Regional, Nicoya

Jorge Zeledón: el nicoyano que hace del cachimbo marimbas y buen son

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Cuando le pregunto a Jorge Zeledón si es cierto que es uno de los mejores marimbistas de Nicoya, él lo niega, pero hay un silencio después de su respuesta, una mirada nerviosa y un intento de sonrisa, que en el fondo me contestan que sus más de 50 años como músico no son de un ciudadano cualquiera.

Zeledón tiene muy presente su fecha de cumpleaños y con alegría cuenta que el 7 de julio cumplirá los 80 años; sin embargo, la cantidad de marimbas que ha construido en su vida es un tema del que ya perdió la cuenta.

Su gusto por la marimba no fue un pasatiempo que tuvo desde niño, ni una herencia de sus padres o abuelos. Su atracción ante este instrumento nació  a los 20 años, como una distracción en su tiempo libre.

 “Los vecinos míos tenían marimba, entonces ahí empezamos por el vacilón y empezamos sacando piecillas, y diay, ya después me fui aficionando a la marimba y no la solté más”, comenta el nicoyano entre risas. 

Conforme más practicaba, se dio cuenta que las canciones iban sonando cada vez mejor y al mismo tiempo empezaban a salir las contrataciones para tocar en fiestas con su grupo de amigos. 

“Nos empezaban a invitar a hacer toques y ahí íbamos con la marimbita al hombro. Es que en ese tiempo no habían ni carros, era solamente caballos, y así nos la llevábamos. Era una marimba de tres personas, entonces cada uno se llevaba una parte, porque era una marimba que estaba por piezas”, recuerda Zeledón.

 

De marimbista a lutier

Su agenda de eventos crecía, y Zeledón se dio cuenta que las marimbas necesitan reparaciones, habían notas que fallaban y no todas sonaban como al principio, por lo que decidió empezar a construir las propias.

Según el lutier– como son llamados quienes construyen o reparan instrumentos– la mejor madera para hacer marimbas es el cachimbo.

“Lo más difícil de hacer una marimba es tener oído para entonarla. Cualquier carpintero le puede hacer una marimba, pero darle el tono, no se lo da cualquiera”, explica Zeledón.

Con el tiempo, además de construir sus propias marimbas, fue haciendo otras para vender y así ganarse unos colones extras, que le ayudaban a su vida como agricultor.

Aunque nunca ha pasado por una escuela de música, Jorge Zeledón lleva este arte en sus venas y ha hecho un esfuerzo por esparcir la pasión por la marimba, pero asegura que cada vez son menos los jóvenes que sienten emoción por este instrumento.

A sus siete hijos les enseñó a tocar el instrumento de percusión, pero a ninguno lo logró cautivar como lo sedujo a él. 

“Casi todos aprendieron a tocar, pero ellos fueron tomando esto de la marimba como un maicerismo. Yo he invitado a hijos míos a hacer un toquesillo por ahí,  pero dicen: no, no, son maicerismos”, se ríe Zeledón. 

Con más de cinco décadas de estar amenizando las fiestas, Zeledón sabe que el tema “Espíritu guanacasteco” es la canción con la que puede arrancar cualquier fiesta y es de las más solicitadas pero para el nicoyano, cada vez son menos los festejos que solicitan marimba.

 “Hubo un tiempo en que a todas las fiestas iban las marimbas: a matrimonios, rosarios, todas las fiestas; pero a través del tiempo, ya en las escuelas fueron metiendo equipos de sonido, entonces ponían música disco y así se fue perdiendo el entusiasmo con la marimba”.

Cuando le pregunto qué es lo que más le emociona de tocar la marimba, vuelve a callar y baja la mirada, pero esta vez toma un impulso, coge sus bolillos y me dice: “lo que me gusta es ponerle sabor a la pieza. Si uno toca con pereza, la música no suena bien”, y segundos después hace que en su marimba suene el “Punto guanacasteco”.

Para información de marimbas: 2686-6636

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