
La noche cae con su magia suave y cotidiana, como canta Guadalupe Urbina, convirtiendo el anfiteatro Carlos Rodríguez Santana, ubicado en el parque de Santa Cruz, en un paraíso hecho a la medida de la cantautora nacida en el Sardinal de 1959.
Son pasadas las 10 p.m. del 10 de enero. En el marco de la Semana Cultural de Santa Cruz cientos de personas rodean el escenario con la ansia de ver al grupo Flor de Caña —dirigido por la folclorista Marlene Contreras— y su espectáculo “Guadalupe Urbina”; un homenaje a la cantautora y a sus más de 40 años de carrera musical y cultural.
Con su ropa holgada y su melena blancuzca, Urbina se acomoda en una esquina del escenario. Desde su primera canción, su voz se empodera del anfiteatro. En un silencio apenas interrumpido por los aplausos y las ventas a lo largo del parque, a través de 13 canciones Urbina, junto al grupo de bailarines y bailarinas, guían al público por los distintos paisajes del Guanacaste retratados en la discografía de la cantautora.
Bajo el lema “Ella canta lo que somos: barro, humo y corazón”, un despliegue de más de 70 artistas, bajo la dirección general de Marlen Contreras, da forma escénica al universo musical de Urbina.
La escenografía del anfiteatro muta acorde con los temas de las canciones interpretadas por Urbina: un cuarto infantil iluminado por una luz tibia, una barca de madera rodeado de pescadores y sus trasmallos, una selva tropical; y en algunos momentos, la sola presencia de la danza y el vestuario de los bailarines y bailarinas sumergen al público en el universo latinoamericano que habita su música.
Al fondo del escenario, una pantalla acompaña la puesta con imágenes de la cantautora en medio del bosque, con una estética de guerrera.
La lista de canciones seleccionadas por el grupo de danza recorre la discografía de Urbina. El espectáculo inicia con “Canción de cuna”, pieza que forma parte del disco Sones de Tierra Caliente publicado en el 2012.
“Dormite mi niño, cabeza de ayote, que si no te dormís no aúlla el coyote. Dormite mi niña, cabeza de pipián que si no te dormís no vuela el gavilán”, canta Urbina mientras en la escenografía una cama y un grupo de niños y niñas danzan recreando el mundo literario que interpreta la cantautora.
El alma de la música en vivo
La música está a cargo de una agrupación de músicos dirigidos por el director musical Daniel Rojas y en compañía del Ensamble Quijon-Ngóo.
A diferencia de una pista pregrabada, la música en vivo le da al espectáculo la posibilidad de sentir el alma de las creaciones de Urbina. “La música en vivo tiene alma. (…) La música es un arte escénico, que es muy importante también”, cree uno de los músicos del ensamble, Malcom Jamil.
La elección instrumental refuerza el sabor a Guanacaste que desde la tarima cobija a los asistentes durante los casi cincuenta minutos de espectáculo. En escena conviven la marimba, la carraca, el quijongo y hasta el juque, un instrumento que durante décadas fue considerado extinto en Guanacaste y que hoy vuelve a escucharse gracias a esfuerzos de recuperación cultural liderados por la cantautora guanacasteca Karol Cabalceta.
Un instrumento desapareció de la provincia y la esperanza de verlo de nuevo en todo su esplendor tiene que ver con una semilla
En el homenaje el folclor se aleja de la tradición estricta para mostrar un mundo nuevo de posibilidades. En una de las piezas aparece un quijongo eléctrico que permite que los asistentes escuchen de forma amplificada los armónicos de este instrumento que de forma tradicional pueden pasar desapercibidos entre el público.
Para Urbina, la aparición de estos instrumentos guanacastecos de herencia afro significó un punto destacado del espectáculo. “Realmente es recuperar una extremidad del cuerpo cultural de la provincia”, afirma Urbina días después de la presentación con la memoria aún exaltada por la respuesta del público. “Estoy todavía con esa sensación tan agradable de sentirse querida, respetada. Es como algo que una no tiene todos los días y como dice el refrán a nadie le amarga un dulce”, comenta.

Un quijongo eléctrico construido por Werner Korte e interpretado por el músico guanacasteco Malcom Jamil tuvo un espacio musical en medio del homenaje.Foto: Adrián Zúgiña
Jamil también recuerda esa noche con emoción. Para él, la importancia de Urbina va mucho más allá de su presencia en el escenario: no solo ha marcado generaciones, sino que ha rescatado y preservado una parte fundamental de la memoria musical de Guanacaste.
“Ella es un faro que ha guiado a mucha gente. A mí me inspiró mucho saber de Guadalupe Urbina porque tal vez como joven yo pensaba que muchas de esas cosas ya estaban perdidas, y cuando conocí hace unos años a Guadalupe descubrí que había todo un universo dentro de Guanacaste (…) Su aporte es invaluable no solo por su música, sino por las investigaciones y recopilaciones que hizo de sones tradicionales de Guanacaste. Gracias a ella recordamos a personas y músicas que, de otra forma, se habrían perdido”, dice el músico.
Un homenaje dentro de un homenaje
La voz imponente y la poesía de Urbina, la música diversa de la banda y el trabajo detallado de Flor de Caña hacen que un parque repleto de gente se ponga de pie para ovacionar el espectáculo que acaban de presenciar.
“Creo que con la música de Guadalupe hemos podido transmitir parte de la cultura nuestra, costumbres, creencias y tradiciones. Muchísimas gracias por esos aplausos, esta puesta en escena es para todos ustedes”, dice la directora Contreras en medio de los aplausos que la homenajearon tanto a ella como a Urbina.
La reconocida directora de Flor de Caña piensa que una gran parte de la provincia desconoce quién es Urbina y su legado, pese a la importancia cultural y social de su mensaje. Para ella, este homenaje es la forma de darle el lugar que se merece en la historia y memoria de quienes asistieron el evento o lo vieron transmitido por canal 5.
“Reconocer en Guadalupe los talentos que como artista posee: canta, compone, toca instrumentos, hace instrumentos, escribe… todo eso en torno a nuestras creencias, a nuestras costumbres, a nuestra idiosincrasia, a nuestro Guanacaste (…) En Guanacaste es muy poco conocida. Muchos jóvenes en Sardinal no sabían que ella existía y quien era ella”, comentó Contreras a La Voz días antes de la presentación.
En el público, entre cientos de asistentes, Esteban Goluboay tiene la piel chinita al ver a una de sus referentes musicales junto al despliegue escénico. Él, un bailarín de 26 años nacido en Liberia que forma parte del Ensamble Folklórico CañaFistola, escucha por primera vez en vivo a la cantautora que lo acompaña desde niño cuando su música sonaba en casa de su abuela.
“Fue muy impresionante. Es muy importante que esos espacios se sigan manteniendo y Santa Cruz que los siga conservando”, dice Goluboay.
La noche termina saliéndose del guión: en el centro del escenario Urbina y Marlene se funden en un abrazo mientras se mueven al ritmo de “Zumba, que zumba marimba en mi corazón”
“Esto no debería ser un homenaje para mí, sino debería ser un homenaje mío para esta, la mejor, la gran coreógrafa de Guanacaste y de Costa Rica, doña Marlene Contreras. Ustedes tienen un tesoro, no lo dejen olvidado, no lo dejen perdido porque este es el legado de las nuevas generaciones”, advierte Urbina al anfiteatro contagiada de la emoción de la noche que incluso amenaza, en palabras de ella, con correrle el delineador de los ojos.
“Marlene para su época fue muy revolucionaria porque planteó que la danza folclórica tenía y podía revitalizarse. Esto es muy importante porque las danzas folclóricas no son una pieza de museo. El arte y la herencia de nuestras culturas es más fuerte cuando está viva, cuando se revitaliza”, añade Urbina.

El baile contagió a Guadalupe Urbina y a Marlene Contreras sobre el escenario.Foto: Adrián Zúgiña
El calor del público en la noche impacta a Urbina: la cantautora que subió al escenario no es la misma que la que, días después, reflexiona desde su casa.
“Yo no tenía idea del aporte que yo había dado a otras generaciones más jóvenes en el campo del folclor. Este viaje ha sido clave porque me ha hecho reflexionar mucho sobre eso y plantearme el hecho de que yo debo realmente estar más cerca de esos procesos para entender cómo se dan, qué es lo que pasa, porque ese fenómeno es tan grande en la provincia (…) Yo no tenía idea del aporte o de la importancia que podía tener esta música en las nuevas generaciones”, comenta a La Voz.
Un folclor vivo
La noche del 10 de enero, en un parque repleto de personas, en un escalofrío colectivo, Guadalupe Urbina y la agrupación Flor de Caña, dirigida por Marlene Contreras, celebran un folclor que escapa de las recetas tradicionales.
Para Urbina, la mirada de Contreras no solo celebra su trayectoria, sino que fue fiel a su visión de un folclor que se reinventa y escapa de la monotonía que ella señala desde su trinchera.
“Yo nunca he sido una mujer que le dedica tiempo o espacio a la danza folclórica tal como está planteada hoy”, dice Guadalupe Urbina a La Voz. “Toda la danza debe revisarse y debe replantearse para revivirla y que no sea como una cosa repetitiva. Yo siento que Flor de Caña ha hecho un esfuerzo muy grande por introducir otras cosas, hacer cambios. Me pareció muy buena la propuesta”, expresa.
Acá podés escuchar las canciones que fueron parte del espectáculo:
Canción de cuna
El sueño
Permiso, compermiso
Orígenes
Araré
Semilla universo
La panadera
Negrito mío
La tórtola
El Barquero
La cumbia de la niña
Por algo estoy aquí
Ulpiano Ulmarimba (No disponible)
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