Derechos Humanos

Guanacaste necesita de nuestra cobertura en derechos humanos y en La Voz necesitamos de ustedes para lograrlo

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Hace unos meses, Chayo Chaves, una voluntaria del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu) en programas de atención y prevención de la violencia, nos contó que ella, para poder impartir sus cursos de empoderamiento de las mujeres en los pueblos costeros y rurales de Guanacaste, los “maquilla” de talleres de talleres de artesanías para que las parejas de las alumnas las dejen ir. Decir “empoderamiento” y “mujeres” en la misma oración es quedarse sin asistentes.

Me contó que en Brasilito, el pueblo que queda justo al lado de playa Conchal, los hombres le armaron pleito más de una vez porque las mujeres volvían a la casa “muy rebeldes” y ella tenía que calmarlos. A veces, incluso, haciendo uso deliberado de los estereotipos que ella misma combate: “Pero por qué no la va a dejar ir, ¿no ve qué linda le tiene la casa?”.

En La Voz no dejábamos de sorprendernos mientras nos contaba estas anécdotas. ¿En serio tenemos que recurrir a estos métodos?, le preguntábamos. Y sí, claro que sí. No es fácil permear la gruesa capa de vicios sociales que encierra a las mujeres en sus casas para servirle a su familia. Chayo entendía que todo aquello valía para tener la posibilidad de salvarle la vida a las mujeres.

Muchos de nosotros no sabemos esto porque pocas veces se cuenta de verdad cómo sobreviven las mujeres a la violencia machista en las zonas rurales.

Buena parte de nuestro público guanacasteco tampoco lo sabría si no lo hubiésemos publicado nosotras, en La Voz de Guanacaste. Tampoco sabrían que los juzgados guanacastecos reciben un 60% más de denuncias contra la violencia contra las mujeres que el promedio del país ni que hay una sólida cantidad de mujeres que han sobrevivido a la violencia más extrema gracias al apoyo de las instituciones y alguna amiga o amigo que las llevó a denunciar.

Llevamos más de dos años cubriendo intensamente los temas de derechos humanos en la provincia, desde la violencia de género hasta las olas de migrantes. Y estamos convencidas de que nuestro trabajo está construyendo una democracia más sólida, en la que quepamos todos y todas.

Ningún pueblo puede decirse desarrollado ni sostenible sin mujeres que puedan acceder plenamente a todas las oportunidades que tienen sus pares. Tener información cercana y de calidad para tomar decisiones es determinante para ese propósito.

El periodismo local y el enfoque de género son una poderosa mezcla y el Instituto Nacional de las Mujeres reconoció lo necesaria que resulta esta combinación.

Gracias a ustedes, nuestros lectores, nuestras audiencias, nuestros donadores y donadoras, el periodismo local que ejercemos es hoy más fuerte que ayer.

El premio Ángela Acuña Braun nos alza la barra de la calidad y de nuestro compromiso con la cobertura de derechos humanos y seguimos necesitando de ustedes para fortalecer esta labor. El próximo año, queremos investigar aún más sobre los derechos de las mujeres en los hospitales, queremos promover el diálogo sobre la educación sexual en Guanacaste y cubrir de manera sistemática las causas de la violencia contra las mujeres. Pero nada de esto podemos lograrlo solas. 

Su ayuda puede ir desde compartir este artículo con sus amistades hasta suscribirse para donarnos lo equivalente a un almuerzo mensual. Su aporte tendrá un impacto en toda Guanacaste, esta provincia a la que amamos tanto.

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