Medio Ambiente

Por amor a lo orgánico

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La demanda por comida producida orgánicamente ha aumentado tanto en la zona local como a nivel nacional e internacional. Cada semana se realizan ferias de comida orgánica en Sámara y Nosara, y ambos pueblos cuentan con tiendas y restaurantes que ofrecen alimentos orgánicos.

A medida que crece la demanda, sin embargo, crece la preocupación con respecto al abastecimiento, pues, incapaces de cubrir la demanda, algunos proveedores han sido acusados de comprar frutas y vegetales convencionales para luego revenderlos como “orgánicos”.

La Voz decidió indagar con mayor profundidad las diferencias y posibles beneficios de la agricultura orgánica, la cual se produce sin pesticidas sintéticos o químicos, fertilizantes tóxicos o aditivos, y así averiguar qué necesita un granjero para obtener la certificación adecuada.

El certificado fue promovido por un decreto ejecutivo publicado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) en setiembre del 2000. En el decreto se promueve y regula la producción de vegetales y frutas orgánicas en Costa Rica, y establece los pasos a seguir para el proceso de certificación y reconocimiento internacional. El decreto indica: “Que la agricultura orgánica es de suma importancia para el país en relación con la salud de la población, la conservación del ambiente, la generación de fuentes de empleo y el mejoramiento de la calidad de vida de los seres humanos”.

Orgánica: certificada o no

Primus Lab es una de las compañías en Costa Rica que ofrece la certificación para la agricultura orgánica. Humberto González, quién se encuentra a cargo del laboratorio, nos explicó que: “El proceso depende de la norma de referencia y tipo de cultivo. Bajo el reglamento Nacional el productor debe cumplir con el período de conversión de tres años o documentar el no uso de sustancias prohibidas por este tiempo, solicitar a una certificadora la certificación, completar el formulario y abonar la tarifa. El precio depende de la certificadora y la norma. Por ejemplo: tenemos un proyecto de 14 productores cuyo costo final es de 1400 dólares en total, incluyendo gastos. Tenemos productores individuales que pagan 500 dólares. El precio es anual”.

No obstante, el precio resulta un gran impedimento para los pequeños productores locales. Por ejemplo, Cheri Takaki, quién se ha dedicado a la agricultura orgánica por los últimos 7 años en Santa Teresita de Nosara, no ha podido certificarse. Ella vende col rizada (Kale) y una mezcla de diferentes clases de lechuga para ensalada como también otros productos para su uso personal.

“Guanacaste no es la mejor área para sembrar lo que produzco”, ella nos contó, “el arroz, el maíz, los frijoles y las frutas como la papaya y el banano crecen bien acá, pero la lechuga prefiere un clima más frío”.

Como el clima no es el óptimo, Takaki nos indicó que ella debe sembrar una gran cantidad para recoger una pequeña cosecha. Ella también debe recoger la lechuga mientras esta aún no está “madura”. De otra forma, debido al calor, la lechuga puede marchitarse, morir, o desarrollar un sabor agrio. Otro desafío es el tiempo que le toma regar a mano la siembra, pues actualmente no cuenta con un servicio de irrigación. Ya que el riego a mano le puede tomar de 2 a 3 horas, ella decidió reducir su producción a la mitad. Limitada en estos aspectos, Takaki vende sus productos a los vecinos del área.

La mamá de Eden Akerson ha realizado una feria de comida orgánica durante 15 años en Tambor, Montezuma y Malpaís, la parte sur de la península de Nicoya. Hace dos años y medio, Akerson comenzó el Organic Market en Nosara, por petición de algunas personas en el área. Esta feria se lleva a cabo todos los martes cerca de la entrada de Playa Guiones. Ella también provee de comida orgánica a clientes y negocios en las áreas de Nosara y Sámara.

Akerson indicó que muchos de sus productos provienen de agricultores en Escazú, los cuales están certificados por las marcas Feria Verde o Apodar. En estos casos, los agricultores trabajan en conjunto con la compañía para asegurarse que no existan químicos o tóxicos en el suelo o en el agua, y así producir con toda seguridad comida orgánica.

Akerson también nos explicó que estos agricultores usan como fertilizante abono orgánico y pesticidas sin químicos que no dañen las plantas para controlar las plagas. Por ejemplo, se usa ceniza contra las babosas; pimienta roja y ajo contra lagartijas y saltamontes.

Más allá de la certificación, Akerson nos señaló otras diferencias que caracterizan a la producción orgánica.

Por ejemplo, ella dijo que nunca compra bananos verdes porque la agricultura orgánica usualmente se recoge “madura”. Sus proveedores recogen los vegetales y las frutas los lunes, y ella los recibe el mismo día por la noche o el martes por la mañana. Por lo tanto, si un vegetal no se encuentra en temporada, este jamás estará disponible como “orgánico”. Ella nos advirtió que cualquier persona que venda mangos orgánicos cuando no es temporada de mangos, está mintiendo.

Otras diferencias que ella y su hija Jazmín nos indicaron es que las manzanas orgánicas son más pequeñas; los ojos de la cáscara de la piña orgánica son más pequeños y que las hojas del repollo no-orgánico brillan más y están más sueltas porque están cosechadas artificialmente.

Un clima templado, como el de Escazú, Cartago, Zarcero, Turrialba o Tilarán, favorece la agricultura orgánica, pues en estos lugares hay menos plagas de lagartijas y bichos que puedan comerse la cosecha.

Además, la tierra en estos lugares no ha sufrido el daño ocasionado por la quema o la ganadería de engorde, como en Guanacaste. “Algunos están certificados y otros no por el alto costo”, ella nos aseguró, “Algunos productores locales que conozco producen comida orgánica, pero no cuentan con la certificación y nunca lo harán”.

Costo versus beneficio — ¿Por qué elegir lo orgánico?

La producción orgánica requiere más tiempo y acarrea menos rédito, lo que puede resultar en precios más elevados. Sin embargo, representantes de las tiendas y restaurantes locales nos aseguraron que están trabajando en disminuir la percepción de que la comida orgánica es muy costosa. Por ejemplo, Angelina Phillips, dueña de Samara Organics, nos comentó: “Tratamos de mantener nuestros precios bajos, lo cual significa que no hay mucha ganancia en lo que hacemos, pero pensamos que es importante que esta comida sea accesible para todos”.

De la misma forma, Akerson indicó que la mayoría de sus clientes son extranjeros, pues los ticos piensan que los precios de esta comida son más altos. Su meta al mantener bajos los precios es cambiar esa mentalidad.

No obstante, a pesar de la diferencia en el costo, algunos prefieren la comida orgánica por muchas razones. Takaki, por ejemplo, resumió el motivo de su preferencia en cuatro razones: “básicamente porque trata bien a la tierra, no envenena la naturaleza, y yo siento que es más saludable y sabe mejor”.

Por otro lado, cuando se trata de diferencias nutricionales y beneficios a la salud, la evidencia científica es escasa. En setiembre del 2012, un estudio publicado en Annals of Internal Medicine por la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford encontró poca evidencia que confirmara que los vegetales y las frutas producidas orgánicamente contenga más nutritivos que aquellos producidos de manera convencional. Sin embargo, los investigadores sí indicaron que el consumir comida orgánica puede reducir la exposición a toxinas y residuos de pesticidas, así como a bacterias inmunes a los antibióticos.

Desde un punto de vista profesional y ambiental, Gonzales de Primus Labs, indicó que la agricultura orgánica “reduce el consumo de agroquímicos, estimula una producción más limpia, apoya a pequeños productores y, sobre todo, reduce el impacto ambiental en la producción”.

Al preguntarle a Akerson cuál es la diferencia entre la producción orgánica y la convencional, qué hace a la primera mejor, ella va a la cocina y prepara un plato con frutas y vegetales para que probemos. La manzana en el centro del plato es pequeña, pero desborda de sabor; la vainica y los chiles dulces son crujientes y sabrosos; la zanahoria es incluso más dulce que una normal. Akerson dijo: “uno puede saborear la diferencia”.

 

 

¿Cuáles frutas y verduras tienen la mayor cantidad de toxinas y residuos de pesticidas?

De acuerdo a la Agencia de Drogas y Alimentos de E.E.U.U (FDA, por sus siglas en inglés), las frutas y vegetales que contienen la mayor cantidad de toxinas y residuos de pesticidas, incluso después de lavarlos, son las fresas, manzanas, el culantro, chile dulce, duraznos, mandarinas, uvas, espinaca, lechuga, pepino, papas, arándanos, arvejas, col rizada y otros vegetales verdes.

 

 

Aclaración

Este articulo fue modificado. En la version original se menciona que Eden Akerson tiene el mercado orgánico Rainbow (Arcoiris) los días martes en la entrada principal de Playa Guiones. Akerson, quien es propietaria de la S.A Rainbow Organic, recientemente cambió el nombre de su mercado por Eden Orgánico debido a la confusión generada entre su negocio y el de su anterior socio, Terry Blumes, quien maneja la página web rainboworganic.cr la cual hace entregas en varias comunidades del área de Nosara

 

 

 

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