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Instrumentos indígenas vuelven a sonar en canciones contemporáneas de jazz, hip hop y electrónica

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Detrás de la casa en la que Ximena Obregón vivía en playa Garza era muy fácil encontrar tiestos, trozos de cerámica indígena.

Ximena se había mudado a Garza en el 2020 para trabajar como profesora de música en una escuela. Quería que sus estudiantes conocieran más sobre los instrumentos musicales que utilizaron los pueblos indígenas locales, así que empezó a investigar sobre las ocarinas. 

Fue entonces cuando encontró un documento en internet sobre el sitio arqueológico “El Rempujo”, llamado “el primer cementerio de músicos registrado en Costa Rica”. En los entierros, las personas eran sepultadas con gran cantidad de instrumentos.

El sitio está ubicado justo en las montañas de Garza y fue excavado desde el 2009, pero es hasta la última década cuando profesionales en arqueología, antropología y música del país empezaron a trabajar de manera conjunta para entender mejor esos instrumentos.

De esos estudios nació un banco de sonidos de instrumentos precolombinos del país (no solo los de Garza, sino de todo el país), así como dos proyectos musicales en los que artistas nacionales los incorporan a sus composiciones. El más reciente, Primero Fuimos Música, se lanza actualmente cada viernes en Spotify y está acompañado por una exposición en el Museo del Banco Central de Costa Rica.

Descubrir un sonido

En la excavación de El Rempujo en el 2009 el equipo de arqueología del Museo Nacional encontró 177 artefactos de los cuales 111 correspondían a instrumentos musicales, principalmente ocarinas.

El museo planea grabar los más de 300 instrumentos musicales y llevarlos la plataforma digital donde todo el mundo pueda tener acceso, desde los músicos nacionales hasta investigadores o etnomusicólogos que quieran analizarlos.Foto: Museo del Banco Central

Cuatro años más tarde, las arqueólogas Priscila Molina del Museo del Banco Central y Mónica Aguilar, empezaron a investigar instrumentos precolombinos de todo el país debido a que no existía ningún estudio que se centrara exclusivamente en la historia de la música antigua.

“Seguramente las personas que murieron ahí eran músicos o chamanes que utilizaban la música. Todo esto habla de una persona con un alto rango a la que se le colocaron un montón de instrumentos. Es posible que no los tocaran todos; eran para almacenar toda esta sabiduría y ayudarlo en esta transición al mundo espiritual”, explica la Priscila Molina.

Los usos que les daban los pueblos originarios eran variados, añade la arqueóloga. Algunos fueron hechos para rituales específicos y otros de forma utilitaria como pitos para comunicarse a largas distancias.

De hecho, uno de los mayores descubrimientos recientes en torno a los instrumentos musicales precolombinos tiene que ver con instrumentos musicales de Guanacaste. Durante la investigación hallaron que hay algunas piezas que son de soplo directo e indirecto al mismo tiempo. Hay ocarinas con figuras animales que, por ejemplo, tienen una cámara de resonancia grande y en la cola o en una pata tienen otra cámara pequeña.

Al soplar de forma indirecta, es decir sin poner los labios completamente como en una flauta traversa, se activa la cámara más grande sonando como una ocarina profunda. Pero al soplar con los labios completamente apoyados el aire se expulsa con velocidad hasta la segunda cámara y suena como un pito. Por lo tanto es un mismo instrumento que tiene dos sonidos y dos ejecuciones diferentes.

Priscila comenta que hicieron varias consultas con etnomusicólogos de América para exponer los hallazgos e intercambiar información y se dieron cuenta que estas piezas son únicas en Costa Rica.

Esas son de las cosas que a uno lo conmueven, porque hasta el momento no sabíamos nada de esto. Entonces cada vez que encontramos algo así tenemos todas las grabaciones saltando en el depósito”, cuenta Priscila Molina.

Despertar los instrumentos

El camino para llegar a hallazgos como el anterior ha sido largo. Priscila recuerda que querían darle voz a los instrumentos, pero no tenían una metodología. Por lo que decidieron pedir ayuda en el 2015 al músico y productor Andrés Cervilla para iniciar con la grabación de 20 instrumentos de distintas partes del país pertenecientes a la colección del Museo del Banco Central.

Con los sonidos grabados en esas sesiones generaron un banco de sonidos e hicieron una convocatoria abierta a artistas musicales a un concurso para incorporarlos en sus composiciones. Al final recibieron más de 100 propuestas distintas de las cuales eligieron 10, esta primera etapa del proyecto del Museos del Banco Central se llamó La Metáfora de los sonidos

“Conectar en ese momento con un instrumento musical que lo está llevando exactamente 2.000 años atrás en el tiempo, definitivamente fue una experiencia que yo creo que nos marcó a todas las personas que estábamos en ese cuarto de grabación en el museo”, recuerda Andrés Cervilla. 

A mí casi se me salen las lágrimas, a las arqueólogas también. Fue un momento fuertísimo, porque fue literalmente darle vida a estos artefactos que habían estado dormidos miles de años”, añade.

Las arqueólogas sintieron que debían ir aún más allá en la investigación. Necesitaban alguien que les ayudara no solo a ejecutar los instrumentos, sino a tratar de entenderlos más profundamente, una persona que les permitiera entender los instrumentos fuera de una estructura de pensamiento occidental.

El investigador Luis Porras y la arqueóloga Priscila Molina estudiando los instrumentos en la bóveda del museo. Para seleccionar los instrumentos, tomaron en cuenta una muestra diversa de periodos, regiones arqueológicas y técnicas de confección.Foto: Museo del Banco Central

“Usted tiene que decolonizar por completo su mente y desprenderse el do re, mi, fa, sol, la si, do que a uno le enseñan. Porque son instrumentos que fueron creados sencillamente bajo otra lógica y bajo otras leyes”, explica Andrés.

Así fue como invitaron a participar a Luis Porras, investigador y fundador de Proyecto Jirondai, quien registra cantos e instrumentos musicales de los pueblos indígenas de Costa Rica desde hace 25 años.

Porras se encargó de grabar más instrumentos precolombinos y esta vez les permitió conocer sobre formas de interpretación y estructuras musicales de los pueblos indígenas de Costa Rica y el resto de Mesoamérica.

Con las nuevas grabaciones realizadas por Luis, más las que había realizado Andrés en La Metáfora de los Sonidos ya han registrado más de 200 instrumentos como ocarinas, sonajeros, pitos, flautas y cascabeles.

Esta segunda parte del proyecto lleva el nombre de La Metáfora de los Sonidos II: Primero Fuimos Música, y con todos estas nuevas sonoridades a disposición llamaron nuevamente a Andrés Cervilla. No para ejecutar instrumentos como la primera vez, sino para producir un disco completo con distintos artistas. En el disco figura una canción compuesta por Ximena Obregón, la maestra de música que vivió en playa Garza. 

El sueño de una canción

Ximena recuerda que mientras vivió en Garza tuvo un sueño en el que Guadalupe Urbina le cantaba una canción. Cree que quizás nació de esa conexión con el territorio y las charlas que había mantenido durante esos días sobre las piezas indígenas cercanas a su casa. 

“Probablemente había estado escuchándola mucho y en el sueño ella aparecía y me cantaba esa canción. Una melodía que yo fui repitiendo, ella me abrazaba y me cantaba, muy al estilo de Guadalupe, muy cariñosa. Y cuando desperté, era como que todavía estaba escuchando la canción”, recuerda.

Así fue que compuso “Memoria”, que se integró al repertorio del proyecto musical Guápil, que comparte con su hermana gemela Amanda.

Viviendo ahí [en Garza] compuse un montón de canciones así, siento que hay como una energía disponible para eso y que es lindo pensar que eso existe ahí desde tiempos ancestrales”, agrega.

El museo planea grabar los más de 300 instrumentos musicales y llevarlos la plataforma digital donde todo el mundo pueda tener acceso, desde los músicos nacionales hasta investigadores o etnomusicólogos que quieran analizarlos.Foto: Museo del Banco Central

Durante la Semana Santa de 2025, cuando Ximena ya no vivía en Garza, pero estaba vacacionando ahí, recibió una llamada de Andrés Cervilla.

El productor invitó a Guápil a grabar para el disco reciente Primero Fuimos Música. Fue precisamente esa canción con la que soñó Ximena la que decidieron plasmar en el disco, ella explica que es una pieza que habla sobre “la memoria de los sonidos y cómo la memoria viaja en el tiempo”.

Aunque no crearon una pieza musical desde cero, las gemelas tomaron del banco de sonidos cascabeles, cánticos y una ocarina doble que las atrapó desde que la vieron.

En esta producción se sumaron los artistas Canina, Achará, Frezco, Hubba Watson, Karol Barboza, Los Excavators, Mazzk y Berenice. Los géneros de las canciones van desde  jazz, hasta hip hop y electrónica.

“Esa conexión ancestral que genera cada uno de esos instrumentos, se siente de alguna manera plasmada en cada una de las piezas porque a todo el mundo le generó algo similar. Lo que hubo en común en toda la gente fue el respeto por estos sonidos”, explica Cervilla.

El músico y productor confiesa que le gustaría que ese banco de sonidos se utilice en obras de teatro, danza, películas, materiales educativos y por supuesto en obras musicales.

Amanda Obregón, la otra mitad de Guápil, desea que su música sea para disfrutar pero también para proteger el patrimonio y generar un vínculo comunitario así como la música de los pueblos originarios que las inspiró.

“Esta tierra tiene historia y toda la todas las excavaciones que están haciendo ahora para las construcciones de las casas en esos lugares y sin permisos, quizás sin nadie supervisando qué es lo que se está haciendo cuando se empieza a excavar en un terreno. Prestemos atención a quiénes están haciendo esto y si realmente están cuidando esta herencia” comenta.

Todas las canciones de Primero Fuimos Música se publican cada viernes en la cuenta de Spotify como sencillos y el disco completo estará subido en junio. Podés revisar el banco de sonidos en la cuenta de Bandcamp.

En la exposición «Primero fuimos música», podés ver y escuchar todos estos instrumentos y estará abierta al público hasta agosto de 2026 en los Museos del Banco Central de Costa Rica.

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