Cultura, Visuales

Juan Carlos Zúñiga, artista de paisajes entre barro y fuego

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“Si hablo mucho, ahí me parás, mae” advierte Juan Carlos antes de charlar durante casi dos horas, mediante la plataforma virtual Zoom. A partir de ahí, empieza un recorrido por sus recuerdos, chistes y reflexiones, solo frenado de vez en cuando por una intermitente conexión a Internet.

Juan Carlos Zúñiga es un artista plástico nicoyano que mece su vida entre Heredia y Guanacaste, en ambas provincias vive y trabaja. La frase inicial de la plática también es un manifiesto: “yo soy hijo de barrio La Virginia”. En otras palabras, “yo soy hijo de Nicoya, soy hijo de Guanacaste”. 

Desde hace más de 10 años, Zúñiga inició un viaje en busca de su propio estilo en el  arte, que lo ha conducido por paisajes tanto personales como colectivos.

“Es mi paisaje, porque yo nací y crecí en Guanacaste. Entonces, es una historia personal que se proyecta al pasado, quiere mantener este presente y no quisiera perder los recuerdos”, cuenta. 

Yo no sabía qué tan guanacasteco era, y serlo no es solamente saberse una bomba o vestirse cierta fecha del año”.

“La hornada” es una instalación para la cual se utilizaron 150 kilos de barro formados en rosquillas para el montaje de la exposición Mestizo, su primera exposición individual, en 2019. Foto: Pablo Sibaja

La herencia del fuego

El papá de Juan Carlos era rotulista (trazaba letreros) y su mamá secretaria de la casa cural de Nicoya. 

Cuando era niño, después de la escuela visitaba a alguno de los dos en el trabajo. Cruzaba la plaza, frente a la iglesia colonial, para llegar donde su mamá y ver cómo vestían a los santos. Si no estaba ahí,  era porque acompañaba a su papá, mientras pintaba rótulos o paisajes. Otros días, los pasaba donde sus abuelos, en Corralillo de Nicoya. 

Ahí, en la cotidianidad del campo, entre hornos de barro y llanuras infinitas de zacate amarillo, nacieron las bases de su obra: lo religioso, lo colonial y lo cotidiano en la bajura.

“La Universidad viene a aportar otro componente, en cuanto a esa cuestión de diversidad de pensamiento. Tanta gente confluyendo en un solo lugar, hay como un choque ¿quién soy yo? ¿cuál es mi cultura? ¿adónde pertenezco? Entonces, empiezan a generarse ciertos cuestionamientos desde ahí también”.

Esas dudas le sirvieron de inspiración mientras estudiaba Arte y Comunicación Visual, en la Universidad Nacional de Heredia. Ahí puso en práctica su talento, con materiales que componen el panorama cultural y geográfico de Guanacaste: el barro, la ceniza, el cuero crudo y el fuego. 

“Yo creo que ese componente vivencial me exige mucho seguir en contacto, además de que lo necesito”. El contacto del que habla Juan Carlos ha sido menor en los últimos meses, debido al coronavirus no ha podido visitar tanto Nicoya para trabajar en cerámica. Foto: Pablo Sibaja

Según Juan Carlos, su abuela es la responsable de su amor por el horno de barro, donde cocina las piezas de cerámica. De ella obtuvo “el aporte del fuego”.

“Si uno se pone a ver, el fuego con el que se hacen tortillas hoy, ese fuego está encendido desde hace cientos de años en Guanacaste”, dice Juan Carlos.

Yo estoy tratando de plasmar una historia que no sólo es mía, es la de muchos guanacastecos. Creo que por ahí va esta idea, el paisaje es el testigo de todo”.

Una buena parte de su obra es una forma de rendir homenaje a su abuela, quien falleció mientras él hacía mucha de su investigación.

“Se muere y eso a mí me impacta mucho. Se me va una de las fuentes, como quien dice la principal. Entonces, diay, con ella muere todo, historias, etcétera”, recuerda.

El trabajo de Zúñiga, precisamente, busca documentar tradiciones y recuerdos de personas en la provincia, para que no se pierdan para siempre.

“Cuando una persona muere y no comparte su conocimiento, hasta ahí llega”.

Las piezas del artista incorporan materiales del paisaje como el zacate jaragua, cuero crudo que hace referencia a la herencia colonial y piezas de cerámica alusivas a la cultura chorotega. Foto: Pablo Sibaja

El paisaje que se aleja

“Se va diluyendo, se va diluyendo…” dijo Juan Carlos cuando pregunto sobre su paisaje.

La pérdida del patrimonio arquitectónico, las pocas actividades culturales -más allá de las festividades importantes de  la provincia-, son para el artista razones que desdibujan cada vez más la  Guanacaste que quisiera preservar en el tiempo.

El problema de lo cotidiano es eso, que es cotidiano. Es tan normal para los ojos, es tan automático, tan genérico, que cuando se va, tal vez no te va a hacer falta. Yo creo que hay que enseñar a revalorizar lo cotidiano”, asegura Zúñiga.

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