Regional, Nicoya

Viniendo a América desde China: La historia de una familia

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El viento levanta las láminas de zinc del techo, golpeándolas mientras hablamos. Escribo fervientemente en mi cuaderno mientras Xenia Waigui Chan relata la peculiar historia de sus padres: como un tico y una china quedaron atrapados en la historia y aterrizaron en Nicoya.

“Mi padre es un chino tico”, relató. “Mi abuelo vino originalmente a Centroamérica a hacer dinero, pero había mucho racismo contra los negros y los chinos en Panamá, a donde él llegó inicialmente, por lo que se mudó a Guanacaste y mi padre nació aquí en Costa Rica, en las Juntas, en el cantón de Abangares”.

“Después que mi abuelo estuvo aquí por alrededor de 10 o 15 años, hizo suficiente dinero, por lo que tomó a la familia y a mi padre, quien tenía 5 años en aquel momento, y regresó a China”.

Sin embargo, en China la situación pronto sería insostenible, mientras que el Ejército Imperial Japonés aplastaba a la oposición china después de lanzar una invasión a gran escala en 1937, ocupando todo el sur y este de Asia en cosa de meses, y sometiendo a la población del país a violaciones, saqueos y ejecuciones generalizadas, incluyendo la provincia de donde era la familia, Cantón.

“Fue un momento muy malo”, suspiró. “Al inicio, el objetivo de los japoneses era encontrar a todos los hombres en edad militar. Se los llevaban a todos y les cortaban la cabeza con espadas. Mi padre fue escogido para morir pero luego un oficial lo dejó irse porque pensó que no tenía la edad correcta”.

En 1948, a los 24 años de edad, Miguel Chan Achiu cruzó el océano Pacífico hacia Costa Rica para buscar una mejor vida, donde tuviera más oportunidades laborales. Después de varios meses de viajar alrededor del país, decidió establecerse en Nicoya.

En los años posteriores a la guerra chino-japonesa, la sociedad china experimentó cambios extremos que culminaron en una tumultuosa guerra civil entre el Emperador de China y el Partido Comunista de China, preparando el camino para que la madre de Xenia, Delia Cheng Yuong, también tomara la decisión de dejar sus raíces e irse a Costa Rica.

“Mi madre estaba encerrada en una granja comunal”, dijo Xenia. “Pero eventualmente escapó y se fue a Hong Kong donde trabajó como niñera e hizo algún dinero. Antes de conocer a mi padre, ella había escuchado sobre las personas que iban a [Centro] América, que allí había oportunidades para los chinos de hacer dinero y de vivir en un ambiente tropical, igual que el lugar en Cantón de donde viene mi familia”.

El padre de Xenia quería casarse, pero quería una esposa china, por lo que hizo los arreglos para traer a una desde China. Sin nada más que una promesa, una fotografía y una dirección, la madre de Xenia atravesó el océano Pacífico para encontrar su futuro al otro lado del mundo. Aunque habían 17 años de diferencia entre ellos, hicieron que su matrimonio funcionara, compraron una tienda en 1958 y se asentaron en Nicoya para formar su familia. Para Xenia, crecer siendo una minoría visible ha representado algunos retos únicos. Habiendo crecido sin aprender chino, Xenia piensa que es importante para los jóvenes chinos ticos aprender el idioma chino y su escritura como parte de su cultura e identidad. “Me siento como excluida en lugares en donde hablan más en chino que en español, pero tampoco tengo el tiempo y los recursos para aprenderlo. Algunas veces las personas bromean conmigo y me dicen que soy un “banano”, amarilla por fuera pero blanca por dentro. No es agradable y escucharlo es muy cruel”.

“Realmente, soy una mezcla”, explicó. “Algunas veces siento que he perdido parte de mi identidad porque no hablo, leo o escribo chino, pero no realmente como que he perdido mi identidad, sino más como que siempre estoy descubriendo quién soy y de donde vengo. Pienso que me identifico con ciertos valores chinos como mi ética laboral, el amor por mi familia y el respeto por las personas mayores. Prefiero la comida oriental. Me gustan muchas cosas de la cultura occidental porque es más abierta, más expresiva y brinda espacios para la expresión creativa al hablar y especialmente con el lenguaje corporal. El lenguaje corporal chino es muy rígido, como el de los alemanes, y yo aprecio como nosotros los ticos somos más relajados y vivimos el momento, pero esto puede ser impulsivo. Me gusta vivir en algún lugar en el medio, entre el occidente y los chinos.”

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