Turismo

Las cataratas escondidas de Cerro Pelado

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Hay tres cataratas en las faldas de Cerro Pelado que hoy le robarán el protagonismo al famoso cerro de Cañas.

Nuestra expedición hacia ellas comienza en la entrada al pueblo de Jabilla de Cañas, dónde nos encontramos a quien será nuestro guía por las próximas ocho horas, Roberto Azofeifa, de Adventures Xtreme.

Es la misma entrada que conduce hacia el parqueo principal de Cerro Pelado, solo que para la aventura debemos continuar por unos dos kilómetros más desde ese punto, hasta la entrada de una finca privada para la que Azofeifa tiene todos los permisos de ingreso.

Desde la entrada ya cargamos un casco, un arnés, guantes y una cuerda para lo que nos espera. Así caminamos unos 200 metros hacia la primera inyección de adrenalina: una pared de piedra de unos 80 metros, que es tan alta que hay que inclinarse hacia atrás para ver el tope, desde la base.

Por ser verano, solo pudimos ver un hilo de agua caer entre las piedras, pero no por eso es menos impresionante. Según nos cuenta Azofeifa, en invierno la pared se cubre de una catarata. La humedad que todavía guardan las rocas y lo verde de los árboles que rodean el lugar dan fe de que así es.

Azofeifa la llama El Pirata Rojo, en honor al apodo de un amigo con el que descubrió el lugar.

En ese punto, nuestro guía nos deja muy claro que la aventura apenas inicia y que si tuviéramos más experiencia en el mundo del rapel, la hubiéramos descendido. “Esto es para gente apasionada de la naturaleza y los deportes extremos”, nos dice.   

De hecho, la principal recomendación para quien quiera realizar un tour de este tipo es tener una condición física de nivel medio a experto.

Continuamos unos 150 metros desde El Pirata Rojo hasta el lugar donde sí podemos hacer rapel. La distancia parece poca, pero el camino es empinado y lleno de hojas que dan la sensación de estar caminando sobre un piso enjabonado. La clave para continuar está en sujetarse de las raíces y los troncos de los árboles que abundan en el trillo.

Una vez en la cima, Cerro Pelado nos anuncia que estamos en sus dominios y se asoma a lo lejos.

Azofeifa nos cuenta que de lunes a viernes es profesor en Tilarán y que espera ansioso todos los fines de semana para hacer esto, “lo que más le gusta”. Desde 1995 explora los terrenos cercanos al cerro y desde marzo del 2018 cuenta con todos los papeles en regla para hacer, con su empresa, este tipo de tours.

Azofeifa guarda silencio y se concentra. Luego, dice en voz alta a qué árbol va a amarrar la cuerda de seguridad que nos permitirá descender unos 35 metros de altura. También nos explica de los nudos que llevan las cuerdas para sujetar el arnés a ellas. A esa especie de ritual, Azofeifa lo llama “perfección”. Y es que nada puede quedar mal, porque de eso depende la vida de cada uno.

“Voy a probar todo yo primero”, nos dice con seguridad, y desciende.

Dos profesionales más, incluido un cruzrojista, acompañan siempre a Azofeifa en cada expedición que realiza, para hacer una revisión doble del equipo y del lugar.

A la espera del turno de cada uno, el sonido del viento entre los árboles y las chicharras nos recuerdan que estamos en medio del bosque (también la cantidad de todo tipo de mosquitos).

Ya en el descenso hay que poner una mano por encima y otra por debajo del nudo que nos queda a la altura de la cintura y que está hecho con la cuerda que nos llevará seguros hasta el piso. Deslizarse hacia abajo es lento, controlado, con los pies separados y casi sentado. No se requiere fuerza, pero la falta de práctica lo hace a uno tensar los músculos con cada metro.

Superada la primera prueba, nos dirigimos a otra catarata de menor altura. Ya llevamos tres horas de tour y todavía falta. Por eso hay que traer por lo menos dos litros de agua y alguna fruta.

Esta segunda caída de agua es de unos 20 metros y está ubicada entre dos paredes de roca, como una especie de cañón.

 

La sombra del lugar nos permite descansar por unos 15 minutos para preparamos para la caminata hacia la catarata final. Azofeifa la llama “La Escondida”, aunque asegura que entre los vecinos de la zona es más conocida como “Las Delicias”.

Para llegar hasta la poza que se forma con la caída de agua hay que hacer un “descenso asistido”. A diferencia del rapel, aquí debemos usar las manos y los pies para agarrarnos de la montaña y poder descender. Además, la bajada no es en vertical, sino con una pequeña inclinación. Igual vamos sujetados a una cuerda, por seguridad.

Bajamos 30 metros y la belleza del paisaje nos hace guardar silencio. La fuerza de la catarata y la poza que se hace a sus pies nos termina de recordar por qué quisimos conocer esta cara desconocida de Cerro Pelado: solo somos nosotros y la naturaleza.

Son lugares que casi nadie conoce, y que cuando lo conocen apoyan el turismo local y rural”, comenta Azofeifa ya saliendo de la montaña.

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