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Viajando en el tiempo- la Nosara de antaño

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En 1973 alquilamos un Chevy Nova en San José y no tuvimos ningún problema cuando nos detuvimos en Nicoya para llenar el tanque con gasolina y pedir direcciones para llegar a Nosara.

El hombre nos señaló el camino, pero nos dijo en Español- que apenas entendimos- que el Chevy no estaba a la altura de la tarea. Dado que no había disponible ningún otro vehículo,  y confiados en nuestras habilidades de conducción, salimos de viaje.  Pero nos encontramos con lo que había escapado de alguna manera a nuestra preparación para el viaje perfecto – un montón de ríos con corrientes y sin puentes. El descubrimiento no sólo fue inesperado sino que resultó en una batalla entre mi esposa Terry y yo, sobre la técnica de cruce de río.

Terry decía que teníamos que cruzar lentamente y con cuidado, y yo estaba seguro que debíamos atacar el camino a toda velocidad. De alguna manera, lo que estábamos haciendo, lo hicimos cerca de lo que después supimos era Playa Garza. Luego, bajo mi conducción, nos encontramos con el río más amplio y profundo del día. Con total confianza sumergí a la Nova en el agua y con la marea alta hasta nuestras cinturas, y los gritos de nuestro hijo de 5 años de edad «nos vamos a ahogar!» nos detuvimos en muerto en medio de la corriente. Oh oh.

No sabía nada sobre carros y los repetidos esfuerzos para que encendiera resultaron inútiles. Era tarde, la luz natural estaba yéndose  y estábamos apunto de abandonar el carro y acampar, cuando a lo lejos vimos venir un hombre en una motocicleta, llevando una gran bolsa con peces. Sin decir una palabra, entró en el río, abrió el capó, sacó un trapo, limpió todo lo que necesitaba ser secado y se dirigió a poner en marcha la Nova. Milagrosamente respondió. Creo que no nos dijo nada pero posiblemente haya mencionado un «vaya despacio, señor,» y se fue dejando a una familia muy feliz de estar en la ruta otra vez para atacarme por mis malas habilidades de cruce de río. Ahora todo lo que teníamos que hacer era encontrar las playas de Nosara y de alguna manera, en la oscuridad, subir una cuesta empinada hasta su cumbre y encontrar la casa de Bev y David Kitson que habíamos alquilado . ¿Por qué preocuparse?

Felizmente móvil otra vez y sin más incidentes, llegamos a playas de Nosara. ¿Ahora qué? Estaba oscuro, teníamos instrucciones que hasta la “maestra lectora de mapas” Terry no entendía, y otra vez las cosas se veían mal para nuestro equipo. Una vez más, un ángel se apareció en la persona de un joven de Minnesota, con el nombre de Jim Rondigen. Jim señaló el camino hasta la colina empinada de lo que ahora es la sección A, y en el pico, como había prometido, estaba la casa. Para orientar a aquellos familiarizados con el terreno, es el actual sitio de Casa Kitson, preciosa casa de Bev, contigua a la Lagarta Lodge. No recuerdo cómo llegamos o si había una luz, pero caí en la cama y dormí como una roca. En la mañana fui expuesto a lo que sin duda alguna es una de las vistas más hermosas de Costa Rica. Al norte de la siempre cambiante desembocadura de los ríos Montaña y Nosara,  las líneas de playa Ostional. Magnífico! Sin embargo una advertencia: cuando el sol llegaba por la tarde, no había lugar para esconderse. El calor era brutal.

Llevé mis muchachos de pesca y solamente atrapamos una vieja bota, mientras que una pareja de Ticos al lado nuestro tenía una fantástica pesca. Claramente, mi crianza en la ciudad de Nueva York no ayudaba a la tarea. Impertérrimos, exploramos el delta, trepamos a la casa, tomamos otro paseo por lo que ahora sabemos es la Boca del río y, totalmente improvisados para escalar montañas, nos caímos en el barro para dejar todo regado en la ducha sin techo donde Terry tenía un admirador secreto. Encontró sorprendida, encaramado en la pared, a un mono aullador que se quitó cortésmente cuando se le pidió.

Comimos todas nuestras comidas en el hotel, Jim Rondigen (que algunos años más tarde sufrió una tragedia cuando su madre, que visitaba de Minnesota, fue muerta por un carro en marcha atrás), llevó a los muchachos a hacer snorkel, caminamos las playas y básicamente nos relajamos hasta que terminó nuestra “demasiado breve” visita. En esos días nuestro tiempo libre se limitaba a las vacaciones escolares y cuatro de los nueve o diez días, nos la pasábamos viajando. Ya llegarían estadías más largas.

 

 

 

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