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La Nosara de antaño- Hacia adelante

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A medida que avanzaban los años 70, la vida en Nosara se convirtió no tanto en una sucesión de años con fechas precisas, sino en un conjunto de personas y episodios fuertemente grabado en mi memoria.

En un momento dado, volamos con un hombre que, lleno de orgulloso, nos mostraba un aparato de lo que él decía ser la primera calculadora. Este mismo señor estaba planeando construir una casa en las colinas donde vivía su anciano padre – en esos días creía que se era anciano a los 70 años de edad-.

La casa de este señor fue diseñada para tener una piscina y aire acondicionado y con todas las últimas comodidades en un lugar casi sin infraestructura, sin teléfono y con electricidad de vez en cuando. Afortunadamente el padre murió antes de que él se instalara en el solitario esplendor de la montaña.

Un año, una pareja de jubilados de Nueva Jersey apareció en el Club Pacifico (en un blog anterior lo llamé incorrectamente Hotel Playas de Nosara, que es la reencarnación moderna). Estas personas, que no tenían carro ni sabían cómo conducir, estaban construyendo una casa en la sección A con un hombre llamado Merritt Conway. Ellos se las habían ingeniado para traer desde los Estados Unidos a Nosara todos sus muebles de caoba oscura, libros y pinturas. Durante toda esa temporada, Jim Rondigen los llevaban ida y vuelta desde su casa de ensueño hasta el hotel, pero la casa fue abandonada al año siguiente y ahora solo queda su esqueleto.

Un contratista, notablemente sexista incluso para aquellos tiempos, y también de Nueva Jersey, se presentó con su esposa a quien maltrataba, una mujer que planeaba abrir, escuchen bien, un negocio de ropa. El contratista le contaba en voz alta a todos aquellos que no podía escapar de él, sus elaborados planes para Nosara, pero a diferencia de la mayoría de los de su clase, quienes se quedan solo con las palabras, construyó una casa en la Sección C que esta ocupada hasta el día de hoy. Esta pareja nunca regresó.

También recuerdo cuando Hutchinson trajo un profesor de tenis de Long Island y, caminando sin hacer nada por un día, me los encontré planeando las canchas de tenis comunitarias que al día de hoy, son las mejor diseñadas en la zona de Nosara. Con muy pocos jugadores en esos días, las canchas habrían colapsado, de no ser por los años de una labor de amor dada por los primeros colonos extranjeros, Dos y Maury Elstun. Mucho tiempo después de que Maury murió, Dos mantuvo el tenis vivo y hoy es honrado por el Torneo anual Dos Elstun en el próspero club de tenis de Nosara.

Pero las cosas comenzaron a desmoronarse a mediados de los 70 y las relaciones entre el desarrollador Hutchinson y los pioneros se intoxicaron. Él había prometido un campo de golf, había prometido que todas las tierras de pastura que estaban al norte de la carretera cerca de Pelada serían siempre salvajes. En lugar de los pagos atrasados que​ les debía, Hutchinson dio toda aquella tierra, y mucha más en otros lugares, a Jim Rondigen.

Hutchinson había prometido muchas cosas que no podía entregar, se había ido y el Club Pacífico se había demolido. Las Playas de Nosara estaba en un gran problema, pero de alguna manera sobrevivió.

Con ningún desarrollador a la vista, ninguna ayuda municipal, sin servicio de la policía ni servicio eléctrico o de agua confiable, y sin el mantenimiento de carreteras, los inversores originales formaron en 1975 la Asociación Cívica de Nosara, la misma que acaba de celebrar sus 40 años de aniversario y que es en gran parte responsable del hecho de que Nosara sea todavía verde y aún no haya experimentado la vista de los hoteles monstruosos que existen en algunas playa que cubren el resto de Guanacaste.

Recaudamos fondos para luchar en la corte con Hutchinson para que entregue las tierras y, hete aquí, ganamos la demanda por Incumplimiento del Contrato y así nació «Amigos de Nosara”,  una sociedad de accionistas para recibir las propiedades de Hutchinson que habíamos ganado. Con los años estas propiedades se convirtieron en parques y lotes, en gran medida entregadas a la NCA. Siendo esto Nosara, y a pesar de varias decisiones judiciales que favorecen a la NCA, la propiedad de estas tierras sigue siendo objeto de controversia.

Una preocupación constante era que el Club Pacifico había colapsado, no había un lugar central para definir las Playas de Nosara. Así que algunos habitantes de gran espíritu se reunieron bajo el liderazgo de gente como Will Scarlett, George Baumunk y George Miller y formaron una compañía diseñada para construir el Hotel Playas de Nosara, un lugar que esperaban que también sirva como un centro comunitario. Se contrató a John Fraser y Gene Talboy para construir y gestionar el nuevo edificio, vendiendo acciones a $ 800 cada uno – Terry y yo tuvimos tres acciones que fueron compradas por Fraser años atrás – y la construcción comenzó, creo que en 1979. En el momento en que el hotel fue abierto al público a principios de los 80, Talboy se había ido y Fraser, liderando una Junta débil y dócil, manejaba un hotel disfuncional en uno de los sitios más hermosos de Guanacaste. A día de hoy, ya no opera, pero sus torres inacabadas siguen erguidas, y al parecer, en este momento esta atravesando una nueva fase de construcción. Nunca se pudo determinar si el Hotel Playas de Nosara estaba en proceso de ser construido o ser derribado.

El último acto aún no se ha presentado, pero algunas de las primeras escenas no tienen precio.

 

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