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Parrandera: la banda sonora de la fiesta guanacasteca

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No hay que ser muy entendido para imaginar que un ritmo musical que se llame “Parrandera” es una bomba de alegría y de sabor. Tampoco hay que ser muy astuto para saber que cuando esa música suena, la gente “agarra flojera y ganas de bailar”, como dirían Los de la Bajura.

Ahorita usted puede creer que está leyendo sobre un género desconocido pero esta música está tan arraigada en la provincia que se escucha en las montaderas, las mascaradas o en cualquier fiesta de pueblo. (No hay chance de que no la haya escuchado).

¿Quién las inventó?

Las parranderas son resultado de la fusión de la cultura aborigen, española y afrodescendiente. Así lo explica el músico, investigador y catedrático de la Universidad de Costa Rica, Raziel Acevedo.

 

 

Esta música es compuesta en una estructura rítmica de seis octavos (seis tiempos de corchea por compás). Esta base es comúnmente utilizada en las marchas militares. La introdujeron los españoles cuando llegaron a América, contó el investigador.

La inmigración de los africanos al continente, le introdujeron a las parranderas una serie de acentos sincopados, que tienen la función de acentuar los ritmos débiles como si fueran fuertes. Es de esta combinación que nace la construcción de este género: no se puede atribuir la creación a algún autor en específico, sino a la época, explicó Acevedo.

Aunque esta base musical es utilizada en muchos países con otros nombres (en México se le llama son y en Argentina chacarera), la parrandera guanacasteca tiene la particularidad de que es mucho más rápida.

En San José y otros lugares aledaños a la capital, las cimarronas tocan una música similar,  pero es conocida como “tambito”. La diferencia entre ambos, es que la parrandera requiere un ritmo más acelerado.

Redoble, platillos y bombazo

Cuando una parrandera comienza, en la mayoría de los casos, se escucha el redoble de los tambores que imitan el momento en que se encendía la mecha de una bombeta. Luego suena el platillo, asemejando el sonido que provoca el fuego cuando llega al tubo de metal en el que se introduce la pólvora. Al final, termina con el bombazo que lo logra el bombo.

De acuerdo con el director de la Banda de Conciertos de Guanacaste, Ronald Estrada, al igual que esa introducción, hay muchos toques de ordenanza militar que están incluidos en las parranderas, pues en esa época no había micrófonos ni parlantes y con la música se daban las señales.

Con el tiempo, en las fiestas callejeras, los músicos alegraban al pueblo con estos ritmos y se armaban las “parrandas” (la fiesta). De ahí viene su nombre.

Según el director, para tocar una parrandera no pueden faltar los redoblantes, los platillos, el bombo, las trompetas y los trombones. También se pueden adicionar  saxofones, clarinetes el bajo y hasta se puede tocar con una orquesta completa.

Así lo hace la Banda de Concierto de Guanacaste, que todos los jueves de cada semana llevan su repertorio de parranderas a las escuelas y colegios públicos de la provincia, para enseñarle esta música a las nuevas generaciones.

Canciones como  “El Chunco”, “Pajarita” “Don Tobías Sanabria”, “Fidela”, “El Brinco del Sapo”, y “Charío”, son algunas de las muestras con las que este género sigue alegrando las parrandas de Guanacaste.

Para la compositora Guadalupe Urbina, aunque las parranderas tienen influencia de distintas corrientes culturales, son parte de la identidad guanacasteca y, en esencia, son una muestra del folclor que está vivo y se nutre con el tiempo.

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