el comité somos un equipo, una familia. Tenemos un plan de trabajo para todo el año, lo presentamos a la municipalidad y ellos aprueban el presupuesto”, comenta.

Actualmente, el presupuesto anual del comité ha crecido y es de aproximadamente unos ₡20 millones, producto de la labor de sus integrantes.

Germina Caña de Azúcar

En 1995, Gina Acevedo vio germinar en la banda de música Caña de Azúcar uno de sus mayores deseos o sueños.  Este grupo de proyección folclórica ha cosechado por 20 años éxitos y reconocimiento mundial, al llevar las costumbres de los guanacastecos a Ecuador, España, Estonia, Finlandia, Italia, México, Portugal, Suecia y Venezuela, entre los países que visitaron.  

La agrupación debe su nombre a los trabajadores del Ingenio Azucarero de Taboga, en Cañas, los primeros integrantes del conjunto. Sin embargo, como a muchos les costaba ensayar en tiempos de la zafra, la matrícula se fue ampliando a otros miembros de la comunidad.

Hoy, en Caña de Azúcar, hay integrantes de hasta 50 años de edad, quienes cantan, tocan marimba, cimarrona y, por su puesto, bailan.

Acevedo opina que todo lo que ella ha hecho en su vida se debe a su formación como docente en la Escuela Normal, que para ese entonces se utilizaban las aulas del Instituto de Guanacaste en Liberia, y que era el lugar donde los guanacastecos continuaban sus estudios superiores allá por los años 50 cuando ella tenía unos 20 años.

“Como normalista te inyectaban que eras un agente de cambio en la sociedad. Por eso hay que sembrar la semilla de la cultura en los jóvenes”, comenta.

Acevedo relata que en una ocasión tuvo el privilegio de conocer al poeta liberiano Rodolfo “Fito” Salazar, quien incluso le regaló un poema titulado “El casorio de Enriqueta”, el cual guarda con cariño.  

Como docente labró un historial de 33 años de servicio en la Escuela Monseñor Luis Leipold en Cañas.

“Antes uno se pensionaba con 28 años, pero yo seguí trabajando porque me sentía muy identificada con la escuela, que la consideré como mi segunda casa”.

A sus 77 años, Gina Acevedo se enorgullece de tener un matrimonio de 44 años con Albán Vega Wells, con quien ha criado a 10 hijos. Don Albán cuenta que por su pasión hacia la cultura y las tradiciones, a Gina cuesta encontrarla en casa.

“Ella nunca está en la casa, hay que sacar ficha para hablar con ella. Es una gran persona, con un gran sacrificio. Ella trae el amor por la cultura. Ella se muere por eso y yo le digo que ahí se va morir haciendo eso”, comenta sonriente.  

En una de las paredes de su casa hay una decena de títulos y reconocimientos colgados, menciones honoríficas de universidades, de la municipalidad de Cañas o de la Cámara de Turismo.

Cuando le pregunto por qué cree que fue seleccionada como Premio Nacional de Cultura Popular Tradicional, hace una pausa y dice: “Yo lo tomé en nombre del Comité de Cultura, no a título personal, porque fue por un esfuerzo de todos. Yo siempre les digo a los compañeros que debemos luchar contra la globalización para no ser borrados del mapa”, y asegura que le gustaría que la recuerden por el amor que siente por Cañas y por su querido Guanacaste y no por premios o menciones en los periódicos.

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