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“Por nuestra voluntad”, capítulo 6: Nicaragua y Costa Rica

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En estas páginas he estado escribiendo sobre la tradicional y precolombina región llamada Gran Nicoya, que incluía todo Guanacaste y se extendía al norte, pasando por Lago Nicaragua hasta la ciudad de León. A medida que los cientos de años se sucedían, los habitantes de la región, que incluye parte de las actuales Costa Rica y Nicaragua, pasaron de hablar sus lenguas autóctonas para hablar español.

Sus países tenían playas en ambas costas, volcanes y temblores, tierras bajas calientes y tierras altas frescas. En la opinión de este escritor, lo que marcó la diferencia fue la llegada del primer europeo Gil González Dávila al Pacífico de Centroamérica, quién compró 11 esclavos africanos en Panamá a Pedrarias Dávila, el administrador colonial; y los llevó a la recién fundada Nicaragua (1).

Algunos reportes posteriores reflejan que Gil era dueño de 200 esclavos indios en Panamá,  que eran una fuente de mano de obra que se reducía rápidamente debido a las enfermedades europeas, o producto del esparcimiento de esclavos africanos.

 

Es que la diferencia más pronunciada en la historia entre Nicaragua y Costa Rica, está señalada por la esclavitud.

 

La conquista española de Nicaragua fue completa y brutal (2), en contraste, la Costa Rica de finales del siglo 16 estaba poco poblada y con poca posesión económica y comercial. Por lo tanto, la esclavitud, cuando existió en Costa Rica, fue practicada por los pocos y exóticos adinerados, mientras que en Nicaragua se convirtió en la columna vertebral durante los siguientes 250 años.

 

Ilustración trata de esclavos en Centroamérica.

 

Además, con las proclamaciones contradictorias de la iglesia católica sobre la esclavitud, ésta floreció hasta 1824; año en que Nicaragua declaró ilegal la esclavitud. El gobierno de Nicaragua siempre ha sido autoritario, y Costa Rica, a pesar de su historia con varios dictadores, mayormente se administró con una democracia rural; mientras que su vecino casi siempre se encontraba en caos y guerra civil.

Sin embargo, al considerar las diferencias de identidad nacional entre Costa Rica y Nicaragua, la posición de la esclavitud solía actuar como una metáfora para las diferencias culturales que se acumularon después de la conquista española.

 

Pensemos a la integración de Guanacaste a la cultura e historia costarricense desde el ángulo opuesto: imagine la integración de Costa Rica a la historia de Guanacaste, basada en la dinámica de las disputas fronterizas, las ambiciones territoriales de William Walker y especialmente en que, históricamente, las fronteras de un país tienden a ser el teatro de los mayores conflictos de una nación que, en retorno, moldean de manera distintiva la identidad nacional.

 

Hagamos un rápido repaso: en el siglo 18 algunas familias en el área de Rivas- en el corazón de la sociedad colonial Nicaragüense– empezaron a establecer sus casas y fincas en toda el área del norte de la Península de Nicoya, en el triángulo que conectaba al partido de Bagaces, Nicoya y Rivas. El lugar fue llamado Guanacaste en honor al gran árbol que crece en la zona. En 1824 el territorio de Guanacaste fue anexado a Costa Rica. En 1836 el pueblo de Guanacaste fue declarado la capital de la provincia de Guanacaste, y luego fue renombrado como Liberia en 1854.
Mientras que en el siglo 19 evolucionaba un consenso en la élite costarricense con respecto a la historia de sus orígenes, el sentido común de ese período fue darle énfasis a dos culturas diferentes pero también compatibles: “democracia agraria” y la  gloria de los orígenes europeos.

La tesis de la democracia agraria está basada en la noción de la modestia, la cooperación del pueblo con la riqueza distribuida en el país, basado en el esfuerzo progresivo y práctico del siglo 18 y 19 para poblarlo de agricultores modestos y terratenientes.

Esto era distinto en el resto de Centroamérica, donde los gobiernos y oligarquías tendían a ser centralizadas, no democráticas, menos modernas y con grandes plantaciones trabajadas por esclavos.

Pero Guanacaste, con sus raíces antiguas como la Gran Nicoya, con un paisaje y pueblo transicional en medio de las culturas del Valle Central y el Lago Nicaragua, siempre ha capturado el drama y romance de una mezcla racial de la sociedad fronteriza.

La visión alternativa era que Costa Rica sea un país europeo “blanco”, validado por la invención del gobierno de tradiciones que reforzaban el rol de un socio confiable de intercambio teniendo prestigio en capital extranjero. De hecho, el presidente estadounidense William Howard Taft llamó a Costa Rica “la suiza de Latinoamérica” en 1912 mientras que Nicaragua, ahora y en aquel momento, mantiene una reputación de inestabilidad y pobreza controlada por sus gobiernos autoritarios.

 

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1) Chamberlain, R.,The Conquest and Colonization of Honduras 1502-1550,  Washington, D.C.: Carnegie Institution of Washington, 1953.

2) Drescher, S., “Abolition of Atlantic Slave Trade,” Princeton Companion to Atlantic History, Princeton University Press, 2015, pp. 57–59.

 

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