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Los viernes por la noche son de bailes latinos en Nicoya

Para muchas personas los planes de viernes por la noche son para tomarse unas cervecitas,  hacer una carne asada, o bien, aprovechar para ir al playa; sin embargo, para muchos nicoyanos ese tiempo es para ir a hacer Latin Dance Fitness.

Desde el mes de julio, el gimnasio del Polideportivo de Nicoya se llena todos los viernes a las 7 p.m.,  con más de 150 vecinos de la zona, quienes se apuntan a pegarse una bailada y a la vez, perder algunos kilitos demás.

Las lecciones  se imparten gratuitamente y son una iniciativa del Instituto Costarricense del Deportes y la Recreación (Icoder). Además, son dirigidas por el profesor Harold Chinchilla, quien es el alma de la fiesta.

Como si fuese un verdadero rockstar –aunque de alguna forma lo es- Harold hace su entrada triunfal  minutos antes de la hora pactada, en donde los asistentes lo acaparan para saludarlo y el hombre reparte besos y abrazos como buen anfitrión.

Flacos, gordos, muchachas, señoras, niños y todo  al que quiera ponerle nombre, son parte de la asistencia de los días de Latin Dance Fitness,  y aunque la mayoría  de los participantes le llaman zumba, Chinchilla prefiere nombrarlo así pues por ahora no cuenta con la certificación de estilo.

Muchos llegan solos y hacen amigos, pero la mayoría llegan acompañados. Tal es el caso de Abraham Goldenberg, quien siempre llega junto a su esposa Silvia Pinar.

“Me encanta el zumba y venimos a hacer zumba aquí y a otros lugares de manera privada. Tenemos más de año y medio de practicar zumba. La zumba nos ha ayudado a ponernos en forma y tener mejor condición física”,  comentó Goldenberg.

Otro caso es el de Mercedes Blanco, quien tiene un mes de asistir a las clases a raíz de una invitación de una vecina; ahora asiste al baile en compañía de seis amigas.

“Es un ejercicio bastante movido, ayuda a los brazos y a las piernas; además es dinámico y no es como estar frente a una máquina. La clase es muy divertida y bastante movida y siempre venimos juntas, nos encanta”,  expresó Blanco.

Sudando en la pista

Cuando el instructor se sube al escenario y toma el micrófono todos los participantes saben que es momento de escoger espacio y prepararse para la dura rutina de casi hora y media; no obstante, el entusiasmo mancomunado hace del momento pura diversión.

“El que no suda es porque no está haciendo nada”, dice el profesor por los parlantes, quien no se equivoca, pues más de cien cuerpos en movimiento, más de una hora de baile y una agitada rutina no pasan en vano.

La clase está sujeta a sorpresas, ya que algunos días son en la cancha, otros días son en las gradas del gimnasio y siempre las coreografías y la música son diferentes.

“Estas clases son una buena oportunidad para hacer ejercicio y la gente no tiene que pagar nada; la rutina siempre es variada. Creo que con un buen plan de alimentación también mucha gente puede perder peso”, explicó Chinchilla.

Conforme el baile avanza, en vez de que los ánimos bajen, las ganas aumentan y más si la siguiente canción en sonar es una cumbia, porque no faltan los aplausos y los gritos guanacastecos.

Chinchilla además de animar al público lanza alguno que otro chistecillo y comentario sarcástico que divierten el entrenamiento. “¡Agáchense bien! ¡Levanten bien esos brazos! Si no lo hacen bien, no van a bajar la panza”, grita el instructor.

Para cerrar la jornada y no deshidratarse los bailarines reciben agua y frutas de manera gratuita, que ayudarán a dar energía para el retorno a casa.

De acuerdo con Chinchilla en el último mes llegaron unas 180 personas, pero asegura que ese número podría llegar a los 200, debido a lo bien que la pasan las personas y además, porque no deben pagar nada.

¿Y usted no se anima a mover el esqueleto?

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