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Johnny García: leyenda de la escultura guanacasteca

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Las palmas de sus manos son blancas, quemadas por fraguar tanto cemento por décadas. Son esas manos blancas como la ciudad que él ama, Liberia, creadoras de la imagen del maestro Edgardo Baltodano Briceño, el compositor Héctor Zúñiga Rovira, el poeta Rodolfo “Fito” Salazar Solórzano y Bernabela Ramos Sequeira, madre de Santa Cruz.

Su cincel inmortalizó además, las estampas del toro El Oasis y El Malacrianza y delinearon monumentos a la carreta en Carrillo, el Amor de Temporada en Playas del Coco, la monta en el parque de Belén, a la marimba en Santa Cruz y a los mineros de Abangares.

Su obra también es conocida en Nicaragua donde le encargaron una semblanza de la Virgen de Guadalupe. En su amplio “portafolio” hay más de 60 piezas, todas sin excepción son reconocidas y por donde se pase el nombre del autor Johnny García Clachar es una analogía del arte guanacasteco hecho leyenda.

Ha sido homenajeado por la Asociación Cantonal de Cultura de Santa Cruz, la Universidad de San José, el Centro Literario de Guanacaste, el Concejo Municipal de Liberia, y el Museo de Arte Costarricense lo distinguió por dos años consecutivos con el primer lugar en Paisaje Rural, entre otro reconocimientos.

El escultor liberiano le da los últimos detalles al busto de la insigne maestra Isabel Brown, el cual pronto estará en la escuela de San Roque en Liberia.

A sus 78 años este incansable escultor liberiano guarda la inspiración intacta y en el patio de su casa, fabrica esas figuras que representan el auténtico sentir del guanacasteco.

Cuando llegamos a su casa, está junto a su hijo adoptivo Dennis Córdoba Pereira, quien le ayuda en sus trabajos, y al enterarse que queremos entrevistarlo de inmediato interrumpe sus labores y sale a recibirnos afectuosamente.

Mira creo que todas las esculturas hablan por mí. Son un legado para los guanacastecos. Yo todavía no me la creo que sea tan importante. He sido muy penoso y retraído, ahora ya vejestorio me he vuelto un poco más extrovertido”, asegura.

Mientras nos habla, noto el esfuerzo que hace para mantener la respiración junto a una bombita de salbutamol, la cual inhala constantemente y le lleva alivio a sus bronquios desgastados por el tabaco— vicio que dejó hace seis años.   

Su vena artística empezó a florecer a los 6 años dibujando sin parar en la Escuela Ascensión de Liberia, donde la maestra tenía que llamarle la atención constantemente para que se concentrara en las otras materias.

García retoca el boceto de una escultura de un auténtico sabanero, que le gustaría verla adornando algún rincón de la Ciudad Blanca.

En el Instituto de Guanacaste me topé con un profesor muy bueno Herman Knudsen Lardergren, de origen Alemán, quien me estimuló mucho y me dijo ‘le voy a dar óleo para que pinte’ y me dio las instrucciones para que pintara óleo. Luego salí del colegio y seguí haciendo rotulaciones”, cuenta.

La sombra del alcohol

Pero una vez que salió del colegio García se topó con el alcoholismo.

Yo le tenía miedo al alcohol porque mi padre había sido alcohólico y yo no quería nada con eso. En una salida con los compañeros, me pidieron un trago de ron colorado, cuando tuve ese trago en mi mano yo empecé a temblar de nervios y miedo. Fue como un presagio de que iba a ser alcohólico”, recuerda con tristeza.  

A partir de ahí su vida cambió y lo llevó a viajar sin rumbo fijo por todo el país, buscando trabajos ocasionales y durmiendo en cualquier parte.

Me dio la fuga geográfica que llaman los alcohólicos. Me iba para Puntarenas me ganaba unos pesillos, de repente me iba hasta Pérez Zeledón, Buenos Aires de Puntarenas, Golfito, Limón, San Carlos, hasta que me quedaba sin un cinco. Yo no entiendo por qué actuaba así”, relata.

Fue en la década del 70 que tuvo que ser hospitalizado porque ya el cuerpo estaba intoxicado por tanto alcohol. En el hospital y sedado por el diazepam empezó el proceso de recuperación.     

Una tía me fue a visitar al hospital, y me dio un consejo de que cuidara a mi mamá. Yo tuve que dejarlo para cuidar a mi madre, luego ella pudo morir con tranquilidad después de tanto daño que le hice”, dice.

Arte en ferrocemento

A partir de allí, García resolvió ocuparse de lleno en la escultura con la técnica del ferrocemento, la cual aprendió en uno de sus viajes a Limón y consiste en emplear el hierro y el cemento en la formación de estructuras.  

Es la técnica que más conozco, por la durabilidad que tiene, primero se hace la estructura, luego la malla y el cemento, ya luego comienza uno a darle detalles y el acabado final, ya sea animales o personajes”.

Además, García asegura que tiene memoria fotográfica y que de un recuerdo puede hacer una escultura utilizando la regla de tres como fórmula matemática para sacar las dimensiones.

Al preguntarle sobre lo que le falta por hacer, García dice que quiere hacer algo monumental, de grandes dimensiones. También le gustaría pintar de blanco todas las casas que están a lo largo de la Calle Real en Liberia. Además, le gustaría hacer un paseo con personajes liberianos y actualmente trabaja en un autorretrato doble de él como escultor sacándose de una piedra mientras escribe.

Estoy esperando que vengan más obras para sentirme más feliz. Quiero que me entierren en carreta, en una caja de esas baratas o de cartón y unas botas con tacones y un celular, por si revivo”, concluye sonriente.

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