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¿Y qué pasa con quienes no se pueden quedar en casa?

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El tan viralizado hashtag #YoMeQuedoEnCasa es un privilegio que no todos en el país pueden compartir en sus redes. Hay un numeroso grupo de personas que no pueden darse ese lujo. Que tienen que salir todos los días porque de otra forma, no podrían pagar el alquiler, deudas o alimentar a sus familias. El trabajo informal en Costa Rica, es parte del día a día. Desde cuida carros en Cartago o vendedores ambulantes en San José, hasta artesanos en las playas cada vez más desérticas de Guanacaste. Según datos del INEC del 2019, ellos y ellas equivalen a un 46,5% de la población ocupada.

Todas estas personas, que dependen de las ventas que hacen en la calle, hoy respiran miedo e incertidumbre por lo que pueda traer la pandemia del virus Covid-19. Si les prohíben salir, dejan de percibir dinero. Tendrían que someterse a un encierro sin la seguridad de que haya alimento, o incluso implementos de higiene en sus hogares. Si salen, se están arriesgando, y si se quedan, también. “Y si tengo que cerrar, ¿quién me da de comer?”, dice Adela Villalta, vendedora de medias en Avenida 4 en San José.

Según el jefe de prensa del MTSS (Ministerio de Trabajo y Seguridad Social) Geovanny Díaz se está trabajando en ver cuáles son las posibles salidas o soluciones para estas personas.

En La Voz de Guanacaste y Delfinocr recopilamos los testimonios de trabajadores y trabajadoras informales de San José, Cartago y Guanacaste sobre lo que significaría para ellos y sus familias hacer una cuarentena.

Marvin Rodríguez tiene 58 años, es de Santa Cruz y vende tenis en el centro de Nicoya de lunes a domingo. De sus ingresos dependen sus tres hijos y una hermana. “Si yo no llevo la comedera nos morimos de hambre. Yo sé que le dicen a uno que no salga pero yo tengo que salir a ver qué me gano, arriesgándome también, usted sabe…”. Foto: César Arroyo Castro
Joaquín Bermúdez Castro, de 42 años, vive en Santa Cruz y vende pipas en Tamarindo. Dice que no percibe el 80% de sus ingresos. “Si me dicen que me quede en la casa no hay respuesta a eso, porque ¿de qué vamos a vivir? No vamos a tener qué comer, no tenemos otros ingresos ni una ayuda del gobierno o de ninguna institución, la verdad nosotros aquí tenemos un futuro incierto”. Foto: Mari Arango
Carlos Pérez o “Kolbi” como lo llaman, tiene 47 años. De lunes a sábado vende productos como estuches y chips para celular en el centro de Nicoya. “El gobierno dice muy fácil “quédense” y muchos se pueden quedar pero yo dependo de esto. Ya sólo que venga la policía a quitarme, pero la opción de quedarme en la casa no es opción”. Foto: César Arroyo Castro
José Ángel Mora vende lotería en el centro de Nicoya. Pocas horas antes de hablar con él, el gobierno había suspendido la realización de lotería y chances a partir del 24 de marzo, como una de las prevenciones frente al COVID-19. La medida impactaría a más de 1.900 vendedores como José. “Ellos (la Junta de Protección Social) lo que están previendo es que no tenemos a quien venderle el producto porque se cierran parques, se cierran hospitales, se cierran escuelas. Pero nada más, porque nunca han tomado en consideración si somos viejos, si somos jóvenes si nos exponemos o si comemos”. Foto: César Arroyo Castro
Enrique Solís López de Mariachis Nuevo Horizonte tiene 15 años de trabajar en playa Tamarindo. Dice no estar preparado ni monetaria ni psicológicamente para lo que está pasando. “No sabemos si los turistas van a querer venir de nuevo, si todo vuelva a ser como era antes, nos la estamos jugando antes que nos digan que ya no podemos salir”. Foto: Mari Arango
Albert Alvarado de 44 años renta sillas en playa Tamarindo y asegura que en 17 años nunca ha visto algo así. “No se sabe qué va a pasar si cierran la playa, yo estoy pagando las sillas mías, sinceramente no sé qué hacer, ya que la última semana de Marzo era buenísima y ahora no hay nada”. Foto: Mari Arango
Carlos Vásquez es un artesano que trabaja frente a la antigua Librería Lehmann. Tiene 57 años, una esposa con hipertensión y diabetes, y vive en San José centro. Dice que antes del Covid-19, ganaba entre ₡20.000 y ₡25.000 diarios, ahora no llega ni a ₡5.000. “Si yo pudiera estar en mi casa ahorita, yo me quedo en mi casa. Pero, ¿cómo llega el alimento? Este es mi modo de vivir, de esto vivo yo.”
Foto: Julián Zamora
Jonathan Masís Piedra tiene 40 años y vive en Tobosi de Cartago. Es conductor de Uber y generalmente transita por Cartago y San José. Normalmente hace ₡50.000 al día pero en medio de la pandemia apenas ha alcanzado los ₡12.000. “De mí depende mi esposa y mis dos hijos. Tengo deudas, pago carro y tengo que pagar el alquiler de la casa. No me queda más que salir a hacerle frente a la situación y esperar que esto mejore lo más pronto”. Foto: Alonso Martínez
Rolando Sanabria González tiene 48 años y vive en Fátima de Cartago. Es cuida carros al frente de la Municipalidad de Cartago. Un día bueno para él se traduce en ₡20.000, pero con la crisis que vive el país (y el mundo) apenas redondea los ₡7.000. “Yo tengo que llevar la comida a mi casa, pagar el agua y la luz. Vivo con mis papás y soy el sustento principal del hogar. Si esto empeora no sé que voy a hacer”. Foto: Alonso Martínez

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