Cultura, Deportes

Las mejengas de los domingos que unen a las comunidades

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Jugar al fútbol no es sólo “hacer un deporte”, es compartir una pasión sin importar la clase social ni la nacionalidad.  La fiebre futbolera nace en los potreros y campos de juego más humildes, es coraje, corazón y amor por el deporte, y es una excelente razón para vencer estigmas sociales.

En el cantón de Nicoya, los fines de semana son para sacarse el estrés y conocer a sus vecinos con una buena mejenga de barrio. En muchos casos el once titular sale de memoria, en otros la alineación se improvisa y hasta el árbitro que se consigue pita  en sandalias. Pero lo que más llama la atención son los equipos formados con integrantes de diversas nacionalidades y que bajo el color del fútbol hacen una identidad.

Un ejemplo de esta variedad cultural es el Deportivo Desastres, combinado futbolístico de veteranos y jóvenes de Sámara, Playa Carrillo y Playa Guiones, que adoptó ese nombre irónico porque “todos somos un desastre”, cuenta sonriente Martín Bargo, uno de sus integrantes más recientes.

Fernando Carré y José Roldán, ambos argentinos, son los fundadores del equipo que tiene unos 15 años de haberse formado, anteriormente se le conocía con el nombre de Los Ches, porque la mayoría eran argentinos y más recientemente como Los Internacionales, por la diversidad de nacionalidades.

Actualmente, la alineación la componen siete argentinos, dos costarricenses, dos españoles, un italiano, un francés y un libanés, en edades que van desde los 32 y hasta los 63 años.

Cuando el equipo está completo, juegan fútbol 11, si no fútbol 5. Algunos de los sobrenombres más populares en cancha son: El Bati, Fer, Pachi, Robi y Tincho. De más está decir que todos son mejengueros profesionales.

Fútbol que ayuda a la comunidad

El Deportivo Desastres participa de encuentros amistosos casi todos los fines de semana, y en cada encuentro, a través de la compra de comidas o bebidas, se recauda dinero para apoyar a las comunidades.

Un ejemplo de ello fueron los partidos organizados el sábado 13 de diciembre en Santa Elena, donde se jugaron cuatro partidos. La actividad recaudó unos ¢250.000, dinero con el cual se compran balones, uniformes, y le dan mantenimiento a la plaza de deportes.

Otras veces, los fondos son utilizados para hacer mejoras en la comunidad o para ayudar a algún vecino necesitado. Tal es el caso de un vecino de Gamalotal quien tenía cáncer y que gracias a lo recaudado con la venta de comidas, la Asociación de Desarrollo de la zona pudo comprar los medicamentos y apoyarlo económicamente.  

Es así que la pasión por las mejengas de los domingos seguirá uniendo a las comunidades, llevando al fútbol más allá del deporte y la recreación, para crear un sentido de pertenencia entre vecinos y mejorar la calidad de vida de los pueblos.

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