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Recuerdos desde Bolsón, el ombligo de la bajura guanacasteca

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Yo nací el 18 de julio de 1934. Tengo 84 años y soy bolsoneño legítimo: nací en el ombligo de la bajura guanacasteca.

Desde este sillón en la sala de mi casa, a unas 100 varas de la plaza de Bolsón, puedo decir que cuando construyeron la carretera Interamericana Norte fue como si nos hubieran borrado del mapa. Puedo decir que yo extraño el Bolsón de los años 40’s y 50’s, cuando éramos un pueblo “desarrollado”.

Cuando yo era un chiquillo, venían dos lanchas grandes cargadas de mercadería dos veces por semana; los martes y los viernes. Entraban al puerto sobre el río Las Palmas, que tiene salida al Tempisque, y que se ubicaba a un kilómetro y medio del centro del pueblo.

 

 

Bolsón fue base fundamental para el desarrollo agropecuario de parte de la provincia. De aquí salía y entraba casi todo para la zona de Santa Cruz centro, Santa Bárbara, Bernabela y algunos otros pueblos de la costa de Santa Cruz.

Eran filas de carretas las que esperaban por mercadería y las que también llegaban cargadas con arroz, maíz, frijoles y madera para ir a vender a Puntarenas.

Yo no viajé mucho a San José ni a Puntarenas, cuando lo hice fue para estudiar tres años en el Liceo José Martí. Una vez, eso sí, tuve la dicha de viajar en tren hasta la capital.

Los barcos duraban unas siete horas hasta tocar tierra porteña, siempre y cuando no hiciera mal tiempo, porque uno se mojaba, se le metía el agua a la lancha y el viaje se extendía.

Por Bolsón también entraba y salía una cantidad de ganado que ni se diga. Llegaron a existir tres embarcaderos y todos los miércoles se embarcaba “ganado gordo” que se iba, la mayoría, para Alajuela.  

Era tal la cantidad de reses que por Bolsón entró a la provincia una raza de ganado de Brasil que era muy resistente a las sequías del verano, a la escasez del pasto y a los parásitos. Entonces, todos los ganaderos buscaron adquirir alguno de esos sementales para mejorar la raza. Yo creo que eso fue lo que permitió que la ganadería agarrara mucha fuerza en la zona.

Álvaro Fonseca viene de una familia de ocho hermanos, fue criado en Puerto Bolsón y es padre de seis hijos.

Tiempos prósperos

Es mucha la historia que tiene Bolsón. Este pueblo tuvo mucho movimiento. Eran cantidades de comerciantes y de familias las que venían desde San José y Puntarenas a vacacionar, a andar a caballo y a bañarse en el Tempisque.

En este pueblo circulaba el dinero. En esos años llegamos a tener un telégrafo, que se ubicó donde está ahora la delegación de policía y funcionó de 6 a.m. a 10 p.m. por la alta demanda que tenía.

Tan próspero era Bolsón que hasta Otilio Ulate, que fue presidente entre 1949 y 1953, estuvo aquí bailando marimba. Vino para inaugurar la remodelación de la escuela, que con la ayuda del pueblo y del gobierno llegó a tener cuatro aulas.

También nos divertíamos. Existió una casona grandísima, que sirvió de almacén, y luego de cine y salón de baile. Ni se diga recordar las carreras de cintas, los turnos y los partidos de fútbol.

El cine funcionó entre 1954 y 1956. Mi hermano, Amado Fonseca, estuvo al frente de ese negocio y yo era el que de vez en cuando iba hasta el puerto o a la hacienda El Viejo para traer a caballo las películas que venían desde San José. En la hacienda, que queda como a unos seis kilómetros, aterrizaba un avión de LACSA todos los jueves.

Había películas los sábados, domingos y los mismos jueves en la noche.  Eran de las buenas, mexicanas, de Pedro Infante, Jorge Negrete y “Cantinflas”. La entrada valía cinco colones y al terminar la función, que siempre estaba llena, se apartaban las bancas, se ponía un tocadiscos y se armaba el baile.  

Yo no puedo decir que era un buen bailarín, pero a mi esposa le encantaba y cuando éramos novios por fuerza tenía que bailar y sacarla a pista. Con ella tuve seis hijos.

Pero vinieron los años 60’s y ya dejaron de llegar las lanchas y la gente. Se construyó la carretera Interamericana y se fue perdiendo todo ese movimiento. Todo empezó a manejarse por tierra. Era más rápido, más fácil. Fue como si hubieran quitado a Bolsón del mapa.

Entonces mucha gente tuvo que migrar a Puntarenas o a las bananeras para conseguir trabajo, y solo quedamos las familias que logramos tener una finca. Hoy lo que queda del ombligo de la bajura guanacasteca, donde yo nací, son estos recuerdos. Los míos, los que ya les conté a mis hijos.

Nota del editor: Esta nota fue escrita por la periodista Andrea Rodríguez Valverde utilizando como referencia el relato hablado por el personaje. El testimonio solo se vio modificado por un tema de estilo.

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