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Una nueva lucha para entender la independencia

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En el cuarto hay un parlante con reggaetón y un teléfono a todo volumen con cumbia que musicaliza las conversaciones dispersas. En la mesa larga y emplasticada, varias personas destripan jícaros a cucharadas. Para unos es más fácil que para otros, pero al final de esta semana deben tener 30 frutos secos, tallados y pintados en forma de faroles para cumplir con el primer contrato que han firmado como asociación. 

Estamos en el salón de la Asociación Nicoyana de Personas con Discapacidad (Asoniped), que busca que las personas como ellos se integren a la sociedad y logren, de una u otra forma, ser independientes. Este primer contrato lo hicieron con una institución del Estado (Senara) y esperan encontrar otros similares. 

Mientras tanto, sus mamás, tías y hermanas suelen ser las cuidadoras que están del otro lado, envolviendo tamales a toda máquina para venderlos y recaudar fondos para la asociación. 

Aquí vienen todos los días de lunes a viernes y no importa si están en clases de música, hidroterapia, o manualidades, hay algo que no cambia en el panorama:  un rostro femenino cuidándolos de cerca.

Katthy Madrigal (centro) de 37 años trabaja con su mamá vendiendo comida fuera del Ebais de Hojancha. Ellas junto con otras mujeres del grupo de apoyo buscan distintas maneras para financiar la asociación, como por ejemplo: la venta de tamales.
María Alejandra de 31 años vive con su tía María Elena, ella asegura que asistir a los talleres le ha enseñado a su sobrina sobre sus derechos y poco a poco ha perdido el miedo de salir de su casa.
German Rodríguez Mora (28 años) ayuda a algunas mamás a amarrar tamales. Los venden para costear los talleres que dan y seguir recibiendo personas con discapacidad, a quienes les dan alimentación y un lugar de esparcimiento.
Sinem le da clases de música una vez por semana a varios integrantes de Asoniped como Vìctor Oconor de 52 años (izquierda) y Jaime Fonseca de 25 años (derecha), en la casa de la cultura de Nicoya.

Según la Encuesta sobre la Discapacidad del 2018 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el 70% de las personas que brindan asistencia a esta población son mujeres. En Asoniped muchas carecen de recursos y otras pasan recorriendo largos trayectos para llevarlos a citas médicas o clases.

Esta tarea, que ya de por sí es difícil, se complica aún más, pues según la misma encuesta, el 90% de estas personas no recibe ningún pago por ello.

Las limitaciones no las detienen porque ellas dicen que han visto cómo los talleres les han devuelto la vitalidad a quienes asisten, les da un motivo para salir de sus casas y sentirse acompañados.

“Uno quisiera que los hijos estén integrados a la sociedad”, dice Haydee Molina, enfermera en el turno de noche en el Hospital La Anexión de Nicoya. Antes de acostarse a dormir, prepara el desayuno para su hija Yeritza Cyrus de 37 años y le ayuda a alistarse para ir a los talleres de Asoniped.
Jerson Castillo Aguilar, de 22 años, participa en una práctica de campo del curso de primeros auxilios que recibe en el INA. Jerson es parte del Asoniped, Sinem y Olimpiadas Especiales, todos los días después del curso del INA entrena natación durante tres horas.
Cuando Caleb, su sobrino de tres años, se despierta por la mañana busca a German para que le prepare su chupón. German vive con su hermana Tamara desde que falleció su papá hace siete años y ahora también con su sobrino.

Detrás del salón crece una pequeña milpa, pipianes y otros vegetales que ellos mismos han plantado. Adentro, en una bodega, hay decenas de artesanías hechas con material reciclado de talleres anteriores.

Alrededor de las mesas de trabajo, atravesadas en el corredor, están quienes luchan por vivir una vida más digna e independiente. Bien cerca suyo, hay mujeres fuertes observando, asegurándose de que puedan construir ese futuro.

“Ha sido duro porque es difícil ser la cabeza de tres personas y él no puede hacer las mismas cosas que yo y no puede preocuparse por las mismas cosas que yo me preocupo. Entonces es mucho más difícil porque es como tener dos hijos. A veces las cosas no salen bien y eso me frustra.”, dice Tamara Rodríguez de 25 años.

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