Regional, COVID-19

Inundaciones en pandemia: el doble reto de comunidades y comités de emergencia

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En Barrio Estocolmo de Santa Cruz, Isabel Ortiz limpia con facilidad el piso de su casa la mañana del martes 13 de octubre. Una buena parte de los muebles los encaramó en unas estructuras de metal con plataformas de madera que pagó a construir hace tres años para subir todo lo de su casa, absolutamente todo, a una altura a la que el agua no llegue. 

Las lluvias de los últimos días alertaron al vecindario de que el río podría salirse de su lugar pronto. “Ya estaba previniendo”, dice Isabel mientras muestra las estructuras. Han corrido con la suerte de que aún no suceda, pero Isabel tiene la alarma encendida “como cuando uno va a parir, que hay que tener todo listo para salir corriendo”. Corriendo a subirlo todo, incluso la refrigeradora y las camas. 

Estocolmo es un barrio a poco más de un kilómetro del centro de Santa Cruz. Está rodeado por el Río Enmedio, que tiene un cauce amplio, de unos cinco o seis metros de ancho. A diario, Isabel y sus vecinos monitorean qué tan lleno está para calcular cuándo inundará las casas del barrio. 

Desde 1995, dice ella, es la constante de cada época lluviosa en esta comunidad santacruceña. “Hace 25 años vine yo y construí esta casa, ¿y sabe qué? No la estrené yo, me la estrenó el río. Antes de eso, dicen que nunca se había salido”.

Las lluvias de este año ponen en una encrucijada a las autoridades de atención de emergencia: deben albergar a las personas afectadas en medio de una pandemia que exige distanciamiento, cubrebocas, burbujas sociales, protocolos… 

Los comités municipales de emergencia de Guanacaste aseguran que tienen la ruta de atención trazada con albergues para personas sin covid y con covid previstos para afectados por las inundaciones, y que están en comunicación con los comités locales de emergencia. Algunas comunidades, sin embargo, sienten que correrán a ciegas cuando las lluvias los afecten. 

Isabel Ortiz muestra las estructuras de metal y madera que pagó a construir hace tres años para enfrentar las inundaciones de cada época lluviosa. El Río Enmedio, que atraviesa Barrio Estocolmo, se desborda y llega casi a su cintura, asegura. En esas estructuras sube todas sus pertenencias para tener la menor afectación posible. Foto: Noelia Esquivel Solano.

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El meteorólogo del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), Juan Diego Naranjo, explicó que octubre traerá un “escenario muy lluvioso”. “Primero, porque es época lluviosa, segundo, porque octubre es el mes más lluvioso de la época y tercero, porque el fenómeno de La Niña lo amplifica”.

El fenómeno de La Niña lo atravesamos desde finales de agosto, según registros del IMN. Quiere decir que desde ese entonces la temperatura del océano es menor al promedio, lo que causa más aguaceros. De hecho, la provincia registra un superávit de lluvias del 5% sobre su nivel histórico, según Naranjo, y estiman que a finales de noviembre y algunos días de diciembre aún esté lloviendo. 

La apertura de albergues es la constante de cada año para atender sobre todo comunidades de Santa Cruz, pero también de otros pueblos como Nosara de Nicoya, Cuajiniquil de La Cruz y Bebedero de Cañas. 

Este año, con la crisis sanitaria del COVID-19, los comités municipales de emergencia, coordinados por los gobiernos locales e integrados por instituciones como la Caja Costarricense del Seguro Social, Bomberos, Cruz Roja y el Ministerio de Salud deben velar no solo por cómo se comportan los ríos y los suelos con la acumulación de agua, sino también por los contagios de cada comunidad. 

“El ministerio sabe dónde está ubicada la gente que está en cuarentena”, dice el director de la Región Chorotega del Ministerio de Salud, Enrique Jiménez. “Y en caso de que haya que evacuar a alguien, ellos le van a decir a la Cruz Roja o qué sé yo, a Bomberos, que en tal comunidad hay que evacuar”. 

La coordinación interinstitucional es la repetida respuesta que dan las autoridades al consultarles por cómo trabajan en la atención de las emergencias. Eso, aseguran, garantiza a las poblaciones una atención integral, inmediata, ágil. 

Una ventaja de la región es que el rastro epidemiológico está en un 96%, según Jiménez. “No hemos llegado al punto de saturación de los servicios de investigación todavía”. Por eso, los comités municipales de emergencia sienten que podrían identificar y trasladar ágilmente a las personas con COVID-19 afectadas por desastres naturales a los albergues que habilitaron para esa población. 

Según el protocolo de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), cada comité municipal debe contemplar tres tipos de albergues: personas covid positivas, sospechosas de covid y sin covid. 

Bagaces tiene ideada la apertura de un albergue para personas sospechosas en el distrito de Mogote. Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los comités cantonales han planeado solo dos tipos, uno para personas sin covid y otro para personas con covid. Si hay personas sospechosas, buscan un espacio dentro de alguno de los albergues para aislarlas del resto.

Así, por ejemplo, lo confirmaron los coordinadores de los comités de Santa Cruz y de Carrillo. “Si hay sospecha, tenemos un espacio en el salón para que les pongan ahí mientras se coordina llevarlos al albergue covid”, dice el coordinador de Carrillo, Francisco Alemán. 

Según él, las personas con covid serían trasladadas a la escuela de Belén, aunque están en una búsqueda activa de otro lugar ante los reclamos de los vecinos. “Estamos valorando los campamentos de melones (refugios de las personas que van a cortar caña y melones). Tienen comedor, servicio sanitario y condiciones higiénicas”, detalla Alemán. 

En Santa Cruz, la Escuela María Leal albergaría tanto casos sospechosos como positivos, asegura el coordinador del Comité Municipal de Emergencias (CME) y asesor del alcalde municipal del cantón, Mauricio Zumbado. 

Los centros educativos funcionan muy bien como albergues por la posibilidad de ubicar a cada familia en su burbuja en las aulas, considera Alemán y el coordinador de Gestión Ambiental de la Municipalidad de Bagaces, Vernon Rodríguez. “Se prefiere el manejo en centros educativos de manera que se faciliten las medidas de distanciamiento, se promueve un espacio más íntimo y diferencial”, dice Rodríguez. Alemán, por su parte, cree que son preferibles porque tienen varios baños, lavamanos e incluso cocina. 

Los salones, en cambio, imposibilitan el cumplimiento del distanciamiento. “En los salones alojamos a las personas por burbuja social, que no se dispersen, pero es muy difícil tener las distancias de dos metros. Sería mentirle”, dice Alemán. Y con él coincide el director regional del Ministerio de Salud, Enrique Jiménez. 

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Cuando se le inunda la vivienda, Isabel Ortiz del Barrio Estocolmo se va con su hijo, su hija y su yerno a la casa de unos familiares. Dice que nunca ha ido a un albergue no porque los traten mal, sino porque en casas de familiares puede visitar constantemente su casa para verificar si está todo, “porque los ladrones se aprovechan, usted sabe”, dice. 

Su vecino, Adalberto Zúñiga, elige el mismo camino. “Uno está en esa zozobra de si se sale o no se sale. Y si se desborda, hay que subir las pertenencias e irse a casa de familiares o amigos hasta que pase la inundación”. 

La casa de Adalberto Zúñiga tiene decenas de juguetes de su nieto. Incluso en las madrugadas, Adalberto y su esposa vigilan el cauce del Río Enmedio en Barrio Estocolmo de Santa Cruz para saber cuándo deben empezar a subir sus pertenencias a lugares donde el agua no llegue. Foto: Noelia Esquivel Solano

En medio de la pandemia, ambos ven aún más lejana la posibilidad de irse a un albergue. No saben cuáles son los planes de apertura de albergues en el cantón, pero moverse a uno no es algo que valoran. 

Según el coordinador del comité de Carrillo, Francisco Alemán, lo mismo se repite en su cantón y asegura que los “casa albergues”, como los llama él, son una buena estrategia para no saturar los albergues. “Las personas no vienen por el temor a la pandemia, entonces hemos promovido que se alberguen donde familiares”, relata Alemán. Y cuenta que la semana anterior trasladaron a tres familias del sector de Río Cañas a otras casas de familiares. 

Alemán, eso sí, hace un repaso detallado de los centros que habilitarían para albergar personas. “En La Guinea tenemos el salón multiusos y el salón de capacitación y la escuela. En Corralillo, el salón multiuso y la escuela. En Filadelfia, el salón comunal, escuela y la iglesia de dios. En Belén, el salón comunal, la escuela que es el albergue covid, y el colegio. En Río Cañas, la escuela. En Santa Ana tenemos la escuela. En Palmira, el salón comunal y la escuela”, y continúa con su listado. Los coordinadores de Bagaces y Santa Cruz también manifiestan tener todo planificado. 

Sin embargo, el presidente de la Asociación de Desarrollo de Estocolmo y también fiscal del comité local de emergencias, Manuel Ugarte, reclama que desde el CME de Santa Cruz no hay comunicación ni coordinación con ellos, con las comunidades. El principal problema, desde su punto de vista, es que la alcaldía no ha juramentado el equipo, a pesar de que lo han solicitado en al menos una carta enviada desde junio.

“¿Qué más que un comité comunal de emergencias adherido al comité municipal que pueda ser un puente aliado para cuando hay que atender una emergencia?”, se cuestiona Ugarte. “Deberíamos ser el brazo derecho de la municipalidad”. 

El asesor del alcalde y coordinador del comité de Santa Cruz desde setiembre, Mauricio Zumbado, dice que el comité de Barrio Estocolmo no está ni conformado, ni juramentado y que desconoce la carta enviada. “No tenemos nada de eso en la alcaldía, se lo digo yo porque yo soy el asesor del alcalde. La mayoría de documentación llega por las vías que debe llegar y no la tengo en mi poder”, dice. 

También agrega que la inactividad de varios comités locales es uno de los inconvenientes que enfrentan. “No teníamos experiencia [coordinando el comité], pero en este momento nosotros nos encontramos con varios problemas: muchos de los comités locales de emergencia no están activos”, y agrega que están haciendo una reestructuración y un levantamiento de datos de los comités. 

Tanto él como el encargado de prensa del municipio, Francisco Mairena, reconocen que también es usual coordinar acciones con las asociaciones de desarrollo. “En su mayoría, se coordina con las asociaciones de desarrollo pero sino, hay un comité de distrito o comité local de emergencias que velan por la alimentación, colchonetas, cobijas”, dice Mairena.

“Sabemos que las asociaciones están un poquito más integradas, pero lo esencial es que exista un comité local de emergencias”, coincide Zumbado. 

El Río Enmedio rodea Barrio Estocolmo, ubicado a poco más de un kilómetro del centro de Santa Cruz. Cada año, el río se desborda e inunda las casas de los vecinos. Foto: Noelia Esquivel Solano.

La presidenta de la asociación de Río Cañas, Johanna Chaves, también es una de las que demanda la incomunicación entre actores comunales y cree que el cambio abrupto de integrantes del comité municipal perjudicó el trabajo integral que hacían para atender las emergencias. 

“En la pasada situación atmosférica que tuvimos sí nos vimos afectados por el río, hubieron [sic] casas inundadas, incluida la mía. Tuvimos que quedarnos en casa porque, aunque teníamos el agua dentro de la casa, fue imposible abrir un albergue porque no había una coordinación clara de si se podía o no se podía. Primero nos decían que sí, luego nos decían que no, que no era viable abrir un albergue en Río Cañas. Al final, se acabó la situación y tuvimos que resolver por nosotros porque la comisión no se hizo presente en ningún momento”, relata a La Voz de Guanacaste. 

“La percepción que nosotros tenemos como junta de desarrollo es que la gente que ahorita está ocupando los puestos dificulta una sana comunicación, una sana coordinación para cubrir las necesidades del pueblo”, agrega. 

Desde el CME, Zumbado insiste que, a pesar de que están empezando a coordinar con los no más de 10 comités conformados, no le preocupa la atención a la emergencia. “Para nada, no me preocupa, tengo un excelente equipo de trabajo”.

Como él, los coordinadores de otros comités municipales reiteran su confianza en sus planes, en sus estimaciones, en sus rutas de trabajo. Pero algunas comunidades sienten que desconocen las estrategias. “Aquí es sálvese quién pueda”, dice Isabel. 

 

Colaboró en el reporteo de esta información María Fernanda Cisneros.

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