Medio Ambiente, Santa Cruz

Tempateños cultivan salud y comunidad en su huerta regenerativa

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Aprender sobre la regeneración de suelos es aprender sobre la generosidad de la red de la vida. Por años, hemos vivido en un sistema que trata a la tierra como deficiente: un cosa inerte que demanda productos sintéticos producidos por los humanos para poder funcionar —fertilizante para producir, pesticidas para protegerse de plagas. Bajo este modelo, hemos ido destruyendo la verdadera vocación de la tierra de dar sus regalos sin esperar mucho a cambio.

Hoy en día, la agroindustria está entre las actividades que más transgrede los límites planetarios, que determinan el espacio seguro para que el planeta pueda seguir existiendo en un estado de equilibrio. Entre ellos está, por ejemplo, el ciclo del carbono, que al desestabilizarse ha provocado el cambio climático del que tanto hemos escuchado. Sin embargo, existen otros parámetros que se encuentran en mucho peor estado, como los ciclos del nitrógeno y el fósforo, o la integridad de la biodiversidad.  

Costa Rica no ha sido la excepción. En nuestro país la agricultura industrial representa uno de los mayores retos ambientales y sanitarios, tanto por el excesivo uso de agroquímicos, como por la deforestación para la extensión de monocultivos. 

La ironía es que a medida que la agricultura degrada el ambiente, ese ambiente degradado dificulta la producción agrícola y por ende, pone en riesgo la seguridad alimentaria. Esto ha llevado a muchos a afirmar que requerimos más tierra y fertilizantes para producir más alimentos, iniciando de nuevo un círculo vicioso que pareciera no tener salida.

Sin embargo, una comunidad en Guanacaste ha demostrado en tan solo 6 meses que existe otra manera de hacer las cosas. A través de una huerta comunitaria, los vecinos y vecinas de Tempate han logrado cosechar una abundancia de alimentos sanos y libres de agroquímicos, mientras se regenera la salud del suelo. Hoy, la huerta de este pequeño pueblo santacruceño es una muestra de la magia que emerge del cuidado mutuo.

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La primera vez que visité la huerta de Tempate fue en enero. La estación seca ya había entrado de forma definitiva, pero el lugar era sin duda un terreno de posibilidad. La tierra había sido abonada con materia orgánica un par de meses atrás y la comunidad se preparaba para sembrar. 

La mayoría de personas que se presentaron a trabajar eran mujeres, a pesar de que muchas no tenían experiencia previa trabajando la tierra. Para guiarlas en la tarea estaba ahí Don Carmen Montes, con toda su sabiduría local y su amor por sembrar. Y también estaba el equipo de Costa Rica Regenerativa (CRR), una iniciativa de la Universidad para la Cooperación Internacional (UCI) que ha proporcionado conocimientos, guía y los insumos necesarios para la huerta. 

Aquel día don Carmen conversaba con Sio Guie, el director del proyecto de agricultura regenerativa para CRR, sobre lo que iban a sembrar en la huerta. Don Carmen sugirió sandías, imaginando desde ya el placer de saborearla: “¡Se imagina poder comerse una sandía aquí en este calor, así se refresca uno!”  

Meses antes, las familias de Tempate no imaginaban el placer de una sandía tan fácilmente. En medio de la pandemia y el resultante desempleo en una economía dependiente del turismo, la comunidad había empezado a requerir de donativos de alimentos para salir adelante. Pero estaba claro que esta solución sería poco sostenible. Fue entonces cuando Costa Rica Regenerativa decidió convertir la crisis en oportunidad, e invitó a los tempateños y tempateñas a conformar una huerta comunitaria. 

En medio de la pandemia y el resultante desempleo en una economía dependiente del turismo, la comunidad había empezado a requerir de donativos de alimentos para salir adelante. Pero estaba claro que esta solución sería poco sostenible. Fue entonces cuando Costa Rica Regenerativa decidió convertir la crisis en oportunidad y, con el apoyo de la organización CEPIA, invitó a los tempateños y tempateñas a conformar una huerta comunitaria.

El terreno que Roy Arias generosamente le cedió a los vecinos y vecinas para el proyecto era un potrero. Muchas personas en la comunidad no creían que fuera posible cultivar algo en esa tierra degradada.

Hace unas semanas, cosecharon una sandía de 12kg, en plena época seca. A esto se suman decenas de otros cultivos que aseguran una diversidad saludable para la comunidad. La huerta produce tanto que, después de repartir el producto fresco entre las 30 familias involucradas, llevan el excedente al mercado de Tamarindo. 

Todos sus productos son 100% orgánicos, cultivados en una colaboración multiespecie: la tierra, los microorganismos, el agua, el sol, la luna, los polinizadores, los humanos. Entre sí, forman una red de reciprocidad y cuido que rediseña la experiencia de todos los seres en ese pequeño terreno en Tempate.

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Una tierra regenerada es una tierra viva. Diminutos microorganismos, que no podemos más que imaginarlos, son los primeros actores necesarios. Para darles la bienvenida: un festín de materia orgánica, lo cual incorpora al suelo carbono, nitrógeno, fósforo, potasio y otro montón de nutrientes y minerales. Esto ayuda a que la tierra recupere su capacidad de fijar carbono y retener agua. De esta forma, se comienzan a restablecer los ciclos biológicos y químicos de la tierra. En estas condiciones, los microorganismos serán los encargados de convertir los nutrientes a estados amigables para las plantas, permitiéndole a las mismas aprovechar estos recursos. De ahí la importancia de restablecer la diversidad de microorganismos en el suelo. 

Luego, por encima de la tierra, la diversidad es igual de importante. La agricultura regenerativa utiliza métodos de asociación de cultivos, diseñando combinaciones de plantas que se cuidan y potencian entre sí. Como estas, existen muchas otras soluciones basadas en la naturaleza que ayudan a mejorar los nutrientes, incrementar el éxito de los cultivos, retener la humedad en el suelo, y sobretodo, disminuir o eliminar la necesidad de insumos externos.

La labor de la comunidad de Tempate en esta huerta no solo resulta en la producción de alimentos nutritivos a nivel local. La agricultura regenerativa trae consigo toda otra serie de beneficios: siembra de agua, disminución de la temperatura alrededor de los cultivos, captura de carbono en el suelo, aumento de biodiversidad arriba y abajo de la tierra, eliminación del uso de fertilizantes y pesticidas, resiliencia de los suelos a la variación climática. La lista sigue. 

La regeneración del planeta comienza por el suelo. Somos terrícolas, repite vehemente Félix Cañet, el director técnico de agricultura regenerativa para CRR y decano de la Facultad en Ciencias de la Salud (Una Salud) de la UCI, lo que hacemos y somos depende de la tierra sobre la que vivimos y trabajamos. 

La transformación de nuestros sistemas alimentarios es urgente para garantizar seguridad y soberanía alimentaria, así como para revertir los efectos del cambio climático y volver a un espacio seguro dentro de los límites planetarios. La perspectiva de Una Salud es: tierras sanas, alimentos sanos, vida sana, planeta sano. Pero quizás un beneficio que puede pasar por alto es la recuperación de una relación afectiva y espiritual con la tierra y las comunidades donde vivimos. No solo las plantas echan raíces.

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Dani es tempateño de cepa. Recuerda con cariño cuando de “cachorro”, cómo dice él, sus padres y familiares cultivaban entre todos esta misma tierra donde hoy está la huerta. No faltaba ni maíz ni frijoles nunca, dice. 

Pero poco a poco las tierras se fueron cediendo para la ganadería y semillas de afuera como el sorgo. Sentado en la huerta de Tempate, viendo hacia los cultivos, Dani estima que desde hace década y media  no se sembraba nada en este terreno y mira deslumbrado las decenas de variedades de cultivos locales que hoy crecen abundantemente. Se siente dichoso de poder traer a sus hijas a la misma tierra donde él vivió su infancia y poder enseñarles a sembrar sus propios alimentos.

“Estos compañeros e instituciones llegaron a hacernos un cambio en nuestro diario vivir y en nuestros platos que van a llegar. No vamos a tener que ir a un supermercado a comprar, ya lo cosechamos nuevamente en nuestra tierra, aquí en Tempate. (…) Nuestra sandía, nuestro melón, pepino, lechuga, pipián, tenemos yuca y otro tipo de plantas medicinales…”

Leticia también creció en Tempate, sus abuelos y padres también cultivaban. Ahora en la huerta, ella ha ido recuperando ese conocimiento que se disipó a través de las generaciones. Dice que viene a la huerta no solo a sembrar, sino también a una especie de terapia. “A mí me ha ayudado montones, porque a veces los problemas de la casa uno los deja allá y aquí se viene a distraer montones. Aquí he venido un poco a desestresarme”. 

Lorena, por su parte, vino a Tempate desde Cartago hace casi 20 años, aquí hizo familia y comunidad. En la huerta ha encontrado un espacio de socialización para su hijo con hiperactividad. Dice que trabajando en la huerta, su hijo encuentra calma, y ella también. 

Sentadas a la sombra, disfrutando juntas de un refrigerio, las mujeres de Tempate comparten vicisitudes y consejos, mientras también vacilan. La brisa, los pájaros y sus risas conforman una continuidad de texturas en un ecosistema que va reparando su tejido. 

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La apuesta de Costa Rica Regenerativa es holística. La regeneración de suelos responde directamente a los retos ambientales de nuestra época, pero va más allá de lo ambiental. Toda acción regenerativa pasa también por otros cinco pilares: social, cultural, político, económico y espiritual. 

El trabajo de las huertas regenerativas en Guanacaste es parte de un ecosistema más grande para transformar los sistemas alimentarios en la provincia. Don Félix lo resume como “regenerar la vocación agrícola” de la provincia, volver a la tierra. La visión contempla sistemas locales de producción y distribución que garanticen la resiliencia local, la seguridad y la soberanía alimentaria, el encadenamiento de productos y servicios alrededor de la agricultura regenerativa, la recuperación de la biodiversidad, la ganadería holística y una educación local conectada con su entorno biológico, geográfico y cultural.

Todo esto depende de un entretejido local. Quizás Ben Haggard, el fundador de Regenesis Group y líder global en desarrollo regenerativo, lo explica mejor: “Se trata de reconectar la capacidad inherente de las personas de vivir en profunda relación con un lugar”. 

A medida que se regeneran los suelos, es necesario también regenerar nuestro sentido de pertenencia y comunidad. Este es un elemento que suele estar ausente en la discusión sobre el cambio climático, pero que es central para la transformación de nuestro rol humano dentro de la red de la vida.

Poco a poco, la huerta de Tempate encarna un vivo ejemplo de esa profunda relación de la que habla Haggard. Los insectos han vuelto a llegar (más de 80 especies fueron registradas en un sondeo reciente), la luna tiene un lugar en el calendario de siembra, los microorganismos convierten el suelo en nutrientes accesibles para toda la cadena alimenticia, la tierra captura carbono y retiene agua, los vecinos se cuidan entre sí y cuidan de la tierra. Pero sobretodo, crece cada vez más entre los tempateños y tempateñas la convicción de que la tierra cuida también de ellos. 

Si hay una cosa en la que todos coinciden es en lo apropiado que fue el nombre que eligieron para su huerta: Tierra Mágica. Entre risas, Dani dice que hasta los expertos de Costa Rica Regenerativa se han sorprendido de las cosechas que se han logrado en la huerta. Él afirma que parte de la razón está en que la tierra está sintiendo el amor que le están poniendo, y está devolviendo ese cariño: 

“La naturaleza es sabia. Es sabia, en el sentido que nos está demostrando que terminemos de confiar en ella, y ver que nuestra tierra todo lo da: todo, todo, todo. Es algo tan, tan, tan sabio que está a los ojos de nosotros, y que tenemos que aprender a valorar. (…) Ella está sintiendo, y nos está demostrando el amor que nos tiene hacia nosotros.”

Al final de la tarde cuando se acaban las labores, la huerta de Tempate queda en calma. El viento pasa con su silbido entre los cultivos y los árboles extienden sus ramas con la brisa. El río cae a gotas sobre la tierra. Pronto vendrá la luna, pronto vendrá la cosecha. 

En medio de este atardecer vivo y ante la generosidad de la tierra, es posible ver más allá de un clima en crisis, de la pandemia y de la injusticia para imaginar una cosecha diferente. Quizás sea debajo del suelo que esté el portal hacia otro mundo posible.

Créditos:

  • Videos, fotografía y texto: Alessandra Baltodano – Wimblu
  • Sonido: Diego Ezpeleta
  • Producción y edición de historia: Alessandra Baltodano, Carolina Bello y Pablo Franceschi – Wimblu
  • Agradecimientos: Comunidad de Tempate y Costa Rica Regenerativa.

* Alessandra Baltodano es co-fundadora de Wimblu y coordinadora de comunicación de Costa Rica Regenerativa.

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