Regional, Medio Ambiente

Sequía, viento y humanos: la mezcla que alimenta el fuego en Guanacaste

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Todo Guanacaste es propenso a incendiarse. Desde el Área de Conservación Tempisque hasta los márgenes del Parque Nacional Santa Rosa, pasando por los pastizales de Liberia y Santa Cruz. En lo que va de 2026, el Cuerpo de Bomberos reporta un récord histórico de más de 140 incendios forestales en la provincia. 

Además de las sofocantes temperaturas y el riesgo de plantarse frente al fuego, los cuerpos de bomberos enfrentan algo más frustrante: mientras ellos combaten un incendio, hay alguien provocando otro.

No quieren ser más la noticia que les pinta como héroes nacionales que protegen a la naturaleza, sino que la gente deje de quemar los pastizales y bosques, dice la bombera forestal Laura Pérez Bertozzi en llamada con La Voz.

Guanacaste se quema porque hay muchos factores que contribuyen a esta “tormenta perfecta”, aunque el más peligroso es la actividad humana, agrega Pérez Bertozzi. 

Tradición, negligencia y vandalismo

La mayoría de los incendios forestales en Guanacaste no ocurren de forma natural. De acuerdo con datos del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), 98% de los incendios forestales ocurren por causas humanas. Las quemas agrícolas ilegales son una de las principales. En muchas comunidades de la provincia dedicadas a la siembra y la ganadería aún mantienen la tradición de quemar los terrenos para limpiarlos de maleza. 

Si no tienen los permisos y las medidas necesarias para hacer una quema controlada, como tener herramientas de seguridad a mano o hacer las rondas cortafuego, el fuego puede salirse de control y extenderse hacia bosques cercanos o fincas vecinas.

Es una práctica común que algunas personas incluso “aprovechen” los vientos de inicio de año (enero y febrero), que coinciden con la temporada seca, para hacer estas quemas, explica la ecóloga del fuego, Gabriela Jones Román. El viento actúa como un acelerador que convierte cualquier pequeña chispa en un gran incendio.

Cuando hace mucho viento a alguna gente le gusta quemar porque probablemente sienten que el viento va a agilizar la quema y que rapidito van a limpiar la propiedad con eso y no miden que si no están vigilantes, se propaga el fuego y se les escapa causando el daño”, explica Jones Román, también investigadora de la Universidad Estatal a Distancia (UNED). 

Las condiciones del terreno y las vías de acceso suelen ser otro problema para el combate de incendios, debido a que la topografía es sumamente compleja. Los cuerpos de bomberos forestales enfrentan cerros empinados llenos de vegetación y espinas, donde muchas veces deben abrirse paso a punta de machete durante horas solo para llegar a la línea de fuego.

El llegar al incendio puede ser complicado y no es tanto por la distancia, sino que el terreno es lo que te limita mucho. Entonces llegarle al fuego hasta con vehículo es difícil. Vamos allá y no, es otra montaña, es un valle más allá. A veces sí hay un gran empleo de tiempo y de energía solo para poder llegar al incendio”, explica la bombera forestal de Nosara, Laura Pérez Bertozzi.

Llegar a estos lugares llevando las herramientas y equipos pesados durante horas, exponerse a altas temperaturas, todo de manera voluntaria, es una labor titánica. Pero para la bombera lo más importante no es que la gente se ponga en sus zapatos o dimensione su trabajo, sino que evite a toda costa iniciar el fuego que ellas y ellos combaten. 

«Lo que importa para mí es que las personas comprendan por qué no hay que hacer incendios forestales. No es para decir ‘ay, pobrecitos los bomberos y las bomberas forestales, qué cansado’, ¿no? Al final de cuentas lo que importa es que la gente entienda que no podemos seguir así como estamos ahorita en Guanacaste: quemando el bosque y los suelos”, añade la bombera.

Algunos incendios, como los reportados en el Área de Conservación Guanacaste (ACG), son provocados deliberadamente por cazadores ilegales o por venganzas debido a decomisos de madera producto de la tala ilegal, asegura Gabriela Jones Román. Los fuegos que corren dentro del ACG cada año son muy difíciles de controlar, no solamente por las 104.000 hectáreas de tierra que abarca, sino por las condiciones del ecosistema del bosque seco

El ecosistema, el clima y el terreno

El bosque seco tropical que protege el ACG tiene una clave para sobrevivir durante la época seca, aunque paradójicamente es la misma que lo hace vulnerable frente al fuego. Los árboles son caducifolios, es decir, que pierden las hojas en la época seca como una medida de adaptación para sobrevivir en los meses de mayor estrés hídrico. Todas esas hojas al caer generan mucha disponibilidad de combustible en el suelo, y por lo tanto, cualquier llama corre con mucha facilidad en el bosque seco.

También influye en la velocidad de la propagación del fuego las diferentes especies de plantas que existen dentro del ecosistema. En un bosque joven hay especies caducifolias pero también pastizales. 

Además existen las gramíneas, que son la familia de plantas de la caña de azúcar, el arroz o el maíz, utilizadas en la agricultura de la región. El fuego se propaga muy rápidamente porque suelen ser aceitosas.

Aunque aún no hay pruebas concluyentes, es muy probable que otro factor que agrava los incendios en la provincia es la influencia del cambio climático en eventos meteorológicos como El Niño y La Niña, que cambian las condiciones de lluvia y sequía. 

«Parece que El Niño va a ser bastante fuerte en esta temporada, puede ser que no tengamos suficiente lluvia o tengamos temporadas de lluvia muy fuertes. Eso está haciendo que haya muchas ramas y árboles que mueren, que se acumulan, muchísimo combustible y luego vienen periodos de sequía muy fuertes y cuando viene un incendio forestal, como ya hay un acumulado y los árboles están debilitados el incendio tiende a ser más extremo”, detalla Gabriela.

Crisis avisada

Apagar incendios cuesta dinero: mantenimiento de vehículos, combustible, equipo y pago al personal, y los recursos estatales están lejos de ser suficientes. Según el informe del Estado de la Nación 2025, entre el 2020 y el 2025 el gobierno redujo el presupuesto del (Sinac) en un 40%. Y la cantidad de horas dedicadas a actividades de control y protección en las áreas de conservación cayeron en un 60% entre el 2018 y el 2024. 

Desde que el gobierno de Rodrigo Chaves anunció el recorte al Sinac, la institución advirtió que tendría consecuencias directas en la conservación

Esto ha derivado en que las áreas protegidas tengan que trabajar cada vez más con bomberos forestales voluntarios.

Los voluntarios tienen sus trabajos para poder sobrevivir. Yo los escucho en los chats y conozco a los voluntarios que dicen ‘yo puedo llegar a colaborar el sábado o el domingo’ y claro, mientras tanto el incendio avanza. Tienen funcionarios destacados para atender incendios, pero ante la oleada de incendios tendrán un número limitado de personas”, comenta Gabriela Jones Román.

Muchas veces estos cuerpos de bomberos forestales voluntarios trabajan con recursos propios muy limitados. Según Laura Pérez Bertozzi, las y los bomberos suelen poner sus vehículos y dinero para la alimentación. 

«La brigada ahí se sostiene, pero comunidades en otras circunstancias tal vez se les va a limitar mucho”, dice la bombera forestal nosareña Laura Pérez Bertozzi.

En otras ocasiones la falta de personal dentro de estas mismas brigadas voluntarias hace que no puedan atender las emergencias con la capacidad suficiente.

Muchas veces es también falta de gente. Somos muy pocos y entonces no damos abasto y cuando ya nos empieza a vencer el cansancio pues se siente muy feo, queremos pero ya no damos. Y tenemos que retirarnos sin anclar la ronda, entonces eso significa que el fuego puede pasar”, concluye Remo Britschgi, líder de la Brigada Forestal de Nosara. 

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