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Había una vez en Nicoya un cuentacuentos llamado Luis Teocintle

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Hay una impresión de que los cuentos se escriben todos en el mismo escenario, pues relatan historias desde un “lugar lejano” del que nunca se sabe cuál pueblo es. Pese a ese extraño patrón, El “abuelo” Luis Teocintle no necesita ciudades del otro lado del océano, princesas deprimidas ni dragones exagerados para crear historias, por el contrario, todo nace desde Zapote de Nicoya.

Lo de abuelo no es por cliché. El título lo tiene bien merecido,  pues tiene cuatro nietos y uno que está por nacer. Lo de Teocintle, es por su pseudónimo artístico; sin embargo, su verdadero nombre es Luis Fernando Barrantes.

Teocintle hace referencia a un tipo de maíz y su palabra nace de la lengua indígena náhuatl, pero para Barrantes toma importancia pues cada historia que cuenta es una semilla que siembra en sus oyentes.

A pesar de residir en Nicoya, El Abuelo Luis viaja frecuentemente a la meseta central para presentarse en lugares como el Centro Cultural de España, Casa Batsu y la Casa de la Cultura Popular.

El cuentacuentos suplente

Era la década de los ochentas y con unos 20 años de edad, Barrantes cursaba la carrera de ingeniería forestal y era miembro de la Federación de Estudiantes del Tecnológico de Costa Rica. La semana folclórica del 25 de julio se acercaba y Barrantes quiso invitar a un amigo, al que siempre le escuchó contar historias del personaje de Zapote de Nicoya Tomás Salinas, pero tres días antes del evento su amigo le canceló.

«Cuando él faltó yo sentí  en mi cuerpo que yo que tenía que contarlas, tenía que hacerlo, ya la actividad estaba en el programa. Me di cuenta como tres días antes y me dio hasta diarrea de los nervios. Las conté de lo me acordaba, así fue como empecé y así las sigo contando, eso es la tradición oral», dijo el abuelo Teocintle.

Esta fue la primera vez que se presentó ante un público pero su convivencia con las letras ya existía desde antes, pues en el colegio tenía como pasatiempo escribir poemas y leerse los libros que tenían sus otros seis hermanos mayores.

«Empecé a escribir temprano como a los 14 años, pero lo dejé de hacer. Escribía poesía. Eso me duró un tiempillo porque un día de tantos alguien me vaciló con el asunto de la poesía y lo dejé de hacer. En la U lo que hice fue escribir discursos», recordó.

Barrantes nunca conoció a Tomás Salinas, pero hasta la fecha ha sido su mejor maestro  para narrar historias. Aquel personaje lo inspiró tanto, que ha procurado  promover los espacios culturales en la comunidades y evitar que se extinga la antiquísima tradición oral de cuentacuentos.

Cada andanza de Tomás Salinas,  Barrantes le quita,  le pone y la condimenta para impregnarle su mejor estilo, en cualquier escenario que ha pisado desde años.»Eso es lo que se conoce como tallas. La talla es una anécdota de algo que ocurrió, pero cada quien la agarra, la adorna y la magnifica».

El famoso Tomás Salinas no es solamente un personaje del cual se hable y se cuenta, si no también es un reflejo de la identidad nicoyana y de muchas costumbres y tradiciones que se han ido heredando. Lo de famoso no es por programas de televisión, ni por publicaciones de diarios, si no, porque sus simpáticas historias como campesino se han compartido en el pueblo en boca en boca, aunque tengan algo de ficción.

En conjunto con otro artistas de la región como Guadalupe Urbina, Max Goldenberg y Olman Briceño, Barrantes participó en la creación de GuanaRed, un colectivo que trabaja desde hace diez años en el impulso de la movida cultural en los diferentes pueblos. Además, en compañía de Goldenberg y Briceño, impulsó el programa de Peñas Culturales, pequeños espectáculos de diferentes ramas artísticas.

Detrás del abuelo Teocintle

Con Barrantes la pregunta de en qué ha trabajado, debería ser en qué no ha trabajado, pues  en su vida ha hecho de todo lo que se puede imaginar, desde agricultor, profesor de natación hasta ser poseedor de una fábrica de maletines o tener un trabajo administrativo.

Duró unos 15 años casado y producto de esa relación es papá de Alberto, Daniel, Mercedes y Camilo, todos mayores de edad.

Su sombrero de rayas  es infaltable, además de verlo caminando en cualquier acera o calle de Nicoya. Al igual que su sombre, otro accesorio característico es su collar de piedritas de colores, que formar parte de un ritual de santería, pues aunque no le gustan las religiones, practica la espiritualidad.

A sus 55 años, su temperamento sensible, observador y pasivo le ha permitido hacer amistades a lo largo del país.

 Por circunstancias de la vida, en el 2010 Barrantes recibió una noticia, que si bien no le quitó el sueño, sabía que iba a cambiar la ruta de su camino, pues se dio cuenta que tenía un tumor -o pelota como prefiere llamarle- en su cerebro.

A pesar que la indicación de los médicos era extraerlo mediante una operación, prefirió intentarlo con terapias naturales; pero el crecimiento del tumor llegó a tal punto que el 16 de abril de este año pasó a sala de operaciones, pues no podía mover la mitad de su cuerpo. Hoy, meses después de la operación y con 55 años de edad,  se siente como en una nueva etapa, pero con muchísimos más conocimientos.

«Aprendí que nadie se muera a la víspera. Aprendí que hay que vivir la vida como si fuera el último instante, hay que disfrutarla en el sentido amplio y profundo de la palabra. En el sentido de la búsqueda profunda del ser, de la realización plena de uno», mencionó.

Y así es que el abuelo Luis Teocintle sigue parándose frente al público para contar sus cuentos y presentar shows de historias y música junto a sus amigos, pero ahora sabe con certeza que todo cuento tiene fin y que lo que pasa mientras se está contando la historia, es lo que más importa.

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