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Un busto para Orozco

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Como el arte de los bustos, Costa Rica también vive todavía congelada en el tiempo. Algunos pensarán que es un país sumamente conservador y retrógrado comparado a otros países cercanos y sobre todo a algunos lejanos. Otros pensarán que es por el tema de la infraestructura, al ver que duramos 20 años en desarrollar una simple carretera costera y un sinfín de temas más.      

Pero vivimos en el pasado porque nos rehusamos a movernos de la zona de confort, queremos la vida de lujos pero sin el sudor para obtenerlos. Tenemos a disposición toda la tecnología y los canales de comunicación, pero no queremos entender cómo funcionan y qué efecto podrían tener en nuestras vidas.

Este es un pueblo fértil para el establecimiento de carteles de droga y mafias organizadas de todo tipo, que a la luz del día operan en todos los rincones del país. Son lo jóvenes su fuerza laboral. La mayoría de ellos no terminan la secundaria y además tampoco quieren ejercer el voto porque saben que la corrupción no es un tema de los políticos, sino un arraigo cultural más profundo que nos carcome lentamente pero que sostiene con mentiras piadosas el estilo de vida ‘pura vida’ que nos gusta llevar.

Los medios de comunicación nos alimentan de imágenes y personajes para crear un terroso Cirque du Soleil, un circo lleno de entretenimientos que distraen al ciudadano común.      

Y es justamente este mecanismo lleno de imágenes y personajes temporales y rico en realismo mágico que ayudan a destacar temas “controversiales”, para todos los que están idos en la sintonía. Los políticos se convierten en el patito feo de la fiesta, ese ser extraño que nos representa. De vez en cuando aparece un hombre como Justo Orozco, diputado que preside la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa, un personaje que dice representar en sus comentarios el folclór costarricense. Es a él a quien enviamos como gladiador al Coliseo, lugar perfecto para limpiar sus culpas y hacer un gran espectáculo en el proceso. Una élite minoritaria lo levanta, son unos pocos miles, pero en redes sociales creen que son millones. Los medios, gustosos de basura contemporánea que les genera rating, hacen eco de sus palabras y empiezan a resonar estas ideas ‘retrógradas’ por todos sus canales, logrando lo que Orozco siempre ansió: que su imágen sea vista a diestra y siniestra y que su voz sea reconocida. Las fieras indignadas, lo atacan con ferocidad, insultos van y vienen; no importa si caen en el mismo juego que puso ahí al ‘monstruo’.  Hacen campañas que son esqueletos del mismo mal. Se recogen miles de firmas que salen en una foto, se hacen campañas que ganan premios pero que no resuleven nada. “Visibilizan”, algunos dirán, pero al final hay un claro ganador. Justo Orozco se llamó.      

Los que creen que esto no es cierto, son sólo los que piensan que la vida sucede en redes sociales, o en los canales de televisión o radio, pero se olvidan que la mayoría de la población apenas sabe leer y escribir, que todavía la gente va a misa todos los domingos y que esta gran mayoría no sabe el nombre de un solo diputado, o del síndico que los representa, tal vez ni el nombre de su alcalde, pero conocen el nombre del gladiador Orozco.       

Los medios de comunciacion y su súbdito, el pueblo, casi sin querer queriendo, le hicieron un favor levantando ante el pueblo, entre redes y a lo mejor en algún parque imaginario, un Busto para Orozco.  

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