Nicoya

La Mansión: así era el pueblo fundado por cubanos antes de la Interamericana Norte

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Era La Mansión de la década de los 40´s y 50´s. Algunas de sus calles estaban “pavimentadas”, los buses hacían más de siete “carreras” diarias, las fiestas eran un “llenazo” y sus pobladores compartían con decenas de visitantes al día.

“Uno sentía que este lugar era más grande que Nicoya [hoy cabecera de cantón]”, dice Eladio Guevara mientras señala la plaza de La Mansión, donde a sus 12 años veía las corridas de toros.

La ubicación privilegiada de este pueblo lo hizo gozar del título del mayor centro comercial y social de la Península. Era el punto medio entre pueblos como Nicoya y Hojancha, con uno de los principales puertos de entrada y salida de mercancías de todo Guanacaste, Puerto Jesús.  

Todos pasaban por allí: comerciantes, familiares, pobladores vecinos. Su teatro, su cine, sus fondas y cantinas los recibían.

Hoy, casi 70 años después, a La Mansión solo le quedan recuerdos de “sus mejores tiempos”. Recuerdos que para los mansioneños, al menos para los mayores, definieron a este pueblo y que esperan que “ojalá” nunca se mueran.

Deslice el cursor que aparece en la imagen para ver el antes y el después de La Mansión.

¡Oye chico!

El pueblo le debe su existencia a Antonio Maceo Y Grajales, un revolucionario cubano al que el gobierno de la Costa Rica de 1891 le concedió el permiso para que él y 23 generales se instalaran en Guanacaste para huir de los españoles que estaban conquistando la isla.

Al espacio de tierra elegido le llamó “La Flor de Cuba”, en honor a un allegado suyo, pero más tarde pasó a llamarse “La Mansión”,  en alusión a la propia casa de Maceo, la primera en construirse en el pueblo.

Ese mismo año, pero meses más tarde, el gobierno le permitió a Maceo ingresar 100 familias cubanas más, que estarían en la zona hasta 1895 con el fin de prepararse para regresar a la isla de Cuba y continuar con la lucha independentista, que en ese momento se libraba en contra de la corona de España.  

La Mansión tomó forma con esos primeros cubanos, que definieron las primeras distribuciones de caseríos, comercio y plantaciones.

Ya en el siglo XX, unos 40 años después, los descendientes de esos primeros cubanos continuaron con este legado y siguieron con el ideal de construir un pueblo próspero.

El rey Puerto Jesús

“Me gustaba escuchar el sonido de las carretas”, recuerda uno de los pobladores, José Manzán, que para el año 1946 corría por el pueblo de La Mansión con unos cinco años.

Esas carretas tenían una única dirección: Puerto Jesús, que se encontraba a unos 20 km de La Mansión y desde donde entraba y salía casi toda la mercancía a la Península de Nicoya.

Desde el siglo XVI y hasta mediados del siglo XX las “carreteras” más importantes de Guanacaste eran los ríos, tanto el Tempisque, como el Bebedero y el Golfo de Nicoya.

Para esa época, los pueblos, como La Mansión, se fueron formando alrededor de ellos. Y los pueblos que estaban al interior, como Nicoya o como Santa Cruz, se encargaron de construir caminos hacia esas “carreteras de agua”.

A sus casi 84 años, el también poblador Rubaldo Batista, de ascendencia cubana, recuerda que el pueblo se dedicaba mayoritariamente a la siembra de arroz, frijoles y maíz, por lo que ver esas carretas cargadas de granos era lo más común.

Batista cuenta que su abuelo y su padre se dedicaron a esos menesteres. Las cosechas que su familia lograba las llevaban desde Puerto Jesús hasta Puntarenas para venderlas, como también hacían otras cientos de familias en el pueblo.

“El viaje en la lancha a Puntarenas podía durar unas tres horas. Yo me iba con papá algunas veces y vieras cuando uno pasaba ahí por la barrera de Chira [donde la corriente era más fuerte], el agua pasaba hasta por encima de la lancha en la que uno iba”, dice Batista.

Costa Rica enviaba sus productos al exterior por Puntarenas, el primer puerto más importante que tuvo el país y que para los habitantes de la Península resultó ser la puerta de entrada a la capital.

Además, el Centro Nacional de la Producción (CNP) instaló para esa época el único espacio de almacenamiento y compra de todas las cosechas de granos de la Península en La Mansión, lo que intensificó aún más la siembra y el movimiento comercial en la zona.

“Fue una actividad tan grande [la siembra de granos] que desde lo que es ahora la entrada a Hojancha por la carretera principal y hasta el Puente aquí de La Mansión eran esquivas de granos de maíz, frijoles y arroz lo que uno veía al lado de la carretera. No se daba abasto el transporte de esos granos”, recuerda el vecino de Mansión, José Manzán.

¡Vámonos al cine!

Esa ubicación intermedia entre Puerto Jesús y los pueblos de más adentro de la provincia  convirtió a La Mansión en el epicentro del comercio por excelencia.

“Aquí había de todo. La gente venía más bien a hacer las compras aquí. Era gente de Matina, de Hojancha, de Nicoya la que venía, de todos esos lados”, cuenta Guevara.

Era tanta la actividad, que las mejengas del fin de semana se alternaban con las tandas de cine y, más adelante, obras de teatro en el centro del pueblo.

El mansioneño Manzán asegura que el cine, en su mejor época, llegó a tener funciones viernes, sábados y domingos.

“Los sábados se iba al cine y cuando se salía al frente había una soda que todo mundo llegaba a comer o a tomarse un refresco”, dice.

Para los que no iban de paso, los bailes y nadar en las pozas o en el río Morote formaban también parte de la rutina.

“Hoy ese río le llega a uno como por las rodillas. Antes no se podía ni cruzar”, se ríe Guevara.

Interamericana transformadora

Durante 15 años (1942 a 1963) Costa Rica trabajó en la construcción de la ruta que atravesaría el territorio de extremo a extremo: la carretera Interamericana.

El país debía volver sus vías de comunicación más efectivas y trabajar en la construcción de una vía de transporte terrestre que uniera a todo el Continente.

Pero mientras la carretera tomaba cada vez más forma, el dinamismo de La Mansión caía. Se volvió más rápido transportar mercadería por los tramos de carretera que se iban inaugurando que por los ríos o los puertos como Puerto Jesús. Al mismo tiempo, se iniciaron mejoras en el camino que une a Nicoya con Liberia.

“Se empezó a ver menos gente. Ya no tenían que pasar por La Mansión, tomaban otras rutas. El CNP también cerró. Entonces los que vivíamos aquí nos quedamos, pero solo nosotros”, recuerda Batista.

Con los nuevos caminos también llegaron los camiones de carga al país y entraron en funcionamiento ferrys como el que atravesaba el río Tempisque que, incluso, permitían cruzar el río con los propios vehículos dentro del barco.

“Cuando abrieron esa trocha [La Interamericana] esto se murió”, lamenta Xinia Carrillo, otra mansioneña.

 

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