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Los millonarios desvergonzados y la provincia con hambre, ¿es así el turismo en Guanacaste?

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Traductora: Arianna Hernández

“Vamos a decirles a los señores millonarios que no sean tan desvergonzados. Que dejen de estar construyendo hoteles de siete estrellas en una provincia que conoce del hambre”. 

La polémica frase de la candidata a vicepresidenta por el Frente Amplio, Patricia Mora, fue publicada en Facebook por la aspirante a diputación por Guanacaste, Suray Carrillo. 

El 17 de enero Carrillo publicó el video donde Mora hablaba, pero se viralizó una semana después cuando varios medios lo recompartieron.

A la crítica al modelo turístico desarrollado en la provincia se sumó otra declaración de Carrillo, quien durante el debate organizado por GuanaNoticias cuestionó la necesidad de invertir en el Aeropuerto Daniel Oduber de Liberia. Dijo que los guanacastecos no lo usan “ni para ir a San José”.

Varios partidos políticos, la Cámara de Turismo de Guanacaste (Caturgua) y muchas personas en redes sociales reprocharon a las candidatas por referirse a un tema sensible para la provincia: más de 13 mil trabajadores del sector turismo perdieron su empleo en Guanacaste tras el inicio de la pandemia, según los datos de la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

El Frente Amplio se apresuró a lanzar un comunicado de prensa para ampliar su posición sobre esas declaraciones y reafirmar su apoyo a potenciar el desarrollo turístico en la provincia.

¿Tienen razón o no las frenteamplistas? La Voz conversó con profesionales en turismo, progreso social y desarrollo sostenible para averiguarlo.

El nacimiento de un modelo desigual

Según el profesor catedrático en Universidad Nacional de Costa Rica, Esteban Barboza, el problema inicial de la controversia es que el país debate “en blanco y negro”.

El turismo como actividad económica es un fenómeno muy complejo y multidimensional. Por eso no se puede ni satanizar ni ensalzar la palabra turismo”, explica Barboza.

Barboza considera que el turismo sí ha traído desarrollo económico y empleo, pero que podría generarse de manera más equitativa. Así lo concluyó tras una investigación a profundidad que plasmó en su libro ‘Las playas imaginadas: turismo, imaginarios y discurso colonial en Guanacaste’, donde explica cómo nace el megaturismo de la provincia.

“El problema con el modelo de desarrollo turístico que se ha implantado aquí en Guanacaste es que por su propia naturaleza es un modelo extractivista (que implica la explotación de los recursos naturales y el deterioro en la calidad de vida de las regiones)”, afirma el catedrático.

Según Barboza, este modelo inició tras la crisis de la prestación de servicios (como la salud, la educación y la distribución de la riqueza) por parte del Estado en los años 80. En ese entonces los gobiernos atrajeron inversión extranjera directa e impulsaron la creación de polos turísticos gestionados en enclaves, es decir, administrados por entes privados que y en uso de los recursos públicos.

El mayor problema de esto, según Barboza, es que el grueso de las ganancias que generan quienes administran los polos turísticos se reparten entre empresarios que no son de Guanacaste, y en la mayoría de los casos ni siquiera del país. En otros casos evaden el pago de impuestos sobre las riquezas que generan en los territorios. 

Un ejemplo de ello en la provincia es que los mayores inversionistas de Papagayo refugiaron dinero y transacciones en paraísos fiscales como Bahamas, Islas Vírgenes Británicas y Gran Caimán, según reveló una investigación del 2017 de La Voz de Guanacaste.

La Marina Papagayo es parte de los desarrollos dentro del Polo Turístico Golfo de Papagayo (PTGP). El área es administrada por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) desde hace más de 46 años. Foto: César Arroyo

“No se trata de decir si el modelo de sol y playa es nocivo, sino que hay que analizar la forma en que el modelo se dió”, subraya el investigador.

Potenciar comunidades con turismo

Desde el año 2017 el Incae Business School y el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) evalúan el Índice de Progreso Social (IPS) de los 32 Centros de Desarrollo Turístico contemplados en el Plan Nacional de Turismo 2017-2021

Son similares a los IPS cantonales, que evalúan el desempeño social y ambiental de los cantones en tres dimensiones: necesidades humanas básicas, fundamentos de bienestar y oportunidades. A ello se suman doce componentes como nutrición y cuidados médicos, agua y saneamiento y vivienda.

Los resultados les permiten determinar qué retos enfrenta el Estado para lograr superar desafíos y qué programas o acciones deberían diseñar para que ese índice mejore año tras año.

Uno de los hallazgos de las evaluaciones a los desarrollos turísticos es que la mayoría tiene un IPS superior a la medición del cantón al que pertenecen. Por ejemplo, el IPS de Punta Islita fue de 73,9 en 2019 mientras que el de su cantón, Nandayure, fue de 69,8. 

Pero esto no se cumple en todos los centros, por ejemplo, los IPS en centros de desarrollo turístico como Tamarindo (69,9) y Conchal (65,6) están por debajo del IPS de su cantón: Santa Cruz (73,3).

En 2018, los vecinos de Playa Tamarindo y Playa Callejones estaban preocupados por la ausencia de la policía municipal en sus comunidades. Foto: Eka Mora

El director del Índice de Progreso Social para América Latina del Incae Business School, Jaime García, explica que uno de los propósitos de los IPS de centros turísticos también es identificar rezagos en esas comunidades.

En Conchal, por ejemplo, notaron que los rubros más bajos son: intolerancia hacia a los migrantes, violencia contra las mujeres, trata de personas, poca participación electoral y las personas no sienten que se puedan asociar.

Dentro de los aspectos positivos, García resalta que los desarrollos mejoran la conectividad, acceso a agua, electricidad y la calidad de la vivienda. También mejoran el acceso a educación primaria y secundaria, y son fuentes de atracción de capital humano (valor económico por las habilidades profesionales de una persona).

Si no hubiera turismo no habría más que más que el sector agrícola o pesquero. Lo que sí hemos visto es que hay diferencias importantes dependiendo del destino turístico y de cómo yo administre el centro turístico, cómo yo me relacione con la comunidad”, aclara García.

El IPS en los Centros Turísticos de Costa Rica 2019 muestra una tarjeta de color de acuerdo a los resultados para cada uno de los centros. 

  • Verde significa que su IPS se desempeña bastante mejor que el resto.
  • Amarillo cuando es neutral.
  • Rojo cuando está por debajo de  los resultados de los demás.

Ninguno de los Centros Turísticos de Guanacaste alcanza el IPS de color verde. El de mayor puntuación es Papagayo con 74,19. 

Los destinos del país con los puntajes más altos son La Fortuna (77,88), Monteverde (77,74) y San Vito (77,69). 

García destaca que en estos destinos las comunidades tienen una importante incidencia con asociaciones de desarrollo y cooperativas bastante sólidas, lo cual disminuye en el resto de los destinos turísticos, especialmente de Guanacaste.

“No hay una relación directa entre la inversión extranjera directa, el aumento de turistas, el aumento de infraestructura hotelera y los indicadores de bienestar social —critica Esteban Barboza— lo cual desmiente que este tipo de turismo sea la la panacea para la pobreza histórica que ha que ha arrastrado Guanacaste”.

Un turismo que mire hacia adentro

Barboza apunta que el modelo turístico de Costa Rica y Guanacaste no está diseñado para el público nacional, sino que es un modelo que ‘ve hacia afuera’, lo cual lo hace muy vulnerable a los vaivenes geopolíticos, económicos, desastres y los impactos que pueden provocar enfermedades como el COVID-19. 

¿Cuándo nosotros los costarricenses hacemos turismo? A fin y a principio de año, Semana Santa, vacaciones de medio año y listo. Todo el sistema laboral costarricense está diseñado para que nosotros no sostengamos la actividad turística”, señala.

La apuesta por el turismo internacional va en crecida. Durante el 2019 el aeropuerto Daniel Oduber registró 599.433 llegadas, el 19,09% del total de ingresos al país. Y en junio del 2021 recuperó el volumen de pasajeros que recibía desde antes de la pandemia. 

Otro punto con el cual el investigador de la UNA es crítico sobre este modelo es la forma en la que la población local queda por fuera, por ejemplo, el sector inmobiliario.

En la región Chorotega el desempleo llegó al 30,5% en el tercer trimestre del 2020 según los resultados de la Encuesta Continua de Empleo del INEC.

Ese mismo año en Guanacaste se tramitaron 1.173.318 metros cuadrados en permisos de construcción según datos del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA), lo cual la hizo la tercera provincia con mayor metros cuadrados tramitados después de Alajuela y San José. Algunos de los lotes en proyectos residenciales pueden rondar el millón de dólares

“Es importante entender la gran brecha que existe entre las necesidades que están pasando las poblaciones locales debido a esta crisis y la bonanza que hay en el sector inmobiliario”, apunta Barboza.

El Polo Turístico Golfo de Papagayo (PTGP) es administrado por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT). Foto: César Arroyo

Una de las consecuencias de esta gran demanda, explica él, es que poner el énfasis a la atracción de grandes inversionistas extranjeros automáticamente genera exclusión de las poblaciones locales.

No solamente la cuestión del enclave hotelero, sino también del enclave residencial. Que demanda una mayor cantidad de tierra para hacer proyectos que automáticamente disparan el precio de los de los de los terreno” afirma Barboza.

Este es uno de los aspectos que también señala Marviva en su Atlas del Golfo de Nicoya. En su capítulo sobre problemáticas que pueden potenciar la gestión turística critica que “el éxito del turismo en algunos sitios ha llevado al desplazamiento de personas locales, ante el aumento en la plusvalía de la tierra”.

Otro punto importante que menciona el atlas es que el desarrollo urbanístico descontrolado ha impactado el ambiente, principalmente por la falta de planes reguladores costeros completos y actualizados.

Eso genera que se otorguen permisos constructivos aún cuando no hay estudios de impacto ambiental, disponibilidad de agua, problemas asociados como el mal manejo de aguas servidas y de los residuos sólidos.

La Coordinadora de Acción Climática del Centro para la Sostenibilidad Urbana, Jessie Vega, menciona que es urgente que este modelo de turismo de gran infraestructura se desarrolle en armonía con el ambiente, por ejemplo, que se diseñen los edificios tomando en cuenta las condiciones climáticas, aprovechando los recursos naturales (sol, vegetación, lluvia, vientos). 

Si se hace de esta forma, llamada arquitectura bioclimática, los desarrollos dependerían menos de aires acondicionados, generarían menos emisiones, consumirían menos energía y no interrumpirían los procesos biológicos de las especies y los ecosistemas en los cuales está inmersos.

“Esperaría que en 2030, máximo en 2050, todas las construcciones se hagan con criterios de sostenibilidad y aplicando soluciones basadas en la naturaleza. Son conceptos que están muy en boga pero todavía hay una gran brecha entre lo que se dice y lo que se hace”, explica Vega.

En los distintos planes de gobierno de los candidatos a la presidencia a menudo proponen potenciar otros modelos turísticos de menor escala, como el rural comunitario.

La Voz consultó al ICT sobre la cantidad de recursos que destina la institución al desarrollo de este modelo, pero afirman que ‘debido a que la estructura del presupuesto institucional se plantea de manera general para atender a todo el sector turístico del país como conjunto, no es posible determinar este monto’.

Barboza señala que generalmente se ve este tipo de modelos como alternativas, pero siempre sin cuestionar el modelo turístico dominante.

Ni en el peor momento de la pandemia se les ocurrió a ellos pensar en algunas reformas de índole estructural, sino que solo pegaron parches mientras se arregla esto”, apunta.

Por su lado, Jaime García, del Incae, señala que la clave no está solamente en el sector privado sino en una estrategia conjunta, y rescata una frase del exdirector ejecutivo de la Organización Mundial de Turismo, Márcio Favilla Lucca de Paula. 

Según García, cuando Favilla conoció el IPS turístico de Costa Rica dijo: “No queremos hoteles de cinco estrellas en comunidades de una estrella”.

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