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Mujeres de Cuajiniquil en La Cruz restauran su manglar

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Cerca del centro de Cuajiniquil, a unos 30 minutos del centro de La Cruz, encontramos un paisaje de contrastes. Por un lado, las pequeñas hojas de mangle verdes crecen con fuerza y, por el otro, persiste un terreno semidesértico con pocos rastros de lo que alguna vez fue vida.

La vecina de la comunidad Argerie Cruz cuenta que hace más de 30 años, una cooperativa salinera estuvo instalada en el mismo lugar que hoy visitamos. La empresa quebró y dejó un manglar destruido. La salinera había eliminado todos los árboles de mangle. 

Además, pese a estar en contacto con el mar, los manglares dependen del agua dulce para desarrollarse, por lo que un incremento en los niveles de sal del agua altera los procesos físicos y fisiológicos del ecosistema.

Hay que darle vida a esto que está como un desierto”, dice otra vecina, Carmen Cortés, mientras señala un árbol de mangle escarchado por el exceso de mineral.

Esta no es la única comunidad que perdió sus manglares en el país. De hecho, un informe del 2018 liderado por el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) señala que, entre los años 1980 y 2013, Costa Rica perdió el 43% del área de manglares, lo equivalente a unas 27.000 canchas de fútbol. 

Las actividades como la instalación de salineras y la deforestación para la agricultura y la ganadería son las principales culpables de la pérdida de hectáreas de manglar en el país, indica el informe. Existen registros de que la extracción de sal sucede desde 1500 pero no fue hasta 1977 que el país la reguló con la llamada ley de Fomento Salinero.

Estela Alemán es la presidenta de un grupo de 23 mujeres que quieren revertir esa pérdida de manglares. Dice que ella y otras mujeres de la comunidad venden pan de maíz, gallina achiotada y tamales, para vivir. Con el manglar, las opciones de conseguir nuevas fuentes para el grupo, se incrementarían.

Argerie Cruz y Carmen Cortés también pertenecen a ese grupo. Hace casi dos años comenzaron a trabajar para restaurar las siete hectáreas destruidas por la salinera. En parte, creen que el manglar puede ayudarles a mejorar sus ingresos, por la gran cantidad de alimento marino que producen. 

Este es el primer plan piloto del país liderado por el Sinac en coordinación con la Fundación Neotrópica, el Instituto de Ecología, Pesquería y Oceanografía del Golfo de México de la Universidad Autónoma de Campeche (UAC), y el financiamiento del Fondo Francés para el Medio Ambiente Mundial. También se lleva a cabo en el Humedal Estero Puntarenas y en el Humedal Nacional Térraba-Sierpe.

Lo que estamos haciendo es reforestando [sembrando árboles de mangle] y haciendo unos canales para permitir el flujo rápido del agua en el manglar durante las mareas”, explicó la bióloga del Área de Conservación Guanacaste (ACG), María Marta Chavarría.

Las mujeres del grupo y otros miembros de la comunidad fueron contratados por las instituciones para cavar las zanjas y para la siembra de las matas de mangle, entre otras tareas.

Podemos decir que el trabajo es como con bisturí [por la precisión], porque ahí no podemos meter maquinaria. De ahí la necesidad de trabajar con la comunidad”, continuó Chavarría.

“Sin manglar no hay pesca”

Los beneficios de los manglares son ambientales y económicos. Un informe del Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca) asegura que por cada siete hectáreas de manglar, unas 70 familias logran alimentarse, gracias a la extracción y venta de pianguas y otros moluscos. 

Esta es una de las motivaciones principales de la comunidad de Cuajiniquil para restaurarlo. “Si no hay manglares, no hay pesca”, dice Alemán y agrega que los manglares son criaderos de peces que, bien cuidados, permitirán una producción permanente de alimento. 

Lo que estamos buscando es un equilibrio: comemos lo que el manglar produce pero también lo protegemos. Al final, es nuestra obligación, porque nosotros mismos acabamos con lo que teníamos”, dice. 

En otras comunidades de Guanacaste, los beneficios de los manglares para el bolsillo de los pobladores también es evidente. En el Golfo de Nicoya, estos ecosistemas generan la mitad de las pianguas comercializadas a nivel nacional, una actividad que es realizada por unas 1.000 personas, 40% de ellas mujeres.

Estos ecosistemas, además, funcionan  como “escudos” de protección para las costas de fuertes vientos y de las mareas.

El Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible señaló en su informe del 2017 que los manglares amortiguaron el impacto del huracán Otto , absorbiendo gran parte de las lluvias y vientos. En Guanacaste, Otto afectó a seis de los 11 cantones y fue catalogado por las autoridades como el huracán más destructivo y mortífero que ha golpeado al país.

Los humedales retienen los excesos de precipitación y escorrentía. Asimismo, cumplen una función al retener sedimentos”, cita el documento.

Por buen camino

Chavarría, de la ACG, dice que en solo dos años, el proyecto ya tiene resultados visibles, como la cantidad de matas de manglar que continuaron su proceso de crecimiento y ver agua corriendo por los canales.

“Entendiendo la importancia del manglar, uno ve eso y se llena de esperanza”, comenta Chavarría.

La bióloga asegura que este mismo proceso se puede replicar en otros manglares de la provincia y del país. Con esta experiencia cree que podrán trabajar eventualmente en un protocolo nacional de restauración de manglares. 

El país se comprometió a restaurar 725 hectáreas de ecosistemas de manglar en los próximos dos años, según la Estrategia Nacional de Biodiversidad. Pero de nada sirven todos los esfuerzos si el país no paraliza la “degradación”, dice la coordinadora del Programa Nacional de Humedales del Sinac, Jacklyn Rivera. 

Hoy la gestión llega tarde, cuando ya el cambio es demasiado evidente. Si tuviéramos un sistema de monitoreo más periódico le da más chance a la administración para que actúe. Pero nos damos cuenta cuando se perdieron 50 hectáreas de manglar”, admite Rivera.

Mientras, Alemán, Cruz y Cortés imaginan cómo sería un futuro con el manglar restaurado. “¿Se imagina poder hacer un mercado de comidas, como un restaurante, y usar lo que el manglar nos da? Para eso estamos trabajando ”, dice Alemán.

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