Comunidad

Un proyecto ayuda a personas que viven en las calles de Santa Cruz a dar el primer paso para dejarlas

Son las 12:30 p. m. de un miércoles en la conocida plaza de los mangos en Santa Cruz. Debajo de los árboles hay una mesa plástica con varios recipientes encima: frijoles, espaguetis, arroz y fresco.

Al lado, en una banca de metal hay una pila de ropa. En otra, unas diez personas sentadas aguardan por su almuerzo y por las prendas limpias para cambiar las que tienen puestas. Viven en las calles de Santa Cruz y, cada lunes, miércoles y viernes, un grupo de voluntarios del proyecto  Luz de Esperanza se encarga de darles almuerzo y ropa.

Además, los escuchan y hablan con ellos para motivarlos a salir de la calle. La mayoría de ellos viven en las calles porque sus problemas de alcoholismo y algunos también de drogas, según el levantamiento de datos que ha hecho la organización.  Sus razones: el desempleo, la pobreza y algunas veces también el desamor, dicen los organizadores. 

Santa Cruz es el cantón de Guanacaste que ocupa el tercer lugar con mayor prevalencia de consumo activo de alcohol. Un 26%, según la última encuesta de nacional de consumo de drogas del Instituto de Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA). El cantón solo está por debajo de Tilarán con 46% y Liberia con 33,8%.

La misma encuesta evidenció que Guanacaste es la provincia con mayor cantidad de nuevos consumidores de alcohol por año con 84 por cada 1.000 habitantes, seguido por San José con 60 y Cartago con 51.

Los encargados de la iniciativa dicen que en diciembre del 2018 registraron al menos 45 personas en condición de calle en el cantón.

“A ellos siempre se les ha dado la espalda, por su condición y por su aspecto. La gente es despectiva y es necesario hacerles sentir que alguien ve la necesidad de afecto y atención en ellos”, dice Keiry Venegas, la líder del proyecto Luz de Esperanza.

No es casualidad que tengan la idea de que con estas actividades pueden lograr que estas personas sientan que merecen una mejor vida, diferente a la que les ofrece las calles. David Chaves, el presidente de Un Corazón Samaritano, la asociación a cargo del proyecto, vivió cuatro años en las calles de San José en condición de indigencia, drogadicción y alcoholismo.

«Por iniciativas y actividades como estas logré recuperarme”, dice Chaves. “Es un proceso en el que uno empieza a apostarle más a tratar de salir de la calle, que a estar en la calle”, agrega.

Todos aquí acatan las instrucciones que les dan los voluntarios: se quedan sentados y esperar hasta que los llamen para que tomen una prenda y que luego pasen por la comida. Uno tras otro van diciendo gracias, gracias, gracias.

Los beneficiarios ya conocen a los voluntarios y viceversa. Con el tiempo han ido logrando un clima de confianza y con eso la oportunidad de ser ayudados para dejar de habitar la calle. Hasta el momento, según Chaves, han ayudado a que cuatro personas se reintegren a sus casas, a centros de rehabilitación e incluso al sistema educativo.

Estas son motivaciones que le ayudan a uno a ir saliendo poquito a poco ahí, con un bocadito uno agarra fuerzas, lo visten, lo apoyan”, dice Kattia Arias, una de las personas en condición de calle que lleva al menos cuatro meses asistiendo a los almuerzos, y relata que su consumo de alcohol ha disminuido y que espera pronto dejar la calle.

Manos solidarias

Hace siete meses el proyecto nació en el Parque Bernabela Ramos, pero empezaron a recibir quejas por reunirlos ahí y por eso decidieron trasladarse al parque de los mangos, donde hay menos concentración de personas.

Aquí la organización quiere reabrir los baños de la esquina, frente a la terminal de buses, para que las personas en condición de calle puedan tomar duchas, una idea que están negociando con la Municipalidad de Santa Cruz.

La asociación solicita contribuciones voluntarias de ropa, de alimentos y de dinero para comprar lo necesario. Como tienen otros proyectos en San José y en Nicoya, hay algunas personas que suelen donarles para la asociación en general. También han logrado ganarse la confianza de la gente por colaborar con iniciativas como el Banco de Alimentos en Huacas.

Por eso, usan el Facebook de la asociación para pedir constante ayuda con donaciones.

Además, Chaves tiene una distribuidora de ropa que es la que a veces proporciona las prendas. Keiry, la líder de Luz de Esperanza, se encarga de cocinar la comida de todos los días.

Más impulsos

En diciembre organizaron un evento masivo llamado Encuentro Gotas de Esperanza, en alianza con el gobierno local de Santa Cruz.

En él, lograron a reunir a instituciones como la Fuerza Pública, IAFA, Casa de Justicia (del Ministerio de Justicia y Paz) y la C.C.S.S para, además de compartir comida y alimento, darles servicio de barbería, peluquería y acompañamiento a las personas en condición de calle en los temas que les compete a cada una de esas entidades.

Para lograrlo, la asociación sostuvo reuniones e incluso dio capacitaciones sobre cómo trabajar con personas en condición de calle. Han dado charlas similares abiertas al público en el Centro Cívico por la Paz de Santa Cruz.

Como no suelen tener acceso a lugares para lavar su ropa, las personas en condición de calle queman sus prendas sucias. Foto: César Arroyo Castro

El proyecto también busca voluntarios que colaboren el día de la actividad o que donen productos de limpieza, ropa interior nueva, ropa en buen estado, zapatos y equipo de peluquería.

Según Chaves, es más sencillo cuando a la gente le piden donaciones para otras poblaciones como niños o adultos mayores, porque cuando se trata de las personas en condición de calle, la gente realmente no logra generar empatía y donar.

En el mes de abril se realizará el II Encuentro Gotas de Esperanza, al cual Chaves espera que se vuelvan a integrar las mismas instituciones. La fecha aún no está definida, pero si usted está interesado en colaborar con la iniciativa, ya sea con productos o como voluntario, puede contactar al proyecto al teléfono 8828-2111.

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