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Publirreportaje: Cientos de casos de enfermedad renal crónica alarman a autoridades guanacastecas

Los últimos dos años de la pandemia por la COVID-19 han dejado más de 250 casos de enfermedad renal crónica (ERC) no tradicional en Guanacaste, siendo los cantones de Carrillo y Bagaces los protagonistas con la mayor cantidad de personas que han reportado este padecimiento en la provincia durante ese periodo.

“Este año inclusive Tilarán, que no venía presentando casos, reportó un caso de enfermedad renal crónica no tradicional”, alerta la directora del Área de Salud de La Cruz, Thais Mayorga, quien además es experta en el tema en la región Chorotega.

Mayora explica que el apellido “no tradicional” se acuñó debido a que puede presentarse en personas jóvenes de incluso 10 años de edad y además, no está asociado a padecimientos como diabetes o hipertensión arterial, que suelen ser factores de riesgo para el desarrollo de enfermedad renal crónica tradicional.

Aunque la ERC parece predominar en las zonas donde los trabajadores participan en el periodo de la zafra (corta de caña de azúcar), no hay cantón alguno de la región que se salve del reporte de nuevos casos. Las largas jornadas de trabajo exponen a los guanacastecos a horas bajo el sol, que se suman a la actividad física, deshidratación y la vestimenta que utilizan, convirtiéndose en un combo letal.

Como parte de los signos de deshidratación la directora del Área de Salud de La Cruz, Thais Mayorga, destaca la orina oscura, saliva espesa y mareos. Foto por: Luciano Capelli

Por esta razón, el Instituto Nacional de Seguros (INS), el Ministerio de Trabajo (MTSS) y el Consejo de Salud Ocupacional (CSO) realizan una campaña para prevenir el aumento de pacientes con este mortal padecimiento.

La ingeniera de Salud Ocupacional del Centro de Salud Referencial de INS en Liberia, Carolina Garita, coordina el programa preventivo para el estrés térmico por calor, problema que se ha asociado principalmente a los trabajadores de campo, de construcción, recolectores de basura, entre otros.

El programa consta de tres etapas. Primero, el diagnóstico, para el cual la ingeniera se desplaza a las empresas que se basan en actividades económicas donde el trabajador se ve ampliamente expuesto a la deshidratación. En esta primera etapa se evalúan, además, el cumplimiento de aspectos legales y el suministro de equipo de protección personal.

La segunda etapa consiste en la ejecución de un plan de acción, el cual incluye asesorías a las empresas en temas como el reglamento para la prevención y protección de las personas trabajadoras expuestas a estrés térmico por calor y capacitaciones médicas.

En este último punto se resaltan las acciones que previenen la enfermedad renal crónica, tanto desde la perspectiva del patrono como desde la perspectiva del trabajador. Para ello, se les brinda información principalmente sobre la importancia de tomar agua fresca al menos cada dos horas, realizar pausas durante el día en lugares con sombra, utilizar sombreros que cubran cara y cuello, así como ropa protectora y bloqueador solar.

Otra recomendación es revisar que la orina sea siempre clara,  ya que una orina muy amarillenta u oscura puede ser signo de deshidratación.

“Esta enfermedad al principio no genera síntomas, por lo que se recomienda la realización de exámenes de sangre en pacientes de estas zonas endémicas para evaluar el funcionamiento renal cuando comienzan el trabajo y luego al menos cada seis meses”, menciona la directora del Área de Salud de La Cruz.

Finalmente, la tercera etapa consiste en una evaluación de los resultados de esta campaña en las personas involucradas.

“Para nosotros, el principal actor es el trabajador, ya que es quien debe reportar al patrono cuando algo no anda bien. Necesitamos que sean estas personas quienes reciban claramente el mensaje porque lo que está en juego es su salud y el bienestar de su familia”, aclara la doctora D’Angela Esquivel, jefa del departamento de Promoción y Prevención del INS.

Esquivel explica que al ser esta una enfermedad progresiva, la preocupación cala no solo en el trabajador que paulatinamente perderá su capacidad de laborar en el campo, sino también en sus familiares, pues en ocasiones necesitan dejar de realizar actividades remuneradas para convertirse en cuidadores del paciente.

Para mayor información sobre el reglamento para prevenir y proteger a las personas trabajadoras de esta enfermedad puede visitar este enlace.

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