General, Estilo de vida

Los otros = Nosotros

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Pocas son las actividades humanas que podemos realizar sin involucrarnos con otros. Irónicamente, a pesar de ello, solemos obviar lo importante que es vivir unidos y en paz con quienes compartimos el espacio. Pareciera que en estos días el individualismo exacerbado se premia con cierta aura de exclusividad o éxito mal asumido.

Me gusta pensar que aún tenemos conciencia colectiva, que ponderamos lo colectivo por encima de lo individual, que tomamos todas nuestras decisiones considerando cómo éstas podrían afectar a otros, cercanos o no, pero con alguna relación al fin. Vivimos en un mundo con recursos limitados, y lo que es peor, limitamos también los valores: la solidaridad, la empatía, el amor -sin adjetivos-, el respeto y la tolerancia parecen productos de una exclusiva tienda, con acceso limitado para muchos que prefieren no ver la realidad de otros,  no incomodarse, no ver más allá de lo aparente.

Cuando podemos compartir con otros algunos privilegios -quizás inmerecidos- sacrificando un poco de ellos, damos a conocer nuestra verdadera naturaleza. Justo no es un nombre común, tampoco un apellido, menos una realidad. Asumimos como propios y vitalicios, como derechos sacrosantos, privilegios desmedidos caídos del cielo, nublando nuestra visión y viciando nuestra acción. Perdemos el norte de las cosas cuando sentimos que merecemos algo por lo que no hemos trabajado sin importar quienes pierdan por nuestra causa. Parece que no basta vivir como se quiere a costas de otros; además hay que exigir a otros que vivan igual. El egoísmo tiene raíces tan profundas que nunca alcanzamos verlas completas, y una sociedad egoísta estará siempre condenada al fracaso.

El desinterés por los otros, por esos que parecen lejanos pero vemos a diario, nos encierra en una falsa burbuja tan frágil como nuestra visión. En Costa Rica los grupos son cada vez más pequeños, las sonrisas cada vez más condicionadas y la confianza parece escasear al punto de volvernos violentos en cuestión de segundos. El recuerdo me confunde y algunas veces siento que no vivo en el mismo país de  1995. ¿De veras podemos cambiar tanto tan pronto? Ahora para muchos lo público siempre es “malo”, tanto que el transporte no es una opción para quienes disponen de un carro al precio que sea. La escuela y el colegio público son refugio para desvalidos,  para esos cuyos nombres no sabemos porque el privilegio no los alcanzó; el último recurso para unos, el único para otros. Tristemente parece que decidimos vivir enajenados, cómodos, sin mucha gana de conocer a otros porque son eso, otros; porque que no se nos  parecen.  Tenemos miedo a lo nuevo, a ver en caras ajenas nuestro reflejo sumido en otra realidad. La entereza y la coherencia no son valores difíciles de practicar, lo difícil es lidiar con quienes no la comprenden y miran solo cuanto les conviene.

Termino de escribir esto en medio de vendedores que palidecen bajo el sol inclemente y decenas de viajeros que también aguardan el bus. Tres encienden a la vez. Tanto ruido confunde y todos nos levantamos de los escaños, enfilamos hacia las puertas, contamos las monedas y subimos a los camiones que viajan por caminos distintos que mañana regresarán al mismo sitio del que hoy salimos Nosotros, no los otros.

 

 

 

 

 

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