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Oficial de Casa Presidencial cambia pistola por balones

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Son las 4 p. m. de un jueves de junio y en el Portal de Belén, en Nicoya, cae un aguacero que deja todo empapado. El profe da una orden: “Comuníquese con todos los chicos, los quiero en ocho minutos en la plaza”.               

“Sí señor”, contesta Iker Miranda casi en posición militar, mientras toma su bicicleta para llevarle la noticia al resto de los niños. En el tiempo señalado, un grupo de pequeños de pies descalzos y sonrisa gigante invade la cancha y comienzan a correr.

Así transcurren las tardes de una semana después de dos de trabajo, cuando el joven oficial de Casa Presidencial, Mauricio Miranda, cambia el uniforme de oficial por una pantaloneta, camiseta y tenis; y la pistola por un balón de fútbol para entrenar pequeños deportistas. Desde hace dos años, Miranda, 28 años de edad, cambia su semana libre por 32 sonrisas.

¿Por qué lo hace? Dice que lo llena la alegría de los niños, que él también fue niño de pocos recursos, como ellos, y que allí se siente en casa.

“Ellos aquí aprenden a socializar, hasta definen lo que quieren ser en el futuro”

Hay pocos policías de esta especie en Guanacaste, dice el jefe de Fuerza Pública del cantón, Luis Antonio Mendoza. Muchos invierten su tiempo laboral en programas preventivos de los centros de educación, pero no sus horas libres.

Donde el folclore y el fútbol se conjugan

Hace un mes, Miranda y su esposa Keilyn Caravaca conformaron también un grupo cultural para atraer a quien no le interesa el fútbol. La Agrupación Folclórica Nacume es un grupo de danza folclórica que integra a 15 parejas, con niños de entre 6 y 13 años que ensayan  todos los días a partir de la 1:30 p. m.

Caravaca asume la dirección del equipo y del grupo de danza cuando su esposo regresa a San José. El respeto se lo gana con su buen carácter y, cree ella, su  amor de madre. ”Estas actividades culturales les  permite a los niños  expresar sus sentimientos y emociones  y mejorar su autoestima”, dice.

Casi siempre los recursos económicos escasean. Los balones de fútbol los donaron amigos y ahora buscan patrocinio para comprar el uniforme. Los papás de los bailarines, mientras tanto, se hacen cargo del costo de los trajes típicos.

A las mamás y los papás les motiva ver cómo cambian y se desenvuelven los niños en grupo. Kemberly Montero, una de las madres, dice que su hijo mejoró sus notas desde que participa en deportes y baile y ya se propone metas él solito para terminar de estudiar la materia.

Varios de los padres coinciden que en que sus hijos  aumentaron su disciplina y el compromiso con que asumen sus tareas y deberes en la casa es mayor.

Llueva, tiemble o truene ellos estarán puntual en la cancha o en el salón de ensayos de baile, dice orgulloso Miranda.

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