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Mitos de duendes y serpientes envuelven el Cerro de La Cruz

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Si usted es nicoyano de seguro lo conoce, o quizás, hasta ha trepado el popular Cerro de La Cruz, ubicado a unos cuantos kilómetros al sur de la ciudad, donde cada nicoyano guarda un recuerdo por sus relatos fantásticos, mitos y cuentos misteriosos.

Las historias son muchas y como casi siempre ocurre con las narraciones de cada pueblo, cada uno le agrega o le pone un matiz distinto al relato, haciéndolo más impresionante e inverosímil.

Algunos cuentan que en el cerro aparecían duendes que extraviaban a los visitantes por senderos secretos, otros hablan de una serpiente que yace dormida en las entrañas de la montaña a la que no hay que despertar.

Además, hay quienes mencionan que la montaña es en realidad la última frontera maya y que en su interior hay un “volcán de agua” que está lleno de varios litros del líquido vital los cuales de vaciarse traerían calamidades a la ciudad.

Cada 3 de mayo, en el cerro se celebra la Fiesta de las Cruces o también llamada la “Cruz de Mayo” en donde los peregrinos recorren la montaña para celebrar una misa en la cima. La mayoría de personas que asisten a esta celebración lo hacen por fe; sin embargo, algunos lo hacen por temor a que despierte una supuesta serpiente mitológica que se encuentra dormida.

Juan Rolando Rodríguez ha vivido en carne propia lo que cuentan las leyendas de la famosa montaña nicoyana. En 1992 compró la Finca El Cerro de La Cruz, con el propósito de sembrar árboles nativos de la zona.

Rodríguez recuerda que las 52 hectáreas de la propiedad se las adquirió a Carlos Quiros Albino quien en aquel entonces la usaba para la ganadería y que solo se podía accesar a su cumbre por la “panza”, es decir por su borde.

Rodríguez comentó que el actual camino o trocha que existe en el cerro lo hizo junto a su ex suegro Daniel Vargas quienes juntos “abrieron la montaña” en 1992. La idea de hacer el camino era permitir el ingreso de las personas a la cumbre del cerro y que además, tuvieran un acceso menos peligroso hasta la Cruz, pues es conocido que en los senderos hay mucha cascabel.

Según cuenta Rodríguez desde que adquirió la finca se ha topado con distintas situaciones controversiales que le han causado varios sustos y contratiempos. El nicoyano asegura que él vio el vuelo de los pterodáctilos, unas aves prehistóricas enormes similares a los zopilotes con alas y picos puntiagudos, de patas grandes, y con el pescuezo más largo de lo común. “Eran idénticos a los pájaros gigantes del Periodo Jurasico”, comenta Rodríguez.

Rodríguez decidió en 1996 construir su Casa-Taller, el cual hasta hoy está ubicado cerca de la cumbre del cerro, para dedicarse a trabajar en sus esculturas y escribir sus poemas. Inspirado en el paisaje del cerro y sus vivencias amorosas, Rodríguez editó en el 2009 “Montaña y Pasión” su primera edición de poemas.

Dijo que su taller también ha sido escenario de eventos inusuales debido a que en varias ocasiones lo asustaron o presenció cosas fuera de lo común, como la vez en que Rodríguez cuenta que descansaba en su cama tras un largo día de trabajo y presenció la llegada de un espíritu maligno que llegó a buscarlo y lo seguía: “tenía manos peludas, huesudas, sucias y con grandes uñas”, recordó.

La historia de la Cruz

De acuerdo al nicoyano Mario Rojas Cárdenas, y su compilación Apuntes sobre la historia de la Parroquia de Nicoya y el Templo Colonia, se considera al año 1544 como la fecha original de la fundación de la parroquia de Nicoya, por lo que es probable que las primeras tres cruces originales de madera que se encontraban en el cerro se establecieron en años posteriores a esa fecha.

En 1950, la Iglesia Católica de Nicoya junto a los vecinos de la zona, colocaron una cruz “moderna”, hecha de tubo de cañería de 3 pulgadas de diámetro y que actualmente mantiene parte de la estructura y cuenta con trozos de metal que le dan peso y soporte.

Quienes madrugan para visitar hoy el cerro y su cruz pueden disfrutar de un trayecto lleno de aire de naturaleza, recorrer escuchando el canto de las aves y hasta poder ver algún mono congo o aullador trepando la montaña, mientras contemplan una de las mejores vistas panorámicas de la Ciudad Colonial.

El Cerro de La Cruz continúa hasta hoy imponente susurrando sus leyendas a los viajeros que lo visitan y representa un símbolo de la historia y orgullo de los nicoyanos.

 

 

CUENTO DEL CERRO DE LA CRUZ

AUTOR: JUAN ROLANDO RODRIGUEZ

 Los Huevos de Serpiente. La leyenda indica que un sacerdote Jesuita en tiempos de la colonia enterró un huevo gigante en México su capital, otro en Managua y un tercero en el Cerro La Cruz. De estos nacieron tres gigantescas culebras las cuales vivirían dormidas por una eternidad, siempre y cuando se realizasen los ritos de la misa los días 3 de Mayo. El terremoto de Nicoya de 1954 dicen que fue porque no se celebró misa.

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