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¿Cómo salvar la ganadería? Un grupo de productores en Guanacaste le apuesta a la regeneración del suelo

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Traductora: Arianna Hernández

Javier Baltodano se agacha y parte con sus dedos un pedazo de boñiga seca. Lo mira con atención y su cara muestra algo de ilusión cuando ve una diminuta mancha blanca que crece como una telaraña. “Ahí vienen, ahí vienen”, susurra mientras señala lo que parece filamentos de hongo.

Desde hace menos de un año empezó a cambiar la alimentación de su ganado y a utilizar abonos orgánicos en el suelo de su finca. Con ello busca recuperar microorganismos que descompongan el estiércol en poco tiempo y devuelvan pronto esos nutrientes al suelo. 

Entre más rápido se descomponga la boñiga en los pastos, más certeza tiene de que se acerca al modelo de ganadería que añora. Y esos hongos en la boñiga son un síntoma de que lo está logrando. 

 

La supervivencia y rentabilidad de la ganadería penden de una cuerda floja por los altos precios de los insumos y la crisis climática.

El director de la sede de Nicoya del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), Carlos Briceño, explica que está cambiando el paradigma para quienes consideraban que la sostenibilidad del ambiente era para soñadores. 

“Ya no se puede comprar un saco de abono (por sus altos precios). Antes era más romanticismo. Ahora es una necesidad”, enfatiza Briceño.

Este no es un problema nuevo en la provincia. Entre los años 2014 y 2016 Guanacaste sufrió la peor sequía de las últimas ocho décadas. El gobierno decretó emergencia por sequía y presupuestó más de ¢3.540 millones para atender la crisis, que casi una década más tarde persiste año tras año.

A pesar del panorama difícil, Briceño explica que es muy difícil cambiar de golpe la cultura de la ganadería convencional en la provincia. “Pero ya hay gente que ha ido dando el paso”, rescata.

Según datos del MAG, las fincas ganaderas que toman medidas de mitigación para los eventos extremos de sequía y de lluvia aumentan en un 18% su rentabilidad (capacidad de generar ganancias con sus recursos disponibles). 

Ganaderia Regenerativa
Algunos microorganismos empiezan a recuperarse dentro de los suelos de la finca de Javier gracias a los abonos orgánicos. Foto: César Arroyo

En la búsqueda de alternativas para sobrevivir, Javier y otras personas productoras le apuestan a la ganadería regenerativa, un método que imita las dinámicas de la naturaleza para recuperar los pastos y los microorganismos del suelo. Al mismo tiempo, el modelo promete rentabilidad y combatir el calentamiento global.

“Cuidado, venaditas pariendo”

Javier es biólogo y trabajó en ello toda su vida hasta hace 12 años, cuando tomó las riendas de ‘El Encanto’, la finca familiar. Esta tierra la compró su abuelo, el educador y exdiputado liberiano Aristides Baltodano (quien además escribió una de las canciones más queridas de nuestra música popular).

La propiedad está a hora y media del centro de Liberia, dirigiéndose hacia La Cruz. Un rótulo en el portón abierto advierte ‘Cuidado, venaditas pariendo’. El mismo mensaje se repite varias veces dentro de la propiedad.

“La idea es poner en alerta a los cazadores, un rótulo de no cace no los va a detener. En cambio con este rótulo al menos pueden poner atención de no matar las hembras que están embarazadas”, explica. 

Ganaderia Regenerativa
Dentro de El Encanto han logrado documentar con cámaras trampa la presencia de dantas, tolomucos, y manigordos. El 18% del territorio nacional está compuesto por bosques dentro de fincas ganaderas, según datos del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Foto: César Arroyo

El camino de lastre de la finca atraviesa un parche de bosque secundario que ahora les asegura el agua potable.  Este mismo sector fue un potrero que su familia hasta hace 30 años utilizó para ganadería extensiva. Más allá, vigilantes, descansan los volcanes Orosí y Cacao.

En los ruedos del Área de Conservación Guanacaste empiezan a aparecer los verdes y tupidos potreros de Javier.

Hace menos de un año tomó la decisión de implementar la ganadería regenerativa, un movimiento promovido por los mismos productores y técnicos a nivel mundial que busca tener suelos más biodiversos, mayor calidad del agua, animales sanos y, al mismo tiempo, un ecosistema más saludable.

Fernanda Pia, máster en liderazgo y sostenibilidad, es directora de Suelos Vivos, una iniciativa de la Universidad para la Cooperación Internacional que capacita a quienes buscan alternativas como la ganadería regenerativa. 

“Si no tenemos suelos fértiles y vivos, no vamos a tener plantas sanas y por lo tanto no vamos a poder tener animales sanos”, dice Pia. 

Dice Pia que ella se considera una abanderada de este modelo por varias razones. Una es la posibilidad de que las y los productores encuentren en el mismo entorno lo que necesitan para producir y así dependan cada vez menos de insumos externos, como los alimentos balanceados, desparasitantes, herbicidas y fertilizantes.

Nos hacemos dependientes de estos insumos porque si las plantas no pueden tomar los nutrientes del suelo ocupan cada vez más nutrientes que vengan de afuera”, añade.

Va más allá de apostarle a la tierra. Tiene que ver también con la rentabilidad. Los implementos son cada vez más caros y los eventos recientes como la guerra en Ucrania y la crisis de contenedores han disparado aún más los precios en todo el mundo.

La regeneración hasta el suelo

Javier devuelve el trozo de boñiga al suelo húmedo. Resiente que los escarabajos que antes encontraba en el estiércol desaparecieran por los desparasitantes que le aplicó a su ganado en el pasado. Pero está tratando de recuperarlos con cambios en la dieta de sus vacas y generando su propio abono para las pasturas.

Todo lo guarda en la galera de la finca: tiene un tanque lleno de fermento de roca fosfórica llamado biol con el que abona su pasto. También un fermento de semolina de arroz con miel y microorganismos de montaña que sacan de la capa húmica de los bosques, es decir, donde se concentran los hongos, levaduras y microorganismos que descomponen las hojas. 

Eso lo fermenta durante un mes y se lo da de comer a las vacas para enriquecer sus sistemas digestivos. Luego sus boñigas nutren más los pastos.

Esa no es la única forma en la que Javier planea mejorar sus potreros. La ganadería regenerativa también le ayudó a mover de manera más eficiente su ganado y aprovechar mejor el espacio donde pastorean las vacas, así evita otro error frecuente en la ganadería de Guanacaste: el sobrepastoreo.

Javier mueve las 80 vacas por 33 potreros cuando observa que ya empiezan a comer el pasto a profundidad y de forma homogénea. Foto: César Arroyo

La líder de Suelos Vivos, Fernanda Pia, explica que el sobrepastoreo ocurre cuando se permite al ganado permanecer por periodos largos de tiempo en un mismo lugar. 

Las vacas, entonces, comen solo del zacate más joven y tierno, y esto debilita sus raíces hasta que finalmente el pasto muere. Es decir, nunca alcanza su mayor potencial. 

Al mismo tiempo van a existir zonas con plantas más viejas que seguirán creciendo y poniéndose tan fibrosas que el ganado no las comerá. 

La otra forma de sobrepastoreo ocurre cuando los ganaderos mueven los animales de un aparto a otro antes de que el pasto alcance su madurez.

Una práctica que puede ser modificada para evitar el sobrepastoreo, es tener menos grupos animales y grupos con más animales. En lugar de tener pocos animales en un mismo lugar durante largos períodos, Pia explica que la ganadería regenerativa busca simular el antiguo comportamiento de los rebaños salvajes, como las grandes manadas de herbívoros que poblaban las sabanas africanas o las pasturas de Norteamérica, como los búfalos. 

Estos grupos pastaban juntos y se movían de un lugar a otro por el cambio de estaciones y para escapar de sus depredadores. Con cada migración dejaban heces y orina que nutrían y humedecían el suelo.

“Entonces durante todo ese tiempo hasta que ellos volvían a llegar, el pasto ya había crecido. Eso es lo que queremos hacer, pero ahora no pasa de forma natural”, explica Pia. Ahora, esa rotación debe dirigirla el ganadero o la ganadera.

Javier utiliza ese mismo principio en su finca. Mueve las 80 vacas por 33 potreros cuando observa que ya se han comido el pasto a profundidad y de forma homogénea. Este pastoreo con grandes hatos, o grupos de ganado, y los largos periodos de descanso del pasto han provocado que además crezcan plantas leguminosas que enriquecen su alimentación y que el mismo ganado se encargue de eliminar las ‘malas hierbas’.

“Metemos a todas las vacas juntas y eso les provoca voracidad. Empiezan a comer lo que normalmente no se comen. Eso nos sirvió montones para entrarle al problema del zacatón, la pitilla y la zarza”, explica Javier, refiriéndose a especies que de otro modo debería eliminar con chapia o herbicidas.

Mediante el pastoreo racional, Javier ha logrado que las vacas coman más de un tipo de pasto conocido como pitilla, que normalmente dejan de lado. Foto: César Arroyo

Aunque todavía no ha hecho pruebas para verificar qué cambios ha experimentado la finca, dice que logra ver mayor diversidad de plantas, uno de los objetivos de la ganadería regenerativa.

Javier ha sabido ser paciente para asimilar los cambios, pero sabe que cuidar más el ambiente no le traerá rentabilidad de manera automática.

Tomarle el pulso a las fincas

Dentro de la ganadería regenerativa existen varias herramientas para gestionar y tomar decisiones. Una de ellas es una metodología de administración llamada Manejo Holístico.

El ingeniero agrónomo, Marco Gómez, utiliza esta herramienta para asesorar en sistemas de producción regenerativos en ganadería y agricultura. 

La planificación se hace en varios niveles: en el pastoreo, en la tierra, en el monitoreo biológico y en las finanzas, explica Gómez. Esta última, la planificación de pastoreo, es muy necesaria para regiones con largas épocas secas como Guanacaste. Así los ganaderos pueden saber anticipadamente cuánta comida necesitan generar y si esa cantidad de alimento puede venir de sus propias fincas o si necesitan comprarla.

Hay más personas en Guanacaste que están aplicando el Manejo Holístico en sus fincas, como Enrique Castegnaro. Él tiene su pastura en la falda de otro volcán, el Miravalles. 

Castegnaro participó en un foro en noviembre del año pasado para compartir su experiencia en ganadería regenerativa con otros productores de carne de Latinoamérica. Allí explica cómo al aplicar la planificación y la observación en su ganado notó que tenía más pasto del que estaba aprovechando. Por eso pudo aumentar sus cabezas de ganado en pleno verano un 50% respecto al año anterior. 

Enrique es ingeniero civil y administra la finca de su familia desde hace 10 años. En su charla explica que él no es un experto, pero que en el 2020 inició su camino en la ganadería regenerativa, cuando se capacitó como educador asociado del Instituto Savory

Suelos Vivos, donde trabaja Fernanda Pia, es el Nodo de Savory en Costa Rica. El Instituto Savory promueve la formación e implementación del Manejo Holístico a nivel mundial a través de una red de nodos. Otro punto importante dentro de esta metodología es poder medir resultados.

Por eso tienen personas que trabajan como “verificadores”. Marco Gómez, además de ser asociado a Agro regenera, un grupo de productores y productoras que decidieron unirse para capacitar y compartir los resultados que han logrado con este modelo, es uno de los verificadores de Suelos Vivos. 

Ganaderia Regenerativa
Javier sembró botón de oro (Tithonia diversifolia) alrededor de sus porteros. La ganadería regenerativa busca diversidad de pastos, leguminosas y hierbas para crear una dieta mucho más balanceada para los animales. Foto: César Arroyo

El monitoreo biológico verifica los cambios en la salud de pastizal, también mide el carbono en suelo y la biodiversidad a corto plazo y largo plazo, explica Gómez y agrega que la generación de datos y evidencia es uno de los grandes retos de este modelo ganadero.

“Hasta hace relativamente poco tiempo hay herramientas que permiten medir esa regeneración dentro del paisaje.  La falta de consenso en los beneficios de la ganadería regenerativa podría recaer justamente en la poca generación de datos que se tienen a la fecha”, apunta.

¿Combatir el cambio climático con vacas?

Tanto Gómez como Pia confían en que la ganadería regenerativa es fundamental para alcanzar los objetivos del Plan Nacional de Descarbonización, un instrumento para convertir a Costa Rica en una economía moderna, verde y libre de emisiones. El objetivo a largo plazo es tener emisiones netas cero para el 2050.

Pero en el camino, el plan nacional busca ir generando poco a poco algunos cambios. Uno de ellos es que para el 2030 el 60% del área dedicada a la ganadería implemente tecnologías bajas en carbono.

El país ha avanzado en este rubro en las últimas décadas. Según el Inventario de Gases de Efecto Invernadero (GEI), las emisiones del sector agropecuario se redujeron en 20,9% entre 1990 y 2017.

En esa dirección, el Ministerio de Agricultura y Ganadería ha impulsado las Medidas de Mitigación Nacionalmente Apropiadas, más conocida como la NAMA Ganadería (por sus siglas en inglés). 

Estas medidas buscan disminuir las emisiones de GEI producto de la actividad ganadera, incrementar la resiliencia del sector ganadero y generar mayores ingresos para los productores.

Actualmente 1.800 fincas ganaderas de todo el país forman parte del programa de bajas emisiones NAMA Ganadería, 402 de ellas están dentro de la Región Chorotega. La región sumaría este año 50 fincas más, según el coordinador a nivel nacional del MAG, Jorge Segura.

Desde que iniciaron el programa en el 2019, el ministerio registra una disminución de 37.500 toneladas de co2eq (equivalente de dióxido de carbono) en la región.

Según Fernanda Pia, el rol de la ganadería en el cambio climático no es solo dejar de emitir, sino atrapar el carbono en el suelo.

Cuando el pasto crece, chupa carbono y este se incorpora al suelo.  Entonces, entre más lo dejas crecer, más puede hacer ese proceso. Lo que se busca es permitir que crezca a su potencial para activar esta bomba de carbono”, explica.

Y va más allá. “Al mismo tiempo  ayuda a revertir la desertificación. Y al no tener suelo desnudo, el agua penetra los suelos y la humedad se queda en el lugar. Esto va a evitar la erosión del suelo y va a mejorar los mantos acuíferos”.

Para ella, hay modelos de ganadería, como la ganadería regenerativa, que pueden jugar un gran papel clave en la conservación, al mantener vivo el territorio boscoso de Guanacaste, las nacientes de agua y, por ende, los corredores biológicos de muchos animales.

En el sector que Javier llama Los Manantiales, dentro de Finca El Encanto, han logrado ver con cámaras trampa pumas, tolomucos, venados y dantas, animales que perdieron buena parte de su hábitat cuando los bosques de la provincia fueron talados y convertidos en extensos campos despoblados para el ganado.

El MAG planea reconocer los esfuerzos que están haciendo ganaderos como Javier pagándoles por la captura de carbono en suelo. También les prometen un sello ambiental que les dará mayor aporte económico por su actividad.

En el cuarto que utiliza como oficina y al que Javier llama ‘el cerebro de la finca’, tiene estantes llenos de libros sobre biología, veterinaria y ganadería. Debajo de la foto familiar que cuelga de la pared para recordar por quienes hace todo ese esfuerzo, hay una pintura con una leyenda: “Todo está listo, el agua, el sol y el barro… pero si falta USTED no habrá milagro”.

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