Regional, Nicoya

Un grupo de pescadores del Golfo de Nicoya comienza a ver los frutos de su pelea contra actividad ilegal

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Rafael Umaña tiene 57 años de edad y 37 de pescar en el mar del Golfo de Nicoya. Es de Puerto Níspero, en Cañas, y como la mayoría de habitantes cercanos al golfo, que dependen de la pesca, comenzó a usar métodos ilegales cuando vio que ya no podía mantener a su familia con sus capturas regulares. (VEA recuadro “¿Qué es la pesca ilegal?”)

La fertilidad del mar comenzó a secarse. Los peces dejaron de llegar y las producciones descendieron hasta un 80% entre 1995 y el 2015 debido a la sobreexplotación del recurso, dice el pescador, basado en los datos de los recibidores de mariscos. Su comunidad se empobreció, los más jóvenes migraron y los más viejos “como yo” tuvieron que buscarse un segundo trabajo, cuenta.

“Había que hacer algo”. En vez de esperar a que las autoridades resolvieran su problema, en el 2011 Umaña y la Asociación de Pescadores de Puerto Níspero (35 pescadores hombres y 15 mujeres), se lanzaron al agua para salvar al Golfo y crearon un área de pesca responsable.

Sabían que otras comunidades del Golfo, como Costa de Pájaros en Chira, lo habían hecho antes, así que buscaron ayuda para replicar el modelo. Con la Universidad Nacional presentaron el plan de ordenamiento pesquero y en el 2012 la junta directiva del Incopesca (Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura) tomó el acuerdo de aprobar el área.

La Red del Golfo busca recuperar la bonanza natural del Golfo de Nicoya.

En el área, que está demarcada con unas boyas amarillas para alertar a otros pescadores, solo se puede pescar con cuerda, no se puede ingresar con trasmallos y es vigilada por los propios pescadores para avisar a las autoridades si otros tratan de invadir la zona con redes ilegales.

Desde entonces, enero ha sido uno de los meses más benditos: en vez de capturar entre 300 y 500 kilos, como suele ser el promedio mensual, los vecinos lograron atrapar hasta 14.000, cuenta el pescador con un alivio que le relaja las arrugas de la frente.

A Umaña le gusta pensar que sus esfuerzos (y otros como la veda pesquera en el Golfo) dieron frutos, porque nada en esta historia de seis años ha sido sencillo.

El círculo de la ilegalidad

La pesca ilegal no es ningún secreto. Incluso los pescadores más bienintencionados llegan a cometer algún acto que podría perjudicar al mar.

Le pasó así a “don Rafa”. Mientras él salía a pescar con su cuerda, tratando de “ser legal”, encontraba a otros en el mismo sitio pescando con grandes redes de trasmallo que no estaban permitidas y que arrastraban a toda la población marina que encontraran a su paso, dejándolo a él “sin nada”.

“Para poder llevarle el sustento a mi hogar tuve que involucrarme en las pescas ilegales y después vi que las pescas ilegales tampoco me estaban dando la subsistencia”, cuenta.

Las cifras más recientes del Incopesca (del 2009) señalan que el 95% de las herramientas que se utilizan para la captura en el Golfo están prohibidas por la ley. Al utilizar redes (conocidas como trasmallos) con orificios de menos de 3 pulgadas, arrastran peces pequeños y especies que ni siquiera se pueden vender, pero que son necesarias para la reproducción y la sostenibilidad del ecosistema marino.

En estas comunidades, en las que abundan el desempleo y la pobreza, es difícil escapar.  “Las comunidades se ven obligadas a usar equipo ilegal porque sienten que están en desventaja”, confirma también la jefa de incidencia política de la fundación Marviva, Viviana Gutiérrez.

En Puerto Níspero todavía conservan la ilusión. Con un grupo de comunidades organizadas llamadas Red del Golfo (12 asentamientos Guanacastecos más la Isla Chira) quieren ver a toda la parte interna del Golfo convertida en una zona de pesca responsable.

Los peces pesados

El panorama es complejo por la maraña administrativa y la falta de datos confiables que permitan tomar decisiones adecuadas. La responsabilidad la tienen el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), el Incopesca y el Ministerio de Seguridad Pública (Guardacostas). La burocracia, entonces, es el pez más pesado de todos.

Por ejemplo, mientras los guardacostas tienen que combatir narcotráfico entre los interminables manglares del Golfo, también deben impedir la pesca ilegal. Pocas veces logran atrapar a los responsables, pero encuentran trasmallos ilegales todos los días, cuenta el guardacostas Carlos Quirós, oriundo de Isla Chira.

El Incopesca, por su parte, alega escasez de recursos para investigar, para controlar y para implementar más áreas de pesca responsable, como la que plantearon los integrantes de la Red del Golfo.

“Uno también quisiera que fuera rápido (el proceso) pero también tiene que ver con la disponibilidad del recurso humano y del presupuesto y eso no permite desarrollar las acciones con la celeridad que se necesita”, dijo Marvin Mora, jefe de áreas de pesca responsable dentro del Incopesca.

Mora aseguró que la estación de Cipancí, en Puerto Níspero, donde operarán las tres instituciones, será un alivio para el Golfo y para los pescadores responsables. Aunque las instalaciones están listas desde hace un año, solo en Sinac está operando desde allí en este momento.

Mientras las instituciones se ponen de acuerdo, el sueño de Umaña y su comunidad es ver al Golfo recuperado en al menos un 50% para que la multiplicación de los peces no sea solo un milagro bíblico sino un resultado de un trabajo entre todos.

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