Santa Cruz

Nivel del mar en Tamarindo podría elevarse hasta casi un metro en 80 años

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Para el año 2090, el estero y manglar que dividen a Tamarindo de Playa Grande estarán inundados por lo menos bajo casi un metro de agua. El investigador y oceanógrafo Melvin Lizano, de la Universidad de Costa Rica (UCR), lo detalla así en un estudio que está próximo a publicarse.

El aumento en el nivel del mar ocurrirá de forma paulatina y continua, dice el estudio. Para el año 2030, el nivel de inundación será de 20 centímetros, aumentando a 30 centímetros en el año 50 y a 82 centímetros en el 2100. 

Pero no habrá que esperar 80 años para ver evidencias. En Tamarindo, los árboles con sus raíces expuestas a lo largo de la costa reflejan un proceso de erosión y sedimentación casi que sin retorno. Un indicio de que el aumento en el nivel del mar ya está afectando la costa. 

Según el investigador de la UCR, serán “contadas” las playas que no sufrirán afectaciones de este tipo en las próximas décadas. Por ejemplo, el estudio también dibuja otros dos escenarios de inundación en Guanacaste: Los Mangos (también conocida como Torito) y Cambute en el distrito de Sámara, y el centro de Playas del Coco. 

La principal causa de este comportamiento es el aumento en la temperatura del planeta, que termina por derretir los grandes bloques de hielo de los polos llamados glaciares, dice Lizano. “Usted tiene un vaso con agua a un dedo de que se derrame. Agarra una pelota de hielo y se la echa al vaso. Una hora después el hielo se derrite y el agua se desborda. Es la misma mecánica en el mar”, agrega el especialista. 

Los océanos del mundo nunca han sido tan calientes como ahora. El más reciente estudio publicado en la revista Advances in Atmospheric Science y conducido por 11 instituciones científicas de China y Estados Unidos, revela que el cambio climático llevó las temperaturas del océano a un nuevo extremo en el 2019. 

La cantidad de calor que hemos puesto en los océanos del mundo en los últimos 25 años equivale a 3.600 millones de explosiones de bombas atómicas como las de Hiroshima”, señaló Lijing Cheng, autor principal del estudio. 

Así se protegen las costas… por ahora

“Actualmente, el mar de Tamarindo está chupando la arena, dejando la costa cada vez con menos material”, explica el consultor en temas ambientales, Daniel Loría, quien realizó un estudio del comportamiento del mar a petición del hotel Capitán Suizo en esa costa. 

Si bien el estudio no contempla las variables del cambio climático, sí es una guía para entender los escenarios futuros.

El gerente del desarrollo hotelero de Capitán Suizo, Urs Schmid, percibe que poco a poco, el área de zona pública (50 metros) entre el hotel y la playa se está disminuyendo, representando en el largo plazo una consecuencia además de ambiental, económica.

“Sé de varios hoteles y restaurantes que están con la misma problemática y que de alguna forma están tratando de hacer algo”, comentó Schmid.

El hotel decidió proteger los árboles de la costa y al mismo edificio con un muro de troncos que pretende frenar el fuerte oleaje. Aunque intentaron tramitar un permiso para construir un muro de gaviones (usualmente hecho de piedras y malla metálica), el concejo municipal se los negó por estar en zona marítimo terrestre. 

Otros vecinos de la comunidad, empresarios y locales, también están replicando la práctica de los troncos para mitigar el impacto de las olas. 

Sabemos que cualquier construcción en zona marítimo terrestre (ZMT) es un tema delicado para la municipalidad, pero [los regidores] solo negaron el permiso y no pensaron en una solución más allá de eso”, comentó el gerente. 

Como agua por su casa

Los escenarios que dibuja Lizano, de la UCR, en su estudio son contundentes: la costa como la conocemos no será la misma en diez años más. 

El mar llegará a áreas donde antes no llegaba. Sabemos que la geografía va a cambiar según las simulaciones con los datos actuales. Datos que podrían cambiar y agravar aún más la situación”, comentó el investigador.

Para las tres zonas estudiadas, las inundaciones comenzarán por los esteros y las desembocaduras de los ríos, e irán avanzando. 

Siempre cuando hay una zona de estero por ahí ingresa el agua y el nivel empieza a aumentar. Si el estero se llena, entonces el agua va a buscar a dónde escurre de manera más fácil”, explicó Lizano.

El informe señala que las inundaciones en esas comunidades no solo estarán ligadas a un aumento en las temperaturas del mar, sino también a otros comportamientos naturales como el fenómeno del Niño o las tormentas a mar abierto, que con el cambio climático podrían intensificarse y complicar aún más el panorama.

Los árboles con las raíces expuestas a lo largo de la costa reflejan un proceso de erosión y sedimentación casi que sin retorno. Crédito: Mari Arango

 

Parches como solución

Los investigadores consultados para este reportaje coinciden en que, para minimizar los impactos futuros tanto de comercios como de comunidades de la costa, el trabajo de los gobiernos locales debe iniciar ya. 

Pero la realidad es muy distinta. Santa Cruz, la costa más extensa de la provincia (con 94,5 km), no tiene ningún plan. Onías Contreras, coordinador del departamento de Zona Marítimo Terrestre admitió que no tiene ningún proyecto pensado ni discutido sobre la afectación del cambio climático en la costa. Por ende, tampoco tiene acciones que minimicen el riesgo para los pobladores.

“Sí participamos en reuniones con otras organizaciones que abarcan este tipo de temas”, dijo Contreras.

Otras instituciones, como la Cámara de Turismo de Guanacaste (Caturgua) reconocen la necesidad de entender y atacar el aumento del nivel mar para minimizar los impactos en la principal actividad económica de la provincia: el turismo. Sin embargo, los esfuerzos se quedan en capacitaciones macro, según la misma presidenta de la agrupación, Rebeca Álvarez.

“Hemos visto el tema de la sequía y el aprovechamiento del agua. Es decir, temas generales, no algo tan específico como el tema de costas”, agrega Álvarez.  

Futuro desalentador

Adaptarse a los cambios es el reto. Y para eso, la planificación es esencial, reconoce los investigadores Lizano y Loría. 

A criterio de ellos, elaborar planes reguladores que contemplen los escenarios del aumento del nivel del mar sería la solución más eficiente. Pero Lizano asegura que, a la fecha, ningún plan a nivel nacional lo hace. 

Un plan regulador es un documento que permite el ordenamiento territorial de una zona (dónde se puede construir, establecer un negocio o una zona pública, según las necesidades ambientales), de un cantón o de una costa. Las municipalidades pueden elaborarlos con ayuda de asociaciones de desarrollo y alianzas público privadas. 

Este tipo de planes les ayuda a las munis a preguntarse en qué zonas dar permisos de construcción o exigir cambios en los planos como que una casa se construya sobre pilotes. 

En Nicoya, el coordinador del Departamento de Control Constructivo y Obra Pública de la muni, Josué Ruiz, explicó que el plan regulador de la costa de Sámara es del año 1981, y que desde entonces no ha sufrido ninguna modificación. 

El gobierno local tampoco tiene planes de iniciar un nuevo proceso de plan regulador en Sámara, pues en este momento está llevando los procesos de Nosara y Nicoya. 

“Eventualmente va a haber una crisis de afectación a la zona pública y de cambio drástico que ninguno de los municipios lo ve venir y que tampoco lo están contemplando”, comentó el consultor Daniel Loría. 

En Santa Cruz, por ejemplo,  menos de la mitad de la costa (35,5 km) cuenta con un plan regulador. “Nos queda un buen tramo de áreas por concesionar [en la costa] debido a la falta de planes reguladores. Hay una incapacidad administrativa por parte de la municipalidad para implementarlos”, admitió Contreras, del departamento de ZMT. 

“¿Cuánto dinero nos ahorraríamos si tuviéramos la cultura de prevenir?”, finalizó Lizano. 

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