Regional, Nosara

Editorial- La cirugía del Río Nosara

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El corazón de Nosara, aquel que le dio su nombre, esta pasando por una cirugía mayor. Tiene su arteria principal tapada y dicen que se mete donde no debería. Así fue cuando un visitante inesperado llamado Tomas, llegó al país allá en noviembre del 2010, provocando que el corazón de Nosara se desbordara.

Entre el 3 y el 8 de noviembre del 2010, la tormenta tropical Tomas afectó a 246 familias de Nosara, incluyendo Santa Marta y Santa Teresita. El río Nosara y sus quebradas adyacentes, inundaron a todo aquel que vivía a menos de 500 metros.

La comunidad ya estaba acostumbrada a ser inundada pero nunca como con Tomas. El puente El Silencio sobre el río Frío colapsó, impidiendo el tránsito por la ruta 160. La salida por Ostional estaba bloqueada por la crecida del río Montaña. El paso por Zaragoza, a través de las montañas, estaba intransitable. La gente compraba agua y alimentos no perecederos en los supermercados. Aquellos que podían atravesaban la inesperada laguna producida por el desbordamiento de la quebrada de la bomba de Nosara y se abastecían de gasolina. La única farmacia que había en ese momento no tenía leche para lactantes ni algunas medicinas. Las avionetas cancelaron sus vuelos porque el río se había metido a la pista de aterrizaje.  El corazón de Nosara no daba abasto; estaba sufriendo un paro cardíaco.

Fue entonces cuando los especialistas recetaron la medicina: un “bypass” o mejor dicho, un nuevo dique.

Pero el dique que había apenas duró lo que canta un gallo. Según dijo el cirujano mayor en ese entonces, Miguel Gallardo, presidente de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), el dique de ¢140 millones y construido en el 2007, no respetaba el cauce natural del río, por lo que fue destruido por el mismo.

Pero de lo dicho al hecho puede haber un largo trecho, y el nuevo dique no llegaba, hasta que apareció el infame Tomas.

La ex presidenta Laura Chinchilla firmó un decreto de Emergencia Nacional ese mismo noviembre del 2010, y le ordenó a la CNE que comenzaran los trabajos inmediatamente. El corazón de Nosara tendría su bypass.

Pero hay algo, un detalle importante que no se tomó en cuenta: no se hicieron estudios exhaustivos de cómo quedaría el río después de semejante intervención, porque con la declaratoria de emergencias a través de decretos presidenciales, no hace falta hacer estudios de impacto ambiental. Y el impacto sobre el río es fuerte, tal vez hasta permanente.

Los nuevos especialistas, aquellos que trabajan para el SENARA, se juntaron con otros especialistas, del Ministerio de Ambiente y Energia (MINAE), y con otros especialistas más del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), para evaluar los posibles daños ambientales y aprobar las obras. Dentro de las inspecciones, se realizaron caminata en las riveras del río con los respectivos funcionarios y se analizaron los estudios hidrológicos y geológicos de la CNE. Pero no hay que ser experto para darse cuenta de la deuda pendiente en materia ambiental. Con solo ver de lejos, o desde el aire, el cauce de las zonas intervenidas en estos últimos dos años, puede verse que el bypass es grande, enorme, y que dejó poco o casi nada de la naturaleza que existía en ese corazón.

Las consecuencias dejan un sabor agridulce: es reconfortante saber que si algún día llega de visita otro como Tomas, las vidas y casas de muchos nosareños estarán a salvo, pero es triste ver que, en gran parte, la belleza natural de ese hermoso río no está.

El daño está hecho, ya no hay vuelta atrás. El tiempo dirá que tan grave será la afectación del río, sus riberas, sus manglares y su fauna, pero creemos que la CNE puede tomar un paso adelante y empezar a destinar fondos para ayudar a la recuperación de ese corazón que no quiere dejar de latir, y que no queremos dejar de escuchar. 

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